A Feijóo no lo entienden ni sus propios votantes

El líder del Partido Popular naufraga en un mar de contradicciones ideológicas y estratégicas sin saber marcar posición frente a la guerra de Irán

06 de Marzo de 2026
Actualizado a las 10:01h
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Feijóo con el canciller alemán Merz
Feijóo con el canciller alemán Merz

La posición del Partido Popular ante la guerra en Irán ha derivado en una sucesión de mensajes contradictorios que han desconcertado incluso a parte de su propio electorado. Alberto Núñez Feijóo ha encadenado declaraciones que, puestas en conjunto, dibujan una estrategia difícil de interpretar: pide “contención” y “negociación”, acusa al Gobierno de “mentir” con su rechazo a la guerra, critica el envío de una fragata a Chipre y, al mismo tiempo, exige “respeto” a Donald Trump, el presidente que ha desencadenado la ofensiva militar. El gallego ha sido capaz de hacer y decir una cosa y lo contraria en el mismo párrafo. En el colmo de la incongruencia, ha llegado a exigir el respeto a los derechos humanos mientras las bombas de USA e Israel caían sobre Teherán y mataban a decenas de inocentes cada día. El resultado es un discurso que parece avanzar en direcciones opuestas y que ha alimentado la sensación de que el PP no ha encontrado un marco coherente para situarse ante un conflicto internacional de enorme complejidad. Nada de lo que hace y dice lo entiende su electorado.

La primera contradicción aparece en el propio punto de partida. Feijóo reclamó públicamente “contención, evitar la escalada y volver a la negociación” en Oriente Próximo, extendiendo esa petición incluso al presidente estadounidense Donald Trump. Sin embargo, apenas unos minutos después, acusó a Pedro Sánchez de “avalar” la dictadura iraní y de “mentir” con su rechazo a la guerra, sugiriendo que el Gobierno español estaba actuando de forma hipócrita al enviar una fragata para proteger a Chipre. La paradoja es evidente: quien pide moderación y diplomacia acusa al Ejecutivo de incoherencia por adoptar medidas defensivas precisamente orientadas a evitar una escalada. En esa misma línea argumental, ha sugerido que Sánchez es cómplice de la dictadura iraní. No es cierto, se puede estar en contra de una guerra ilegal e injusta, la de Trump, y al mismo tiempo condenar las barrabasadas de los ayatolás, sobre todo con las mujeres. Forzar la idea de que el presidente del Gobierno es Jameneí sin chilaba es una afirmación infantil que el votante no termina de comprender.

La segunda contradicción se produjo cuando Feijóo respondió al “No a la guerra” del Gobierno con un mensaje contundente: “Como siempre, Sánchez miente”. Según el líder del PP, el presidente del Gobierno engaña a la ciudadanía al rechazar la guerra mientras envía medios militares a la zona. Pero esta crítica choca con la posición inicial del propio Feijóo, que había pedido contención y negociación. Si el PP considera que España debe evitar implicarse en el conflicto, ¿por qué critica al Gobierno por adoptar medidas de protección que no suponen participación ofensiva alguna? Aún no sabemos si el PP quiere guerra o no, si apuesta por la vía diplomática o por la intervención. Y lo que sucede ahí está claro: la derecha española es belicista, siempre lo ha sido, pero enarbolar la bandera del “Sí a la guerra” sería demasiado fuerte, sobre todo teniendo en cuenta que 2 de cada 3 españoles está en contra del delirio violento de Trump en Irán.

La tercera contradicción se agrava cuando Feijóo acusa a Sánchez de engañar a la OTAN, a la Unión Europea y a los españoles, insistiendo en que el envío de la fragata es incompatible con un mensaje pacifista. Sin embargo, la fragata enviada por España forma parte de una misión defensiva y de protección marítima, no de una operación de combate. La OTAN y la UE han respaldado este tipo de despliegues como medidas de prevención, no como participación activa en la ofensiva estadounidense. El PP, al denunciarlo como un acto belicista, se sitúa en una posición difícil de sostener frente a los propios aliados europeos. Hasta la en otro tiempo ultra presidenta italiana, Giorgia Meloni, al alinearse con el Gobierno español, ha sabido fijar la posición a adoptar con más talento político que el responsable del PP.

La cuarta contradicción aparece cuando Feijóo reacciona a las palabras de Trump, quien anunció la ruptura de relaciones con España por la posición adoptada por Sánchez. En lugar de respaldar al Gobierno español ante un ataque diplomático sin precedentes, Feijóo pidió “respeto” a Trump y, acto seguido, volvió a cargar contra Sánchez: “Si Irán le da las gracias y Estados Unidos le considera un terrible aliado, falla usted”. El mensaje es desconcertante: el líder de la oposición exige respeto para España, pero no respalda al Gobierno español cuando es atacado por un socio extranjero. La defensa de la posición nacional queda subordinada a la crítica interna. Y lo que es aún peor: queda como un patriota de hojalata y pandereta, como un sumiso al imperio yanqui y como un lamebotas de Trump.

La quinta contradicción es estratégica. Feijóo intenta presentarse como un dirigente moderado, defensor del multilateralismo y la diplomacia, pero simultáneamente adopta un discurso alineado con la retórica más dura de Trump, incluso cuando esta choca con los intereses europeos. El PP se mueve así entre dos polos: el europeísmo institucional y el seguidismo hacia Washington. El resultado es un mensaje que no termina de encajar en ninguno de los dos espacios. Feijóo tiene desconcertado a su propio electorado. Y todo para no perder terreno respecto a Vox.

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