Saltan todas las alarmas de la democracia: Vox pesca votos del PP y del PSOE

El partido ultra va perdiendo poder territorial en las autonomías mientras que el Gobierno de coalición PSOE-Sumar acusa el desgaste de gobernar de cara a las elecciones de Aragón

02 de Febrero de 2026
Actualizado el 03 de febrero
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Feijóo con Abascal en una imagen de archivo
Feijóo con Abascal en una imagen de archivo

El PP está perdiendo terreno en las regiones en las que gobierna. Ocurrió en Extremadura y va a ocurrir en Aragón. Y el resultado es que tendrá que volver a echarse en brazos de Vox. En las próximas elecciones aragonesas, el PP volvería a necesitar de los ultras para la investidura, ya que los populares, que en la actualidad tienen 28 escaños en un parlamento en el que la mayoría la marcan los 34, obtendrían entre 25 y 29 y el partido de Santiago Abascal sacaría entre 3 y 6 más de los 7 que tiene, pudiendo llegar a 13, según el CIS. Del PSOE mejor no hablar, va camino de convertirse en fuerza intrascendente en las comunidades autónomas. 

Tal como cabía esperar, Vox se está merendando al PP. Las razones principales del retroceso son claras. Vox conecta mejor con el malestar del campo aragonés. En un contexto de tractoradas, rechazo a acuerdos comerciales como Mercosur y malestar rural, el partido de Abascal ha logrado capitalizar el enfado del sector agrario, disputándole al PP un espacio tradicionalmente suyo. Estos conflictos han erosionado la imagen del gobierno autonómico y han permitido a Vox presentarse como la fuerza “coherente” dentro del bloque de derechas. En Aragón pesa la despoblación, servicios públicos, infraestructuras. En ese contexto, Vox ha sabido canalizar el enfado del campo y del interior, con un discurso muy directo contra Bruselas y “las élites urbanas globalistas”. En el fondo, es un choque campo-ciudad que gana de calle Vox. El PP, aunque gobierna, aparece más como gestor institucional que como voz del enfado.

Otro factor clave es la percepción de que el PP gobierna, pero no manda con autonomía y poder suficientes. El PP está en el gobierno autonómico, pero no tiene la mayoría absoluta. Depende de Vox para todo, para los presupuestos y leyes clave. Eso genera dos lecturas distintas. Entre los votantes moderados cunde la desazón al entender que a fin de cuentas es la ultraderecha quien manda. Entre los duros se instala la convicción de que el PP es el pasado y el futuro es el proyecto neofascista. En ese caos social, Vox capta votos no solo del PP, también de los descontentos con el PSOE.

Los socialistas caen con fuerza, pero el PP no absorbe todo ese voto de la indignación. Parte del sufragio del descontento se va a la abstención, a fuerzas pequeñas o se queda en la izquierda fragmentada. Mientras en el bloque de derechas el PP crece tímidamente, Vox se dispara. Crece más en porcentaje y en escaños. Eso hace que la distancia relativa PP-Vox se acorte, aunque el PP siga primero.

Pero hay algo más profundo que los números: se ha instalado la idea de que votar PP en Aragón es votar a las élites de Bruselas. Al contrario, votar Vox es la apuesta por el cambio. Un cambio engañoso y falso, pero el votante está picando en masa en ese canto de sirena demagógico populista. La relación entre PP y Vox  ha estado marcada por tensiones, desacuerdos y episodios polémicos, como el cese de un asesor de Vox por comentarios racistas. Y esa batalla también la empieza a ganar el partido de Abascal. En el cuerpo a cuerpo entre populares y voxistas, el odio auténtico destilado por la extrema derecha supera al que pueda generar Feijóo artificialmente, por razones electoralistas y por puro postureo.

La caída histórica del PSOE deja un gran espacio político que se está repartiendo sobre todo entre PP y Vox, pero Vox es quien más crece proporcionalmente, absorbiendo votantes descontentos con mayor intensidad. El PP no pierde porque retroceda, sino porque no avanza lo suficiente mientras Vox sí lo hace. El crecimiento del partido verde, sumado a la dependencia estructural del PP y a las tensiones internas del gobierno, explica por qué la distancia entre ambos se reduce. Jorge Azcón adelantó elecciones porque no conseguía aprobar presupuestos. La idea de ir a comicios era reforzarse, intentar acercarse a la mayoría absoluta, reducir la dependencia de Vox. Lo que muestran los sondeos es casi lo contrario: el PP mejora algo, pero no lo suficiente. Vox sale reforzado y mantiene la llave del gobierno. Eso transmite un mensaje muy potente: el PP no controla el tablero; Vox sí puede condicionar el rumbo. Y a una parte del electorado de derechas eso le gusta. Es un calco de lo que sucedió en Extremadura, donde Vox también duplicó escaños.

Vox está jugando un rol muy calculado, una trampa en la que cae el PP una y otra vez. Dentro del gobierno y contra el gobierno a la vez. Bloquea presupuestos, marca perfil propio en temas identitarios (inmigración, seguridad, memoria histórica), se presenta como el que “no traga con todo”. Y ese mensaje rupturista y antisistema cuaja muy bien en votantes que están en la órbita de la derecha, pero sienten que el PP es demasiado blando o ambiguo.

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