Feijóo une su destino al del lunático yanqui

El líder del PP se aleja de la postura oficial de la Unión Europa y se convierte en más papista que el papa, o sea más trumpista que el propio Trump

07 de Enero de 2026
Actualizado el 08 de enero
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Una de las últimas performances de Trump en la Casa Blanca
Una de las últimas performances de Trump en la Casa Blanca

Feijóo se ha puesto el uniforme de los boinas verdes y ya va con él a todas partes, como ese niño con zapatos nuevos el día de Reyes Magos. Solo le falta enarbolar la bandera de las barras y estrellas. En las últimas 72 horas, y tras el derrocamiento de Nicolás Maduro, el dirigente conservador español ha endurecido su discurso sobre Venezuela. Su fervor guerrero y su simpatía por el imperialismo yanqui no tiene precedentes y resulta altamente preocupante teniendo en cuenta que este señor quiere gobernar España algún día. Se ha alineado sin pudor con la Casa Blanca (la Casa MAGA o de los locos, habría que decir desde que gobierna el gurú de la secta conspiracionista ultra) y promete hacer el ridículo aún más de lo que ya lo hizo su predecesor Aznar cuando se entregó a las funciones de fiel de lacayo y chico de los recados de George W. Bush durante la invasión de Irak.

En varias intervenciones, Feijóo ha dado por buena la violenta y sangrienta operación militar llevada a cabo por las fuerzas especiales de Estados Unidos, con alevosía y nocturnidad, para secuestrar al presidente venezolano y ponerlo a disposición del juez federal Alvin Hellerstein por conspiración para el terrorismo y narcotráfico. Lo cual es tanto como asumir la sustitución del Derecho internacional por la ley de la selva (una vergüenza para alguien que se llama a sí mismo demócrata). No repara Feijóo en que después de este sábado negro, funesto para la historia de la humanidad, Trump es el sheriff global, nadie está a salvo, y hoy es Maduro el detenido y condenado sin un juicio justo, pero mañana los agentes de la Delta Force y la DEA pueden aterrizar en cualquier lugar del mundo sin previo aviso, incluso en el yate de su amigo el narco Marcial Dorado.

Todo en el gallego es errático, irracional, sin sentido. En el colmo del despropósito, Feijóo insiste en apostar por María Corina Machado para liderar la transición en Venezuela, rechazando que Delcy Rodríguez, mano derecha de Maduro y la elegida por la Casa Blanca para regentar el nuevo protectorado petrolífero yanqui, pueda tener un papel importante y destacado en ese proceso. Harían bien los asesores del líder popular en llevarle el New York Times a la cama cada mañana, así se enteraría de una vez de que la Corina ha caído en desgracia después de que el emperador y amo del mundo haya decretado que la musa opositora ya no cuenta con la confianza del pueblo venezolano.  

Todo lo que ha dicho y hecho el líder del PP estas 72 horas de vértigo para la historia va no solo contra la lógica de la razón democrática, sino contra los intereses de España y contra la postura oficial de la Unión Europea. Para empezar, Bruselas ha reclamado una transición pacífica sin injerencias externas y respetuosa con la soberanía del país. Ha solicitado calma, moderación y evitar una escalada del conflicto. Es decir, nada de jugar a los comandos ni de intrigas, conspiraciones u operaciones nocturnas de los marines. Nada de golpes de Estado apoyados por la CIA. Europa no respalda las aventuras bélicas, intervenciones u operaciones secretas diseñadas por Trump. Al contrario, la vía propuesta por la UE es la de la transición pacífica, sin convulsiones ni derramamientos de sangre, todo según el Derecho internacional (recuérdese que la operación del pasado fin de semana contra la mansión de los Maduro en Caracas costó más de 70 vidas humanas, las de los guardias cubanos del líder chavista cruelmente asesinados). Sin embargo, Feijóo va por libre. En ningún momento se le ha escuchado criticar la operación militar, ni apostar por la vía pacífica, ni alinearse con la postura oficial de Bruselas, como sería lo lógico. Al contrario, se le ha visto más papista que el papa, o sea más trumpista que el propio Trump. Ya no cabe ninguna duda: Feijóo se ha convertido en un euroescéptico más, como Viktor Orbán, Le Pen o Meloni. De tanto andar con Abascal, se le ha pegado el mal. El líder del PP está más imperialista y yanqui que nunca, sin duda por influencia de Vox, que le está comiendo la tostada electoral.

Es cierto que la UE ha reiterado en varias ocasiones que Nicolás Maduro carece de legitimidad democrática. A esa conclusión ha llegado Bruselas tras los sucesivos informes sobre pucherazos y la supuesta falta de garantías democráticas en los últimos procesos electorales en Venezuela. Solo la Hungría ultra en la órbita de Putin se ha desmarcado de esa posición política, alineándose con el régimen de Maduro. Los otros 26 Estados miembros respaldaron la línea común. Todo eso es verdad, pero en ningún momento las instituciones comunitarias han apostado por una solución militar al conflicto. Por lo visto y oído en las últimas horas, Feijóo parece ser que sí. Al menos no se le escucha decir lo contrario. Lejos de condenar una invasión propia de la decimonónica doctrina Monroe, insiste erre que erre en acusar a Moncloa de “connivencia” con el régimen chavista (cuando Pedro Sánchez no se ha movido ni un centímetro de lo acordado en Bruselas), rechaza cerrar filas con los gobiernos de España y la UE y se obceca en el liderazgo de la opositora Machado. La ceguera política de Feijóo resulta preocupante, más teniendo en cuenta que se ha puesto, sin ambages, de parte de un lunático como el magnate neoyorquino que está dando síntomas evidentes de incapacidad mental para dirigir, no ya a la primera potencia del mundo, sino el día a día en su mansión de Mar-a-Lago. La última performance del presidente republicano (su paroxística imitación de Macron entre aspavientos grotescos y extravagantes movimientos sincopados) pone los pelos de punta. No hay más que ver la escena emitida por la CNN para entender que ese hombre delirante y megalómano no está en sus cabales. Pues lejos de marcar distancias con el perturbado al que le ha dado la ventolera de Groenlandia, Feijóo se alinea férreamente con él y con sus desquiciadas políticas. Dios nos guarde si este gallego llega a la Moncloa algún día.

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