Ayuso mezcla obras terminadas y promesas futuras en su balance de gestión de Madrid

La presidenta reivindica casi 17.300 millones para grandes reformas y un programa electoral cumplido o en ejecución al 97 %. Su propio discurso distingue viviendas entregadas, centros pendientes y compromisos que se extienden hasta 2031

10 de Septiembre de 2026
Actualizado a las 18:46h
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Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid en el Debate del Estado de la Región
Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid en el Debate del Estado de la Región

El balance presentado por Isabel Díaz Ayuso en el Debate del Estado de la Región contiene una diferencia que la acumulación de cifras puede desdibujar: una vivienda entregada, un centro sanitario anunciado y un compromiso presupuestario para 2031 no son resultados equivalentes. La presidenta madrileña los incorpora a un relato de éxito que combina actuaciones terminadas, proyectos en construcción y promesas cuyo cumplimiento todavía debe comprobarse.

La cuestión no consiste en negar las obras realizadas ni en considerar ficticio cualquier proyecto pendiente. Consiste en exigir que el Gobierno distinga con claridad qué ha terminado, cuánto ha gastado y qué servicios están ya disponibles para la ciudadanía. El propio discurso ofrece ejemplos suficientes para separar esas categorías.

Ayuso reivindica una gestión prácticamente culminada cuando sitúa en el 97 % las medidas de su programa «cumplidas o en ejecución». Pero esa fórmula agrupa dos situaciones distintas. Una actuación iniciada puede tardar años en completarse, sufrir modificaciones o quedar por debajo de sus objetivos. Incorporarla al mismo porcentaje que una medida terminada mejora el balance político sin demostrar un grado equivalente de cumplimiento.

Los 17.300 millones de Ayuso no equivalen a dinero ya invertido

Al final de su intervención, Ayuso afirmó que esta es "la legislatura más inversora de la historia de la Comunidad de Madrid". Inmediatamente después explicó que durante estos tres años se habían diseñado grandes reformas que «van a contar con una inversión de casi 17.300 millones de euros».

El tiempo verbal importa. La presidenta no dijo que esos 17.300 millones estuvieran íntegramente gastados. Habló de reformas diseñadas y de financiación con la que contarán. Presentar esa cifra como inversión ya ejecutada convertiría una previsión en un resultado.

La afirmación sobre una legislatura récord necesitaría, además, una comparación homogénea: el mismo periodo, un criterio presupuestario común y una distinción entre cantidades previstas y ejecutadas. El volumen de una cartera de proyectos no basta para establecer cuánto se ha invertido efectivamente durante un mandato.

Una infraestructura puede ser necesaria y su financiación ambiciosa. Pero mientras no esté terminada y operativa, el beneficio prometido continúa pendiente. Esa diferencia debería encabezar cualquier rendición de cuentas.

Plan Vive: las viviendas entregadas y las que todavía faltan

La vivienda muestra con claridad cómo funciona esa presentación. Ayuso citó las 14.000 viviendas del Plan Vive y, a continuación, precisó que casi 6.500 estaban entregadas y más de 5.300, en construcción. El propio desglose impide interpretar las 14.000 como hogares ya disponibles.

Las entregas representan un resultado concreto y deben reconocerse. Las obras en marcha constituyen un avance que todavía necesita completarse. El objetivo global pertenece a una tercera categoría. Reunirlas bajo una cifra principal puede ser útil para describir el tamaño del programa, pero no para medir cuántas familias tienen ya las llaves.

La presidenta anunció también 3.000 nuevas viviendas de alquiler asequible y sostuvo que se estaban asentando las bases para desarrollar 280.000 durante los próximos quince años. Ese horizonte supera ampliamente la legislatura que estaba evaluando.

Para quienes buscan vivienda, la información decisiva es más concreta: cuándo podrán acceder, dónde estarán los inmuebles, qué requisitos deberán cumplir y cuánto supondrá el alquiler sobre sus ingresos. La previsión de viviendas futuras no responde por sí sola a esas preguntas ni acredita que el problema de acceso esté resuelto.

Sanidad: siete centros abiertos de los 34 comprometidos

En Atención Primaria, Ayuso ofreció un dato especialmente útil para evaluar su balance: de los 34 nuevos centros comprometidos, siete estaban abiertos, nueve debían abrir antes de terminar el año y el resto quedaban para 2027.

Según su propio recuento, alrededor de una quinta parte de los centros comprometidos estaba disponible en el momento del discurso. Esto no demuestra por sí solo un incumplimiento de plazos, porque habría que examinar el calendario de cada actuación. Sí demuestra que no se puede presentar el conjunto como una mejora asistencial ya materializada.

Con la Ciudad de la Salud sucede algo semejante. La presidenta explicó que determinadas obras habían comenzado y que las del nuevo Hospital General y el Maternoinfantil arrancarían en 2027. Hay actuaciones en marcha, pero también una parte sustancial del proyecto pendiente.

Afirmar que Madrid tiene «la mejor sanidad de España» no resuelve esas diferencias. La calidad de un sistema requiere examinar atención, accesibilidad y resultados. Un superlativo político no sustituye esa evaluación, del mismo modo que un edificio anunciado no permite atender hoy a un paciente.

Universidades y residencias: el calendario también forma parte del balance

Ayuso incorporó a su intervención el acuerdo con las universidades públicas por 14.800 millones hasta 2031. La fecha forma parte esencial del dato: se trata de un compromiso plurianual, no de una cantidad desembolsada durante los tres años que estaba repasando.

La programación a largo plazo puede aportar estabilidad. Precisamente por eso debe explicarse con sus anualidades, condiciones y ejecución, sin convertir su importe acumulado en una medida del gasto presente.

El Plan 40/40, con 40 residencias y 40 centros de día, exige la misma cautela. La primera apertura está prevista para el verano de 2028. El programa proyecta nuevas plazas, pero no describe una red de ochenta equipamientos ya disponibles. 

El 97 % necesita un desglose de lo terminado y lo pendiente

La debilidad del balance aparece cuando toda esa diversidad se concentra en un porcentaje de medidas «cumplidas o en ejecución». Sin separar ambas categorías, el ciudadano no puede saber cuánto está terminado y cuánto continúa pendiente.

Una rendición de cuentas exigente identificaría cada compromiso, su presupuesto, su calendario y su resultado. También permitiría comparar lo anunciado en debates anteriores con lo que finalmente se ha puesto en funcionamiento.

Madrid tiene actuaciones ejecutadas que pueden evaluarse y proyectos futuros que pueden discutirse. Ayuso los reúne para sostener un relato de éxito casi completo. A quienes esperan una vivienda, una plaza residencial o un centro de salud les corresponde exigir una contabilidad más precisa: la que distingue entre anunciar un servicio y poder utilizarlo.

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