La Alianza de Izquierdas de Rufián obliga al PSOE a retratarse y a salir de su zona de confort

En Ferraz valoran la propuesta del líder de ERC, que advierte de que o la izquierda se une "o se va al carajo"

12 de Febrero de 2026
Actualizado a las 11:50h
Guardar
Sánchez y Rufián en una imagen de archivo
Sánchez y Rufián en una imagen de archivo

La propuesta de Gabriel Rufián de articular una gran alianza de izquierdas en España ha reabierto un debate recurrente en el espacio progresista: la necesidad, o no, de un frente amplio capaz de competir con un bloque conservador cada vez más cohesionado. La idea no es nueva, pero sí aparece en un momento político especialmente delicado, marcado por la fragmentación, el desgaste institucional y la creciente volatilidad electoral. 

La izquierda española vive desde hace años una tensión entre la necesidad de unidad y la dificultad de alcanzarla. El PSOE gobierna, pero lo hace en un entorno parlamentario frágil, con socios que compiten entre sí y con un electorado progresista que muestra signos de fatiga. Sumar no ha logrado consolidarse como un espacio estable, Podemos mantiene una presencia menguante pero ruidosa, y los partidos territoriales (ERC, BNG, Compromís, EH Bildu) combinan cooperación con agendas propias. Pero por encima de los intereses particularistas, cabe preguntarse por la posición del PSOE. Pedro Sánchez se encuentra cómodo en su zona de confort mientras el gallinero a su izquierda se pone de acuerdo o no. Y ese ver los toros desde la barrera no es de recibo en el momento trascendental que vivimos. Hay que mojarse.

Sin duda, cabe preguntarse si los socialistas no tendrían también que sumarse a esa supuesta alianza para formar definitivamente un bloque progresista fuerte. Un nuevo Frente Popular. “O hablamos o la izquierda se va al carajo”, ha dicho Gabriel Rufián. Ese guante no va solo dirigido a las confluencias, también al PSOE, que se encuentra en un punto crítico, quizá el más delicado a lo largo de su siglo y medio de existencia. Todo lo que no sea unidad total de las fuerzas progresistas, de todas las fuerzas progresistas, nos aboca a un gobierno fascista.

A menudo se habla de las luchas cainitas de los partidos más allá del espacio del PSOE. Pero los socialistas también tienen su parte de responsabilidad. Ya no vale esperar a ver los resultados de cada cita electoral (generalmente negativos) para formar una coalición gubernamental en la siguiente cita con las urnas. Se hace necesario concurrir a los comicios bajo un mismo paraguas, unas mismas siglas y de forma permanente. Que el elector sepa lo que vota. Presentar un partido nuevo cada cuatro años termina mareando al personal. Da igual si el cartel es Alianza de Izquierda o Frente Popular, la resistencia antifascista debe hacerse desde el primer momento, desde el minuto uno con nombres y apellidos, con listas concretas y candidatura única. O se salvan todos, o todos perecen. Nadie estará a salvo con Vox en el poder. Partidos como ERC o Bildu corren riesgo de ilegalización. Que nadie piense que todo seguirá igual con Abascal en el Consejo de Ministros. Nada será igual. Y esto vale tanto para el PSOE como para la Chunta, que hoy vive su minuto de gloria tras los buenos resultados del domingo en Aragón.

El Partido Socialista es el actor central. Sin él, cualquier alianza sería marginal. Pero el PSOE, históricamente, ha evitado integrarse en frentes amplios. Su estrategia pasa por liderar el espacio progresista, no por diluirse en él. Aceptar una alianza implicaría renunciar a parte de su autonomía y asumir un marco que lo sitúa como “uno más” entre varios, algo que difícilmente encaja con su cultura interna. Pero es lo que toca en este momento histórico de especial gravedad. Se trata de arriesgar, de doble o nada, de ir a por todas para frenar a la extrema derecha. Y de perdidos al río. Esperar acontecimientos no conduce a nada. El PSOE se desangra en las autonomías en cada cita electoral. El sanchismo está agotado, paga el desgaste del poder. Así las cosas, a Ferraz solo le queda esperar a la debacle final. Solo caben medidas urgentes, a la desesperada quizá, pero no hay otra salida. Lo demás, resistir como hasta ahora y hasta 2027, es engordar para morir.

En este escenario, la propuesta de Rufián conecta con una intuición compartida: la izquierda fragmentada pierde capacidad de influencia. La derecha, en cambio, ha aprendido a coordinarse mejor, tanto electoralmente como en el discurso. La hipótesis de una alianza amplia podría, en teoría, contrarrestar esa asimetría.

Sin embargo, el contexto también juega en contra. La competencia interna en el espacio progresista es intensa, y cada actor teme diluir su identidad. La izquierda española no solo está dividida por estrategias, sino por culturas políticas, liderazgos y prioridades territoriales. La pregunta no es solo si una alianza es deseable, sino si es posible sin que alguno de los actores sienta que sacrifica demasiado.

Una alianza de izquierdas no se construye únicamente con voluntad política; requiere estructuras, mecanismos de decisión y un reparto de poder que satisfaga a todos los participantes. Aquí es donde la propuesta de Rufián encuentra sus mayores dificultades.

La relación entre Sumar y Podemos es otro escollo importante. Hay máxima tensión. Sumar aspira a ser el espacio de agregación, mientras Podemos busca mantener una identidad propia y un discurso más confrontativo. Una alianza que los incluya a ambos requeriría un acuerdo estratégico que hoy parece lejano.

ERC, Bildu, BNG o Compromís podrían ver ventajas en una alianza estatal si la nueva plataforma respeta su autonomía y reconoce su peso territorial. Pero también podrían percibirla como un riesgo: sus electorados valoran precisamente su especificidad y su distancia respecto a los partidos estatales.

En resumen, la viabilidad organizativa es incierta. La propuesta de Rufián funciona bien como horizonte político, pero su traducción práctica exige un nivel de coordinación que hoy no existe. Pero sin duda, todo depende del paso que dé el PSOE, que para bien o para mal sigue siendo el motor de la izquierda de este país. Un motor algo gripado, pero que aún puede funcionar si se le aplica la grasa y el combustible adecuados.

Lo + leído