A pocas horas para la desclasificación de los papeles del 23F, se empiezan a conocer más datos sobre cómo fueron los momentos más tensos, las horas más críticas, del asalto al Congreso de los Diputados. Tejero estaba muy nervioso, el elefante blanco no llegaba (síntoma de que la asonada había fracasado) y los conspiradores barajaban dos opciones: entregarse o morir con las botas puestas en nombre de España (y llevándose por delante a decenas de políticos). Varios son los testigos que estos días recuerdan lo que escucharon por boca de Tejero y los demás guardias implicados en el levantamiento militar. “Si nos dejan sin luz, rajen el relleno de las sillas de las taquígrafas, prendan fuego y disparen contra todo lo que se mueva”. Esa orden fue dada por el máximo responsable del asalto al Congreso. Es decir, por unos instantes los golpistas valoraron seriamente terminar con todo con un baño de sangre.
El hemiciclo está hecho de madera. Una hoguera y hubiese ardido todo, tal como ocurrió con el incendio del Reichstag el 27 de febrero de 1933. Algunos historiadores dan por hecho que aquello fue un atentado de falsa bandera ideado por el propio Hitler para consumar su golpe e iniciar la represión contra la oposición política. La versión de que Tejero valoró prender fuego a la sede de la soberanía nacional la ha corroborado Cándido Méndez, exsecretario general de UGT y diputado en Cortes en aquellos años. También periodistas que se encontraban dentro del hemiciclo y que fueron tomados como rehenes.
Así lo recuerda el fotógrafo de Efe Manuel Pérez Barriopedro, autor junto al también fotoperiodista de la agencia Manuel Hernández de León de las únicas fotos que se publicaron ese mismo día. “Hicieron una pira con las sillas de los ujieres y dejaron claro que si se iba la luz, le prendían fuego”, cuenta Barriopedro, que recuerda el pánico que atenazó a los allí presentes.
El fotógrafo, hoy ya jubilado, recuerda aquella jornada aciaga para la historia y cómo pudieron escuchar las noticias del exterior a través del pequeño transistor que Fernando Abril Martorell, diputado de la UCD, llevaba consigo: “Escuchamos marchas militares en Radio Nacional y lo entendimos rápidamente”. Fue con esa radio como supieron que el golpe había fracasado: “Volvió la música clásica” tras horas de marchas militares.
“Hasta que no revelamos no sabíamos qué había en los carretes, ni si estaban enfocadas”, cuenta el reportero, que pudo guardarse los negativos en un zapato. Su compañero Hernández de León hizo lo mismo tras pedir permiso a los guardias amotinados para ir al baño. Este se guardó el material en la ropa interior.
Estas y otras escenas se irán conociendo cuando, en unas horas, el Gobierno desclasifique los expedientes y ponga la documentación a disposición de cualquier persona que quiera consultarlos. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha anunciado que el Consejo de Ministros desclasificará hoy martes los documentos.
Sánchez hizo este anuncio el lunes en las redes sociales y apuntó que con esta desclasificación “se salda una deuda histórica con la ciudadanía”. “Las democracias deben conocer su pasado para construir un futuro más libre”, añadió el jefe de Ejecutivo, quien da las gracias a quienes, dice, “abristeis camino”.
Una vez que el Consejo de Ministros apruebe esta decisión, la desclasificación de los documentos se hará efectiva al día siguiente, miércoles, con su publicación en el Boletín Oficial del Estado (BOE). A partir de ese momento, los archivos estarán a disposición de todas las personas interesadas en la página web oficial de Moncloa (https://www.lamoncloa.gob.es/). Será la portavoz del Gobierno, Elma Saiz, quien, según el Ejecutivo, ofrecerá más detalles sobre este asunto.
