Estalla Nuevas Generaciones del PP: los cachorros populares contagiados por la ideología ultra de Vox

El secretario de la organización, Carlos Angrisano Girauta, dimite pidiendo el voto para Abascal mientras suenan todas las alarmas en Génova 13

09 de Marzo de 2026
Actualizado a las 12:20h
Guardar
Carlo Angrisano Girauta. Foto: Partido Popular
Carlo Angrisano Girauta. Foto: Partido Popular

La dimisión del secretario general de Nuevas Generaciones (NNGG) del PP, Carlo Angrisano Girauta, sobrino de Juan Carlos Girauta, ex de Ciudadanos y eurodiputado de Vox, confirma lo que se temía: la ultraderecha infecta cada rincón de Génova 13. Angrisano aseguró que el Partido Popular “ha dejado de defender los valores” de la derecha y de España y por ello pidió el voto para Vox. Así lo explicó en la red social X.

¿Es el caso de Angrisano un episodio excepcional o el síntoma de algo más profundo como un proceso general de voxización del PP a través de sus nuevas generaciones, es decir, a través de sus jóvenes cachorros? Feijóo teme lo segundo. Desde Nuevas Generaciones del PP se trató de restar importancia al asunto, ya que la cúpula aseguró que Carlo Angrisano Girauta no ha ejercido su cargo con responsabilidad, ni ha participado en los últimos años en actos en distintos puntos de España en los que se ha volcado la organización. Es decir, trató de desacreditar al dimitido, seguramente con el beneplácito y visto bueno de Feijóo.

“En estos años no ha recorrido España junto a nosotros, ni ha participado en las juntas, escuelas o congresos que hemos organizado”, aseguran fuentes de NNGG. La dimisión del exlíder de la organización juvenil abre, sin duda, una grieta que el Partido Popular llevaba tiempo intentando ocultar: la creciente influencia de Vox en sus bases juveniles. El episodio no es un hecho aislado ni una anécdota interna, sino un síntoma de un fenómeno más profundo que afecta al espacio político de la derecha española. La renuncia de Angrisano, motivada por la polémica generada tras conocerse sus mensajes y simpatías hacia posiciones propias de la extrema derecha, ha puesto en evidencia que la frontera ideológica entre el PP y Vox es cada vez más difusa entre los militantes más jóvenes.

El caso estalló cuando salieron a la luz mensajes, fotografías y posicionamientos que situaban a Angrisano en un terreno político difícilmente compatible con la línea oficial del PP. Aunque la dirección regional intentó inicialmente restar importancia al asunto, la presión mediática y el malestar interno hicieron inevitable su dimisión. El episodio ha dejado al descubierto un problema que los dirigentes populares conocen desde hace años: una parte significativa de sus juventudes se siente más identificada con el discurso de Vox que con el del propio PP.

Este fenómeno tiene varias explicaciones. La primera es generacional. Vox ha logrado construir un relato emocional, directo y simplificado que conecta con jóvenes que consumen política a través de redes sociales, donde la confrontación y los mensajes contundentes tienen más impacto que los matices. El PP, en cambio, arrastra una imagen institucional, moderada y tecnocrática que no siempre resulta atractiva para quienes buscan identidades políticas fuertes. En ese terreno, Vox ha sabido ocupar un espacio que el PP dejó desatendido durante años.

La segunda explicación es ideológica. El giro del PP hacia posiciones más duras en temas como la memoria democrática, la inmigración o la política territorial ha acercado su discurso al de Vox. Aunque la dirección nacional insiste en marcar distancias, la realidad es que muchos jóvenes militantes perciben ambos proyectos como compatibles o incluso complementarios. La dimisión de Angrisano ha puesto de manifiesto que, en algunos casos, esa proximidad se convierte en mimetismo.

La tercera explicación es organizativa. Nuevas Generaciones, tradicionalmente una cantera de cuadros políticos moderados, ha perdido peso interno y capacidad de formación ideológica. En ausencia de un proyecto claro, muchos jóvenes buscan referentes fuera del partido, y Vox ha sabido ocupar ese vacío con una narrativa que apela a la identidad nacional, la confrontación cultural y la idea de una derecha “sin complejos”. El resultado es que parte de la militancia juvenil del PP se ha ido deslizando hacia posiciones que el partido oficialmente rechaza, pero que tolera de facto.

La dimisión de Angrisano ha obligado al PP a reaccionar. La dirección madrileña ha intentado transmitir la idea de que se trata de un caso aislado, pero las reacciones internas indican lo contrario. Varios dirigentes territoriales han reconocido en privado que el problema es más amplio y que existen núcleos de militancia juvenil donde el discurso de Vox es dominante. La situación es especialmente delicada en Madrid, donde la competencia entre PP y Vox es más intensa y donde la presidenta regional, Isabel Díaz Ayuso, ha adoptado en ocasiones un tono que facilita la permeabilidad entre ambas formaciones.

El episodio también tiene implicaciones nacionales. Alberto Núñez Feijóo ha intentado construir un perfil moderado y europeísta, pero la realidad interna del partido le obliga a convivir con sectores que se sienten más próximos a la derecha radical. La dimisión de Angrisano pone en evidencia esa tensión: mientras la dirección nacional intenta proyectar una imagen de centralidad, parte de su base juvenil se mueve en coordenadas ideológicas muy distintas. Esta contradicción dificulta la estrategia del PP para presentarse como alternativa de gobierno y complica su relación con Vox, un partido que aspira a absorber a los sectores más radicalizados del electorado conservador.

La cuestión de fondo es si el PP está dispuesto a afrontar este problema o si seguirá mirando hacia otro lado. La experiencia reciente indica que la dirección popular ha preferido evitar conflictos internos y confiar en que el tiempo diluya las tensiones. Sin embargo, la dimisión de Angrisano demuestra que la estrategia del silencio ya no es sostenible. La presencia de discursos extremistas en las juventudes del partido no solo afecta a su imagen pública, sino que condiciona su futuro: los jóvenes de hoy serán los dirigentes de mañana.

Lo + leído