Feijóo está haciendo contactos con agentes del PSOE moderado para convencer a Sánchez de que se abstenga allá donde sea necesario para evitar tener que pactar con Vox. La mayoría absoluta se le aleja al PP en los territorios autonómicos y esa será la tónica en unas hipotéticas elecciones generales. El gallego cae en la cuenta de que ha alimentado demasiado a la serpiente, que ahora amenaza con comérselo vivo.
La primera parada de esa estrategia de presión sobre el PSOE antisanchista es Extremadura. Guardiola y Abascal se odian, de modo que los pactos para la investidura de la primera dama popular extremeña se antojan harto complicados. Vox va a pedirle al PP que renuncie a todas las políticas con tufillo socialdemócratas, como el pacto verde, el acuerdo contra la violencia de género y la cobertura social a los inmigrantes. Si Guardiola acepta, tragándose el sapo, habrá Gobierno del PP con la muleta de Vox. Si rechaza el órdago ultra, habrá que ir al plan B. Y ahí es donde Feijóo cree tener una opción en una nueva estrategia: que el PSOE se abstenga en la votación para que no sea necesaria la contribución de los ultraderechistas. El discurso es, en realidad, otra trampa para Sánchez. En los últimos días hemos escuchado a destacados líderes del PP, como el presidente andaluz, Juanma Moreno Bonilla, hacer afirmaciones absurdas como que Vox es un invento de los socialistas para acabar con el PP. No se lo creen ni ellos. Vox es una escisión del PP, eso para empezar, pero es que además han sido ellos, los dirigentes de Génova 13, quienes han abierto a los posfascistas, desde el primer momento, las puertas de las instituciones regionales.
Ese mismo plan para Extremadura es el que pretende aplicar Feijóo en las demás comunidades autónomas a las puertas de procesos electorales con posibles nuevos descalabros del PSOE (Aragón, Andalucía y Castilla y León). Primero dejar al PSOE sin poder territorial; después chantajearlo para que se abstenga en la investidura final, la que tendrá lugar más pronto que tarde en el Congreso de los Diputados tras unas elecciones anticipadas que el PP tiene ganadas (con más que previsible hecatombe socialista). Esa es la hoja de ruta que el gallego cree tener bien trazada. Así, poniendo a Sánchez contra la espada y la pared, coaccionándole políticamente para que le permita ser presidente del Gobierno de España sin la participación de Vox (previa abstención del PSOE), es como Feijóo piensa llegar a la Moncloa. Si Ferraz claudica y accede al chantaje, será el tiro de gracia del partido socialista (miles de votantes no entenderán que años de beligerante sanchismo terminen entregados gratuitamente al PP). Si Ferraz se niega a dar luz verde a la abstención, Feijóo acusará al PSOE de llenar el Parlamento de ultraderechistas. De esta manera él se lava las manos y carga a Pedro Sánchez con la responsabilidad histórica de resucitar el franquismo.
La posibilidad de que el PSOE se abstenga para permitir gobiernos del PP y así evitar que Vox toque poder es extremadamente baja. El PSOE no ha dado ninguna señal de estar dispuesto a abstenerse para facilitar gobiernos populares en solitario, algo que podría ser una especie de suicidio político. Vox es un engendro del PP, la degradación de la derecha hacia posiciones radicales, y el culpable de ese fenómeno no es nadie más que el Partido Popular. De ahí que la consigna de Sánchez a sus militantes sea, a esta hora, resistir hasta agotar la legislatura en 2027 y oposición dura, nada de convertirse en socio pasivo del PP. Moncloa sigue estando en modo confrontación, no en modo pacto transversal. El contexto nacional hace inviable un pacto PP-PSOE. No hay clima político para una abstención estratégica que en realidad sería mucho más que un cordón sanitario a Vox; sería una gran coalición entre conservadores y socialistas que ha operado ya, con poco éxito, en otros países europeos. Por tanto, la posibilidad real de una abstención del PSOE para evitar que Vox entre en gobiernos del PP es, hoy por hoy, prácticamente nula.
El 28 de abril de 2019, en plena noche electoral en España, las bases socialistas le dijeron a Sánchez aquello de “con Rivera no”. De esta manera, advirtieron al líder que no querían un pacto de investidura PSOE-Ciudadanos y expresaban el deseo de que Sánchez optara por acuerdos con fuerzas de izquierda, especialmente Unidas Podemos. Hoy, el presidente del Gobierno recuerda aquel mensaje. Sabe que el lema “con Rivera no” podría convertirse en “con Feijóo no”. La única salida coherente que le queda al presidente del Gobierno es seguir cimentando una mayoría de izquierdas con la colaboración de los partidos de la izquierda real. Solo así puede tener una posibilidad de movilizar al votante socialista que se queda en casa, sin votar y desencantado con las tibias políticas sociales y económicas del sanchismo.
