Mar Espinar quiso hablar de Madrid sin perderse demasiado en el ruido que desde hace años domina la política madrileña. Y lo hizo desde una idea sencilla: la política debería servir para que la gente viva mejor.
La portavoz del Grupo Socialista en la Asamblea de Madrid aprovechó su intervención en Fórum Europa para dibujar las líneas de la alternativa que comparte con Óscar López y para contraponerlas a las políticas desarrolladas por Isabel Díaz Ayuso. Vivienda, sanidad y educación fueron los tres ejes de un discurso especialmente crítico con el Gobierno regional, pero que Espinar quiso construir alrededor de una palabra mucho menos habitual en el debate político: cuidar.
«Yo quiero que los madrileños estén bien, por eso estoy en política», resumió.
La vivienda como primera urgencia
La vivienda ocupó la parte central de su intervención. No resulta difícil entender por qué.
El precio de la vivienda libre en la Comunidad de Madrid prácticamente se ha duplicado en una década. Una serie construida con datos oficiales sitúa el aumento desde comienzos de 2016 en torno al 92 %. En el mercado del alquiler, los precios de oferta también se han disparado: en Madrid capital han pasado de alrededor de 12,2 euros por metro cuadrado a comienzos de 2016 a más de 23 euros en 2026.
Espinar utilizó una comparación eficaz: la vivienda, dijo, no puede tratarse como si fuera «un restaurante» al que solo accede quien puede pagarlo, porque constituye una necesidad básica.
Su propuesta pasa por aplicar en Madrid las posibilidades que ofrece la legislación estatal de vivienda, incluida la declaración de zonas tensionadas. Es precisamente ahí donde se encuentra una de las grandes diferencias políticas entre PSOE y PP.
El Gobierno de Ayuso ha rechazado aplicar ese mecanismo y ha defendido, en cambio, políticas dirigidas fundamentalmente a aumentar la oferta, agilizar suelo y desarrollar programas como el Plan Vive. El Ejecutivo regional presupuestó para 2026 unos 714 millones para políticas de vivienda y sostiene que el Plan Vive alcanzará las 14.000 viviendas.
Hay, por tanto, dos modelos claramente diferenciados: intervenir sobre precios y reforzar el parque público, como plantea Espinar, o concentrar la actuación en incrementar oferta, facilitar suelo y estimular la iniciativa privada, como defiende Ayuso.
También apareció inevitablemente el ático de Chamberí comprado por Planifica Madrid. Aquí conviene ajustar las palabras a los documentos: el inmueble costó 6,3 millones de euros, no más de siete millones. La operación ha provocado una fuerte controversia política y sigue sometida a escrutinio, mientras el Gobierno regional sostiene que ha facilitado ya la documentación necesaria.
Una sanidad con casi un millón de esperas registradas
Espinar fue especialmente incisiva al hablar de sanidad. Los últimos datos oficiales permiten sostener buena parte de su diagnóstico, aunque no todas las cifras utilizadas en el discurso.
Madrid gastó en 2024 1.779 euros por habitante en sanidad pública, una de las cifras más bajas entre las comunidades autónomas. El promedio regional más alto correspondió al País Vasco, con 2.332 euros. Además, Madrid dedica a sanidad el menor porcentaje de su PIB autonómico.
Las listas de espera constituyen igualmente un problema cuantificable. En agosto de 2026 había 698.522 pacientes esperando una primera consulta, 168.443 esperando pruebas diagnósticas y 120.168 registros en la lista quirúrgica. No puede hablarse rigurosamente de «más de un millón de personas», porque las listas pueden solaparse, pero el volumen acumulado se aproxima al millón de registros asistenciales.
A ello se suma el problema de retención de profesionales. En 2026, de 139 residentes de Medicina de Familia y Pediatría convocados para incorporarse a Atención Primaria, solo 49 aceptaron plaza, un 35,3 %.
Espinar relacionó esta situación con el peso de la gestión privada dentro del sistema sanitario madrileño y recordó el dinero destinado al grupo Quirón. Desde que Ayuso llegó a la Presidencia en 2019 hasta febrero de 2026, los acuerdos aprobados por el Gobierno regional relacionados con hospitales de Quirón superan los 7.000 millones de euros, según una recopilación de los propios acuerdos del Consejo de Gobierno.
El debate sobre colaboración público-privada adquirió una dimensión especialmente incómoda tras conocerse las grabaciones del Hospital de Torrejón, gestionado por Ribera Salud, en las que su entonces máximo responsable hablaba de limitar determinadas actividades y elevar las listas de espera para mejorar la rentabilidad. El caso acabó bajo investigación judicial.
Espinar no planteó eliminar cualquier colaboración con empresas privadas. Su posición fue más concreta: colaboración, sí, pero sometida a fiscalización pública.
Educación: las cifras que sostienen el malestar docente
El tercer pilar fue la educación. La intervención coincidió con un conflicto abierto entre el profesorado y el Gobierno regional. Los docentes reclaman mejoras salariales, reducción de ratios, menos burocracia, refuerzos de personal y mejoras en las infraestructuras y climatización de los centros.
También aquí algunos datos respaldan el diagnóstico de Espinar. El propio informe del Consejo Escolar de la Comunidad de Madrid sitúa en 11,7 alumnos por profesor la ratio media de los centros públicos madrileños en el curso 2023-2024, frente a 9,8 en el conjunto de la enseñanza pública española.
Madrid se encuentra además entre las comunidades con menor gasto educativo por alumno: un informe de CSIF sitúa la inversión en 6.508 euros por estudiante frente a una media estatal de 7.421.
La Formación Profesional refleja otro fenómeno que Espinar quiso destacar. Según un informe de CCOO publicado este verano, el 50,59 % del alumnado madrileño de FP estudia ya en centros privados, aunque las cifras varían según las enseñanzas incluidas y la metodología utilizada.
El Gobierno regional responde que la educación pública alcanzará en 2026 cifras récord de presupuesto y profesorado y ha anunciado la incorporación de otros 685 maestros para el curso 2026-2027.
Un discurso menos sobre Ayuso y más sobre qué Madrid construir
Pese a la dureza de algunas frases, el elemento más interesante de la intervención de Espinar estuvo posiblemente al final. Cuando le pidieron imaginar Madrid dentro de diez años, no habló de Ayuso. Habló de vivienda, sanidad y educación; de poder emanciparse sin abandonar el barrio; de universidades públicas suficientemente financiadas; de colegios dignos; y de una región en la que el código postal no determine las oportunidades ni la esperanza de vida.
Ahí aparece con mayor claridad la propuesta política que quiso trasladar. Más que sustituir un nombre por otro en la Puerta del Sol, Espinar pretende presentar la próxima disputa autonómica como una elección entre dos concepciones distintas de Madrid: una que confía fundamentalmente en el mercado y en la colaboración privada para prestar servicios y otra que quiere recuperar para la Administración un papel mucho más activo en vivienda, sanidad y educación.
Esa será, probablemente, una de las discusiones centrales de la próxima etapa política madrileña.
Y Espinar parece haber decidido que quiere darla hablando menos de abstracciones y más de aquello que cualquier ciudadano reconoce al salir de casa: cuánto cuesta el alquiler, cuánto tarda una cita médica y qué escuela encuentra al otro lado de la calle.
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