El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, se reunirán el próximo lunes en el Palacio de La Moncloa para hablar del posible envío de tropas españolas a Ucrania una vez exista un acuerdo de paz. El PP, que hasta hoy ha practicado una suerte de bloqueo a todo, se ve ahora obligado a llegar a acuerdos de Estado con Sánchez a cuenta de asuntos tan importantes como las amenazas de Trump a la Unión Europea y la guerra en Ucrania. De alguna manera, forzado por las circunstancias, el gallego ha tenido que pasar por la ventanilla sanchista, algo que sin duda sabrá rentabilizar Vox.
El propio Abascal ya ha soltado una de las suyas al asegurar que ellos no quieren ni oír hablar de ir a la Moncloa, ya que no reconocen un Gobierno que siempre han calificado de “ilegítimo”. José Antonio Fuster, portavoz nacional de Vox, ha afirmado que no han dedicado “ni medio nanosegundo” a pensar en la cuestión de Groenlandia, el territorio europeo que el magnate neoyorquino piensa invadir a no mucho tardar (de hecho, un congresista republicano presentó ayer una moción parlamentaria para anexionar ese territorio a Estados Unidos). “Nos declaramos incompetentes en esta materia”, dijo Fuster. “Lo que diga Trump es lo que diga Trump”, afirmó. “No es que haya dicho me voy a quedar con Normandía, ya tendríamos un verdadero problema”, ironizó.
Vox funciona como un pollo sin cabeza. Un outsider o francotirador. Le da igual el cambio climático, las pandemias y las guerras mundiales. A Feijóo, sin embargo, no le queda otra que acudir a esa reunión con Sánchez para que el PP no termine quedando, definitivamente, como un partido antisistema en plan Vox. De ahí que acuda a la cita con el objetivo de hablar del conjunto de la política exterior y de defensa. El encuentro entre el presidente del Gobierno y el líder de la oposición para tratar sobre el posible envío de tropas españolas a Ucrania abre un nuevo escenario en las relaciones PSOE/PP. Cuando el Ejecutivo convoca al principal partido de la oposición para tratar asuntos de defensa intenta reforzar la legitimidad de una decisión sensible, busca proyectar unidad exterior y pretende evitar que la política internacional se convierta en un arma partidista. En temas militares, la imagen de consenso suele ser un activo diplomático. Y ahí Sánchez tiene la sartén por el mango mientras que a Feijóo le queda poco margen para la demogogia barata ultra y trumpizada. Nadie entendería que se cerrara en banda negando le realidad de los hechos, tal como hace Vox, mientras el Pentágono planea atacar Europa.
El Partido Popular no quiere limitar la reunión a Ucrania, sino abordar la política exterior en su conjunto, así como la estrategia de defensa en el marco de los compromisos internacionales y posiblemente el papel de España en la OTAN. Feijóo va a tener que hacer ejercicios malabares para explicar que, ahora sí, está dispuesto a negociar con Sánchez cuando hace solo unos días espetó que no tiene nada que hablar con el “Número 1” de una banda de corruptos. Pues por lo visto, el mafioso mayor del reino ha logrado convencerlo para que se siente en la misma mesa junto a él y mantener un diálogo provechoso para el país. Cabe también la posibilidad de que Felipe VI haya mediado para lograr el deshielo en unas relaciones entre Gobierno y oposición que parecían definitivamente rotas.
Sin duda, el PP busca mayor influencia en la agenda estratégica y no quedar relegado a un papel meramente consultivo. La referencia al envío de tropas “una vez exista un acuerdo de paz” sugiere que España estudia participar en misiones de estabilización, no en operaciones de combate, y que se prepara para un escenario postconflicto. Este tipo de misiones suelen requerir amplio consenso interno. Y a Feijóo no le ha quedado otra que tragar con la entrevista.
Para el Gobierno está en juego proyectar una imagen de liderazgo en política exterior, evitar críticas de falta de transparencia y reforzar su imagen internacional. También asegurarse que cualquier decisión militar tenga respaldo parlamentario. Para el PP, reivindicar su papel como partido de Estado y como alternativa de gobierno. Feijóo exigirá información completa sobre decisiones estratégicas en Ucrania. Otra cosa es que Sánchez se la proporcione. Una cosa es la foto y otra compartir secretos de Estado. Ni Pedro se fía de Alberto ni Alberto de Pedro. Pero el dirigente conservador tratará de evitar que el Gobierno monopolice la narrativa internacional, así como condicionar el marco del debate para incluir otros asuntos sensibles.
En resumen, la reunión no es solo un gesto diplomático: es un movimiento estratégico de ambas partes. El Gobierno quiere asegurar respaldo y proyectar unidad en un asunto sensible. El PP quiere ampliar el debate, ganar espacio político y no quedar como mero invitado. El contexto histórico obliga a España a posicionarse con claridad. El envío de tropas, aunque condicionado a un acuerdo de paz, es un tema de alto impacto político y social en un escenario internacional crítico (tanto que se está jugando la posibilidad de un conflicto mundial). De modo que a Feijóo no le ha quedado otra que quitarse el traje de antisistema, con el que compite con Vox por la hegemonía de la derecha de este país, para volver a la senda de la negociación y al redil del acuerdo. Otra derrota o claudicación que, sin duda, Ayuso sabrá aprovechar en su operación de desgaste del jefe.
