El encuentro impulsado hoy por Gabriel Rufián y Emilio Delgado en el Congreso de los Diputados servirá como un pequeño sismógrafo dentro de la izquierda española. Lo que en apariencia es una simple conversación pública entre el portavoz de ERC en el Congreso y el coportavoz de Más Madrid ha terminado convirtiéndose en un termómetro de afinidades, distancias y recelos entre las distintas fuerzas progresistas. El acto, concebido como un espacio abierto para reflexionar sobre cómo frenar el avance de la ultraderecha, ha provocado movimientos desiguales: algunos partidos han confirmado su asistencia, otros han preferido mantenerse al margen y varios han expresado incomodidad ante una convocatoria que no esperaban. Es lo que le queda a Rufián: romper la tendencia al inmovilismo, al particularismo y al egocentrismo de algunas formaciones. O dicho de otra forma: es Rufián contra el Frente de Judea, aquella escena de la película La vida de Brian, donde cada grupo judío hacía la guerra por su cuenta contra el imperio romano (en este caso la Roma imperial es el bloque de las derechas PP/Vox que avanza imparable).
Entre quienes sí han decidido participar figuran Movimiento Sumar, Más Madrid y los comunes. Las tres formaciones han confirmado que enviarán representantes, aunque ninguna ha detallado aún quién acudirá. Para Sumar, que atraviesa un proceso de redefinición interna, la cita es una oportunidad para reforzar su presencia en el debate sobre la unidad progresista. Su coordinadora, Lara Hernández, ha defendido que el encuentro responde a una inquietud real dentro de la izquierda y que su espacio quiere formar parte de cualquier conversación que explore alianzas entre fuerzas transformadoras y plurinacionales. “Este debate no es artificial, responde a esa inquietud (sobre la unidad) y queremos estar ahí porque queremos construir ese horizonte claro de la mano del conjunto de las izquierdas en el marco de nuestro país. De las izquierdas transformadoras, pero también, por supuesto, de las izquierdas plurinacionales”.
La situación es distinta en Esquerra Republicana e Izquierda Unida. ERC, pese a que el acto está impulsado por su propio portavoz en el Congreso, no ha confirmado la presencia de Oriol Junqueras ni de ningún otro dirigente. La dirección republicana ha optado por la prudencia, recordando que no ha recibido una invitación formal. El gesto no es menor: la propuesta de Rufián de articular un frente amplio de izquierdas para las próximas elecciones generales ha generado incomodidad en el partido, que prefiere mantener distancia respecto a iniciativas que puedan interpretarse como un giro hacia la política estatal.
Izquierda Unida, por su parte, ha sido más explícita. Su portavoz federal, Eva García Sempere, ha señalado que IU siempre está dispuesta a participar en espacios de reflexión sobre la unidad a la izquierda del PSOE, pero ha dejado claro que no asistirán al acto del miércoles. Según ha explicado, no han recibido invitación y consideran que los procesos de convergencia deben construirse con constancia y rigor, evitando iniciativas que puedan percibirse como gestos improvisados. IU insiste en que su apuesta por la unidad se canaliza a través de la coalición Sumar, que consideran el espacio más sólido para avanzar en esa dirección.
Podemos también ha marcado distancias. Su secretario de Organización, Pablo Fernández, ha restado importancia al encuentro, calificándolo simplemente como “una charla”. Ha añadido que él mismo estará en Castilla y León en actividades de precampaña, dejando claro que la formación morada no tiene intención de participar. La relación entre Podemos y el resto de fuerzas de la izquierda sigue siendo tensa, y este acto no ha contribuido a rebajar esa fricción.
El rechazo no se limita a Podemos. Partidos nacionalistas e independentistas como BNG y Bildu han confirmado que no acudirán. Tampoco estarán presentes Més per Mallorca ni la Chunta Aragonesista. Todas estas formaciones han transmitido que no ven en la convocatoria un espacio útil para avanzar en sus propias agendas políticas. La propuesta de Rufián de construir un frente amplio que incluya a fuerzas soberanistas no ha encontrado eco entre estos partidos, que prefieren mantener sus estrategias diferenciadas.
En contraste, Compromís sí enviará representación. El diputado Alberto Ibáñez ha confirmado su asistencia, aunque desde la formación valenciana matizan que su presencia no implica ningún compromiso respecto a futuras alianzas electorales. Compromís mantiene una posición autónoma y observa con cautela los movimientos del resto de la izquierda estatal.
El acto de Rufián y Delgado se produce en un momento especialmente sensible para Sumar. La coalición que lidera Yolanda Díaz está inmersa en la preparación del evento del sábado 21 de febrero, donde sus principales partidos (Movimiento Sumar, IU, Más Madrid y los comunes) oficializarán su intención de concurrir juntos a las próximas elecciones generales bajo un nuevo proyecto político. La marca Sumar, tal como se ha conocido hasta ahora, quedará atrás para dar paso a una nueva identidad que aspira a integrar a más actores y a clarificar su rumbo.
En ese acto del sábado está prevista la participación del ministro de Derechos Sociales, Pablo Bustinduy, y es muy probable que también acudan Ernest Urtasun y Mónica García, ministros de Cultura y Sanidad respectivamente. La presencia de Yolanda Díaz aún no está confirmada, aunque su figura sigue siendo central en el espacio. Por parte de IU asistirá su coordinador federal, Antonio Maíllo. En cambio, Podemos no estará presente, y tampoco acudirán ERC, Bildu, BNG, Més ni la Chunta, que ya han comunicado su ausencia.
La coincidencia temporal entre el acto de Rufián y el evento de Sumar añade una capa adicional de complejidad. Mientras Rufián intenta abrir un debate amplio sobre la unidad de la izquierda, Sumar trabaja en consolidar su propio proyecto. Ambos movimientos se desarrollan en paralelo, pero no necesariamente en sintonía. La izquierda española vive un momento de reconfiguración en el que cada gesto, cada ausencia y cada presencia adquieren un significado político.
El encuentro del miércoles, más allá de su contenido, ha servido para medir el estado de las relaciones entre las distintas fuerzas progresistas. Ha mostrado afinidades, distancias y silencios. Ha evidenciado que la idea de un frente amplio sigue siendo atractiva para algunos sectores, pero también que genera resistencias profundas en otros. Y ha puesto de manifiesto que, en un espacio político fragmentado, cualquier iniciativa que aspire a unir requiere algo más que una convocatoria abierta: necesita confianza, tiempo y una estrategia compartida.
