La reciente votación en el Congreso que bloqueó la revalorización de las pensiones conforme al IPC ha desatado una ola de indignación entre los pensionistas en toda España. El voto en contra del Partido Popular (PP) no se percibe como un mero gesto parlamentario, sino como una quiebra del pacto social que durante décadas ha garantizado estabilidad económica a millones de jubilados.
Para la mayoría de los pensionistas, la subida de las pensiones no es una concesión política, sino un mecanismo básico de protección del poder adquisitivo. En un contexto de inflación persistente, con el aumento del precio de los alimentos, la energía y los servicios básicos, la negativa a actualizar las pensiones se interpreta como una condena al empobrecimiento progresivo de los mayores.
Las asociaciones de pensionistas han reaccionado con contundencia. En concentraciones y comunicados públicos subrayan que votar contra la revalorización de las pensiones equivale a trasladar el coste de la guerra y la polarización política a quienes ya no tienen margen para compensar la pérdida de ingresos. Medicamentos, calefacción y alimentación aparecen como ejemplos recurrentes de gastos que ya absorben buena parte de las pensiones mínimas y medias. A lo largo de la geografía española decenas de miles de pensionistas se han concentrado ante las sedes del PP, destacando las convocatorias en Euskadi y en la calle Génova de Madrid.
Cientos de pensionistas se manifiestan frente a la sede del PP en Madrid, C/ Génova PP, Vox y Junts votaron contra la subida de pensiones y el escudo social que protege a las familias mas vulnerables. #PensionesPúblicasDignas #PensionesDignas #pensiones https://t.co/1RVDtQWBMG pic.twitter.com/pvckm72c8F
— DiarioSabemos (@DiarioSabemos) January 30, 2026
La indignación tiene también una clara dimensión política. Los pensionistas constituyen uno de los colectivos electorales más numerosos y movilizados, y su malestar no es coyuntural. En asambleas y protestas se repite la advertencia de que el voto en contra del PP tendrá consecuencias en las urnas. La defensa de las pensiones se presenta cada vez más como una línea roja democrática, más allá de siglas partidistas.
