La sauna de Alberto Núñez Feijóo

El líder del PP ha hecho suyo el bulo de los prostíbulos del suegro de Sánchez y ya lo utiliza sin complejo y sin pudor en cada intervención política

12 de Enero de 2026
Actualizado el 13 de enero
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Feijoo en una imagen de archivo
Alberto Núñez Feijóo durante una intervención en el Congreso de los Diputados | Foto: Partido Popular

Feijóo ha hecho de las saunas del suegro de Sánchez el principal tema de confrontación política. No hay más problema en España. Las saunas sanchistas son lo único importante. Saunas, saunas y más saunas. En realidad, la Audiencia Nacional ya ha sentenciado que el negocio del familiar del presidente del Gobierno era una “actividad privada lícita”, al tiempo que reprochó la “deplorable utilización partidista” de ese asunto. El bulo de las supuestas saunas-prostíbulos no es más que eso: una asquerosa y nauseabunda operación de desprestigio contra Begoña Gómez, esposa del dirigente socialista, y por extensión de la familia monclovita. Pero Feijóo, en una total falta de ética y de escrúpulos, insiste en sacar el asunto una y otra vez. Está adelantando a Abascal por la derecha.

A fuerza de rumores y mentiras, la extrema derecha francesa ha convertido a la esposa de Macron en un hombre trans. Trump ha creado el mito de que la izquierda está llena de pederastas que se beben sangre de los niños. Aquí, en la piel de toro, parece ser Feijóo el encargado de propalar ese tipo de extorsiones cloaqueras y propias de Estados totalitarios.

En cierta ocasión, el dirigente genovés subió al estrado de las Cortes y, dirigiéndose a Sánchez, soltó aquella infamia para la historia: “¿Pero de qué prostíbulos ha vivido usted?”. Desde entonces, no ha parado de destilar basura sobre los supuestos locales de Sabiniano Gómez. Lo hace en público y en privado, en mítines y congresos, en la radio y en la tele. Y ni siquiera le ha frenado el hecho de que el aludido ya no esté en este mundo, de modo que no puede defenderse de las acusaciones. Si un español es ese ser que siempre habla mal de los vivos y bien de los muertos, ahí Feijóo no demuestra el pedigrí patriótico. No se puede caer más bajo.

En los últimos años, y a fuerza de campañas de descrédito, la bola de nieve de las saunas sanchistas se ha hecho ya tan grande que rueda montaña abajo imparable. La imagen de Sánchez como gran proxeneta nacional se ha cultivado no solo en las redes sociales manipuladas por Vox, también en los despachos del Partido Popular. Feijóo ha roto ese pacto de caballeros instaurado en la Transición según el cual las cosas privadas del político, sus asuntos domésticos y de la ingle, quedaban fuera de la batalla por el poder. El dirigente popular se ha deslizado peligrosamente (una más de sus desvariantes rutas por los malos caminos) hacia prácticas y modos de hacer política propios de países del pacato protestantismo anglosajón como Estados Unidos, donde un escándalo sexual pesa más en las urnas que cien programas políticos. Feijóo ha pactado con el Diablo ultra y ya todo vale. A cambio de llegar a la Moncloa, se lo ha vendido todo al Mefistófeles de la perilla: el partido, la decencia, el alma. El Fausto gallego.

Sin embargo, uno se pregunta si no será que Feijóo tiene también sus propias saunas, sus cuartuchos aislados de la realidad donde pasa demasiado tiempo entre vapores, sales y efluvios no siempre saludables. Todo con moderación decía el filósofo, y demasiadas horas de saunismo pueden terminar subiéndose a la cabeza y derritiendo la sesera, lo cual explicaría sus continuos lapsus como cuando se trabucó con aquello de “Anotop At” en el Congreso de los Diputados para descojoncio general. En una de esas saunas mentales, sentado en el banco con una toalla que tapa sus vergüenzas políticas, Feijóo exuda y quema la grasa y trata de eliminar tanta toxina de su pasado, de su presente y su futuro. Sus errores, su inmoralidad, su indecencia. Es ahí, en esa sauna herméticamente cerrada y asfixiante, donde cierra los ojos en medio de la oscuridad y medita y transpira el veneno por cada poro del organismo: sus vomitivos acuerdos con el ultra Abascal, sus bochornosos mensajes con Carlos Mazón el día de la dana, los contratos a dedo de la Xunta de Galicia, la judicialización de la política, la crispación hasta límites insoportables, los bulos trumpistas sobre pucherazos que difunde alegremente, su claudicación vergonzosa ante Isabel Díaz Ayuso, sus paseos en yate con el narco Dorado, en definitiva, su absoluta y alarmante falta de talla como estadista. En esa sauna metafórica, confesonario silencioso, sueño vaporoso de ambición, Feijóo intenta depurar el cuerpo y la mente, aunque son tantas las grasas saturadas, las ideas ultraprocesadas por Vox, el colesterol político malo que le ha metido al cuerpo cada día, que le resulta imposible depurar, adelgazar y quedarse como un pincel aseado y democrático, que es lo que desearía él para convencer a los españoles de que estamos ante un personaje para la historia y no ante un fraude humano.

El jefe de la oposición se está cociendo a fuego lento en esa sauna, es esa terma ideológica que él mismo se ha construido. Ahí, dentro de la sauna, el gallego pasa muchas horas pensando, meditando y reflexionando sobre su vida y sobre el futuro de la nación, hasta que suena el móvil y un histérico Bendodo viene a sacarlo de la confortable paz y la relajación del baño vaporoso para darle cuenta de un auténtico drama para el partido: que Trump ha roto con María Corina Machado.

Uno, que siempre ha tenido algo de animadversión/claustrofobia a esos espacios cerrados llenos de extraños donde se suda como un pollo asado, cree que Feijóo debe tener su propia sauna, su sauna personalísima, una sauna quizá comprada en Ikea, como uno de esos nórdicos supremacistas de Verdaderos Finlandeses que a base de cocerse con el vaporcillo mañanero se le han derretido las neuronas, hasta pudrirse, y se ha hecho hitleriano sin complejo ni rubor alguno. Sin duda, en esa sauna mental o real, aislada, humeante y ardiente, Feijóo se nos ha hecho ultra.

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