Las diferentes referencias de los dirigentes del PP a la Guerra Civil y al golpe de Estado, tras el estallido de la guerra en Irán, han reactivado la polémica sobre el tipo de lenguaje ultra que utilizan los populares últimamente. Gente como Feijóo, Isabel Díaz Ayuso y Miguel Tellado han acusado a Pedro Sánchez de dividir a los españoles con el “No a la guerra”. Es decir, removiendo lo peor de nuestro pasado.
Es Ayuso quien más lejos ha llegado al asegurar que desde la izquierda “alimentan cada día” la Guerra Civil. Pero Feijóo tampoco ha renunciado a recurrir a ese lenguaje guerracivilista, como cuando definió el golpe de Estado de Franco y la posterior contienda como una simple pelea entre “nuestros abuelos”, una frase que provocó un amplio rechazo en el ámbito académico y político. Según recogieron varios medios, el líder del PP afirmó: “Hace 80 años nuestros abuelos se pelearon y no tiene sentido vivir de los réditos de lo que hicieron nuestros abuelos”. La frase, pronunciada en un acto público, pretendía criticar la Ley de Memoria Democrática, pero terminó abriendo un debate sobre el uso político del pasado y sobre la responsabilidad de los líderes en la preservación de la memoria histórica.
Las reacciones no tardaron en llegar. El historiador Julián Casanova, catedrático de Historia Contemporánea, respondió recordando que la Guerra Civil no fue una riña familiar, sino un conflicto provocado por un golpe militar contra un gobierno legítimo. Casanova retuiteó un mensaje suyo anterior para subrayar que reducir la Guerra Civil a una pelea entre abuelos es una forma de despolitizar un acontecimiento que tuvo causas estructurales profundas y consecuencias devastadoras. Su intervención reflejó el malestar de buena parte de la comunidad académica ante lo que consideraron una banalización del pasado.
No era la primera vez que Feijóo se situaba en el centro de una controversia similar. Años antes, había corregido a Pablo Casado, quien negó que el golpe de Franco fuese en realidad un golpe de Estado. Feijóo matizó y dijo que lo importante era aprender de los errores del pasado. Ese contraste entre sus declaraciones de entonces y las actuales ha alimentado la percepción de que el líder del PP ha modificado su discurso en función del clima político y de las necesidades de oposición, adoptando un tono más ambiguo o revisionista.
El uso del lenguaje guerracivilista no se limita a las referencias históricas. Analistas señalan que Feijóo ha recurrido en ocasiones a expresiones que evocan un país dividido en bandos irreconciliables, especialmente cuando critica al Gobierno o a sus socios parlamentarios. Aunque no utiliza términos explícitos de confrontación, su insistencia en que España vive una fractura profunda, o en que el Ejecutivo “enfrenta a unos españoles contra otros”, encaja en una retórica que remite indirectamente a la lógica de bloques propia de los años treinta.
Este tipo de lenguaje tiene efectos políticos claros. Por un lado, moviliza a sectores del electorado conservador que perciben la política actual como una batalla cultural. Por otro, dificulta la construcción de consensos en torno a cuestiones sensibles como la memoria democrática, la convivencia territorial o la reforma institucional. La retórica que minimiza el golpe de Estado o diluye las responsabilidades históricas contribuye a erosionar el marco común sobre el que se sustenta la democracia española.
El debate sobre el lenguaje de Feijóo, Ayuso y otros prebostes del PP también refleja una tensión más amplia dentro del partido: la disputa entre un discurso moderado, que reconoce la legitimidad del marco constitucional y de la memoria democrática, y otro más alineado con posiciones revisionistas que buscan neutralizar el significado político del pasado. Las declaraciones del líder popular parecen oscilar entre ambos polos, generando confusión sobre la posición real del partido.
En un contexto de polarización creciente, el uso de referencias históricas imprecisas o simplificadas no es un detalle menor. La memoria de la Guerra Civil sigue siendo un elemento sensible en la sociedad española, y su instrumentalización política puede reabrir heridas que nunca se cerraron del todo. Por eso, el lenguaje de los líderes políticos importa: porque contribuye a construir un relato compartido o, por el contrario, a fragmentarlo.
El PSOE de Madrid ha pedido en diversas ocasiones que el PP “deje de insultar, que deje de alimentar la violencia”, así como que acabe con “ese lenguaje guerracivilista”, y apunta al secretario general de los populares, Miguel Tellado. De hecho, fuentes de Ferraz aseguran que el propósito de los socialistas madrileños es que la Comunidad de Madrid “deje de ser el epicentro de la confrontación, el ruido y el insulto” y pase a ser el “paradigma de la política de la verdad”.
