Durante años, Hazte Oír actuó como uno de los principales satélites ideológicos y judiciales de Vox, apoyando sus campañas y reforzando su discurso en temas como el aborto, la familia tradicional o la oposición a los derechos LGTBI. Sin embargo, la relación comenzó a deteriorarse tras varios conflictos internos en el entorno del partido.
Según diversas informaciones, la crisis se aceleró tras el escándalo de Revuelta (la organización juvenil vinculada a Vox) por presunta desviación de fondos destinados a víctimas de la dana, un caso que tensó las relaciones entre las distintas facciones de la ultraderecha.
El punto de inflexión llegó cuando Ignacio Arsuaga, presidente de Hazte Oír, pidió abiertamente el voto para Se Acabó La Fiesta (SALF), la formación liderada por Alvise Pérez, de cara a las elecciones de Aragón del 8 de febrero de 2026. Este gesto supuso una ruptura explícita con Vox, que hasta entonces había contado con el apoyo casi incondicional de la asociación. Arsuaga justificó el cambio acusando a Vox de haberse convertido en “el PP verde”, un mensaje que Hazte Oír difundió incluso mediante un camión publicitario que circuló por Aragón. A este respecto, la portavoz de Vox en el Congreso, Pepa Millán, señaló que “cada uno es muy libre y está en su legitimidad de pedir el voto para quien crea conveniente”, tras ser preguntada por los periodistas. “Las asociaciones son las asociaciones, los partidos políticos son partidos políticos”, añadió Millán.
Desde la dirección de Vox, la respuesta ha sido restar importancia al distanciamiento. Pese a este tono conciliador, el movimiento de Hazte Oír ha sido interpretado como un golpe simbólico, ya que la asociación fue clave en la consolidación del partido en sus primeros años. La ruptura no se ha limitado a declaraciones. Hazte Oír ha lanzado una campaña directa contra Vox en Aragón, con mensajes como: “¿Es Vox un PP verde?” El dardo es envenenado, ya que trata de hacer pasar al partido de Abascal como la nueva derechita cobrade. Estas consignas, difundidas en autobuses y redes sociales, marcan un enfrentamiento abierto dentro del espacio ultraconservador.
El pasado mes de octubre, Vox rechazó una reunión de Abascal con el líder de SALF, el eurodiputado Luis Alvise Pérez, quien ha pedido un encuentro entre ambos para explorar un “marco común” de acción política. Fuentes de Vox confirmaron que Abascal no ha recibido ninguna solicitud oficial de reunión y no valoraron el ofrecimiento publicado por Alvise en las redes sociales. En cualquier caso, apuntan que es muy difícil que esa reunión pueda celebrarse al no contar Se Acabó la Fiesta con “fuerza política real” en el Congreso de los Diputados. A eso se une la situación judicial del líder de SALF, tras pedir el Tribunal Supremo al Parlamento Europeo dos suplicatorios para poder investigar al eurodiputado. Alvise llegó a publicar: “Los votantes de diversos partidos, también del PP, Vox y SALF, ya se han unido en la calle; solo falta que sus líderes estén a la altura”, afirmó.
Vox vive un momento paradójico. A sus buenos resultados en las encuestas se unen las deserciones en todo el país y los escándalos de financiación (préstamos de un banco húngaro) tras los sucesivos informes del Tribunal de Cuentas. El distanciamiento entre Vox y Hazte Oír refleja una reconfiguración más amplia dentro de la derecha radical española. Hazte Oír, que en su día contribuyó a impulsar a Vox, ahora sitúa a SALF como su opción prioritaria en algunas regiones, relegando a Vox a un segundo plano en su guía de voto. Este cambio podría fragmentar aún más el voto ultraconservador, especialmente en territorios donde Vox compite por consolidarse. La ruptura no es un simple desencuentro puntual, sino el resultado de una acumulación de tensiones internas, diferencias estratégicas y luchas por la hegemonía dentro de la ultraderecha española. El apoyo explícito de Hazte Oír a nuevas formaciones como Se Acabó La Fiesta abre un escenario incierto para Vox, que pierde a uno de sus aliados más influyentes en un momento clave del ciclo electoral.
