El principio de realidad y la historia ponen a Feijóo en su sitio

La estrategia política del líder del PP, basada en el exceso verbal y la crispación constante contra Sánchez, se desmorona como un castillo de naipes tras los últimos acontecimientos internacionales

14 de Enero de 2026
Actualizado a las 11:28h
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Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo durante una sesión de control en el Congreso
Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo durante una sesión de control en el Congreso

Durante meses, Alberto Núñez Feijóo había construido su estrategia política sobre una premisa contundente: presentar a Pedro Sánchez como un dirigente ilegítimo, un traidor que pacta con los independentistas, un adversario con el que no cabe acuerdo alguno y cuya acción de gobierno debe ser denunciada sin matices. Ese marco retórico le permitió cohesionar a su electorado, marcar distancias con el Ejecutivo y proyectar una oposición frontal, además de seguir competiendo con Vox por el espacio de la ultraderecha en España. Sin embargo, la política tiene una cualidad implacable: tarde o temprano, obliga a salir del mundo paralelo o alternativo para confrontar con la realidad. Y esa realidad ha llamado a la puerta del líder del PP con una fuerza que ni él mismo se esperaba.

El contexto internacional ha descolocado a Feijóo. Le ha roto todos los esquemas, estrategias y planteamientos. Desde que Trump atacó Venezuela y amenazó con invadir Groenlandia, el mundo ha dado un vuelco hacia el llamado Nuevo Desorden Mundial. La Doctrina Monroe. ¿Con quién está Feijóo, con los intereses de su país o con el nuevo emperador yanqui? Conquistar países uno tras otro como fichas de dominó va contra la lógica más elemental y el Derecho internacional. Y ahí es donde el principio de realidad ha terminado derrotando el plan de Feijóo consistente en oponerse a todo lo que diga y haga Sánchez. Ahora que el presidente del Gobierno le llama a Moncloa con urgencia para informarle sobre la crítica situación internacional, a Feijóo no le queda más remedio que pasar por el aro, tragar y pactar con ese a quien él llama “el Número 1” de una banda mafiosa. Ha caído en su propia trampa.

La convocatoria de una reunión entre Sánchez y Feijóo para abordar cuestiones de Estado (en este caso, la política exterior y de defensa, incluida la posibilidad de misiones internacionales en Groenlandia y Ucrania) coloca al dirigente popular ante un escenario que él mismo había tratado de evitar: sentarse a dialogar con el presidente al que ha dedicado algunos de sus ataques más duros y despiadados. Y ahora se le ven las costuras. Tras meses de insistir en que Sánchez era un dirigente con el que no se podía pactar nada, Feijóo se ve ahora obligado a reconocer que hay asuntos que trascienden el combate partidista sin cuartel. Y que, en esos terrenos, la oposición no puede limitarse a la denuncia permanente. Es una claudicación sin paliativos del dirigente popular.

El problema para Feijóo no es la reunión en sí del próximo lunes en Moncloa, sino el marco que él mismo ha construido. Cuando se eleva tanto el tono, cuando se dibuja al adversario como una figura incompatible con cualquier forma de diálogo, cuando se deshumaniza y criminaliza al rival sin prueba alguna, cualquier gesto posterior de cooperación se convierte en una contradicción difícil de gestionar. El “principio de realidad” por razón de Estado opera así: la política exterior, la defensa y las relaciones internacionales no admiten maximalismos retóricos. El principio de realidad dicta que hay momentos en los que no se puede mantener el relato demagógico, electoralista o de brocha gorda que le conviene al partido, sino que es preciso asumir el momento histórico en el que se encuentra el país. Exige responsabilidad, información compartida y, en ocasiones, acuerdos discretos entre Gobierno y oposición. Y eso obliga a modular el discurso. Feijóo va a tener que bajar el altavoz de la crispación y el bloqueo, ese que mantiene todo el rato encendido para no ser menos derecha que Vox.

La tensión interna

Este giro hacia el diálogo en cuestiones trascendentales (hasta ahora el PP se ha negado hasta a pactar la subida de las pensiones y el salario mínimo interprofesional) también conlleva implicaciones dentro del propio PP. Una parte del partido ha apostado por una oposición más institucional, consciente de que el electorado moderado valora la capacidad de pactar en asuntos de Estado. Otra, la más ultra, ayusista y alineada con la confrontación permanente, teme que cualquier gesto de diálogo sea interpretado como una concesión. Feijóo deberá navegar entre ambas aguas. Y hacerlo sin que parezca que rectifica, aunque en la práctica esté rectificando. No lo tiene fácil el gallego.

El coste de la sobreactuación

El episodio de la incómoda reunión en Moncloa revela un hecho que se repite en la política española: la tentación de llevar el discurso al límite para movilizar a los propios suele ser corregida por la necesidad de volver al terreno de lo posible cuando la realidad institucional lo exige. Feijóo no es el primero ni será el último en experimentar este choque. Pero en su caso, la distancia entre el relato construido y la práctica política se ha hecho especialmente visible.

El encuentro con Sánchez no es solo una reunión más. Es un recordatorio de que la política real no siempre permite sostener la política declarativa. Y de que, por mucho que se intente, ningún líder puede escapar indefinidamente al principio de realidad. Después de meses de describir a Sánchez con términos extremadamente duros (lo ha llegado a retratar poco menos que como un proxeneta que ha vivido de las saunas de su suegro), ahora se da de bruces con los hechos históricos, con la verdad, con la realidad de la cosas y tiene que reunirse con él, tiene que hablar de política exterior con él, tiene que abordar cuestiones de Estado con él y tiene que hacerlo con normalidad institucional. Ese contraste ha dejado en evidencia toda su estrategia política de meses, de años incluso. Podría decirse que Trump ha llegado para aguarle la fiesta al dirigente conservador español. Si has descrito al adversario como alguien con quien no se puede pactar nada porque es ilegítimo y poco menos que el Diablo con rabo y cuernos, ¿cómo explicas ahora que te sientas a hablar, a dialogar y a pactar con él? Vox, cuyo líder Abascal ya ha dicho que no irá a Moncloa bajo ningún concepto por mucho que Trump desembarque a los marines en Algeciras, ya está sacando rédito de esa incongruencia.

La reunión con Sánchez obliga a un reposicionamiento estratégico urgente en Génova. Feijóo no puede evitar la reunión porque la política exterior exige coordinación. La defensa nacional no admite bloques irreconciliables y España necesita proyectar unidad ante sus socios. Malamente podría explicar a los españoles que él es un patriota que lo hace todo por la nación cuando ni siquiera es capaz de posicionarse contra el invasor que amenaza con conquistar suelo europeo. Feijóo está experimentando un fenómeno clásico en política: cuando el relato se radicaliza demasiado, la realidad te obliga a corregirlo. No porque cambien tus ideas, sino porque cambian las circunstancias. La historia está poniendo a Feijóo en su sitio.

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