Tras el chaparrón de ignominia y vergüenza que cayó sobre el PP durante el ataque de Estados Unidos contra Venezuela, Feijóo ha vuelto a la carga con su matraca de siempre: el España se rompe, esa palanca de socorro que suele aparecer, inevitablemente, cuando el partido se encuentra en apuros. El líder popular mostraba ayer su oposición al nuevo modelo de financiación autonómica presentado por el Gobierno y apoyado por ERC, una financiación con la que el Ejecutivo pretende, según el jefe de la oposición, “institucionalizar un infierno fiscal” para “comprar poder e impunidad con impuestos a los ciudadanos”. Es decir, el anticatalanismo que ya propaló en su día Mariano Rajoy con tan nefastas consecuencias como fue el detonante del proceso de independencia en Cataluña.
Recuérdese que el gallego que inmortalizó aquello de muy “españoles y mucho españoles” atizó el fuego nacionalista como nadie. El Estatut de 2006, que garantizaba los derechos de Cataluña como una “nación”, fue recortado por el Tribunal Constitucional en 2010 previo recurso del PP. Ese recorte generó una de las mayores manifestaciones de la historia de Cataluña (“Som una nació. Nosaltres decidim”). El independentismo pasó del 15 por ciento al 30 o 40 en pocos años. En medio de ese clima enrarecido, Rajoy optó por la táctica del avestruz: meter la cabeza debajo del ala y no negociar nada con los catalanes.
Para terminar de calentar el ambiente, en 2012 sectores del PP hicieron llamamientos a un infame boicot a los productos catalanes, especialmente al cava. Y aunque Rajoy no se metió de lleno en esa guerra económica, de alguna mamera la consintió. Ese mismo año, Artur Mas reclamó un pacto fiscal similar al concierto vasco y Rajoy respondió con un no rotundo alegando que tal petición era incompatible con la Constitución Española, ya que rompía la igualdad entre territorios en el peor momento, cuando España estaba en plena crisis económica. Para el Govern y una parte de la sociedad catalana, esa negativa fue interpretada como una falta de voluntad de diálogo del Estado español y un desprecio hacia las demandas de autogobierno. Luego llegó el bloqueo institucional que empujó irremediablemente hacia la aventura independentista, la acumulación de declaraciones hostiles entre ambas partes, la falta de diálogo político, el no al pacto fiscal, la judicialización para criminalizar al soberanismo y un clima incendiario de tensiones identitarias. ¿Qué podía salir mal? ¿Todo? Fue así como se puso en marcha el procés cuya historia conocemos todos porque aún está fresco en nuestra memoria. Y pese a los antecedentes, el PP vuelve a las andadas con el tema anticatalán. No han aprendido nada.
Ahora, Feijóo retorna con fuerza a esa guerra nacionalista, a ese anticatalanismo que en algunos dirigentes populares resulta más que exacerbado. “Si Sánchez y Junqueras necesitan oxígeno político que se vayan a correr por las mañanas”, ironizó ayer el líder popular, que considera que el presidente del Gobierno ha “rehabilitado a Junqueras como ministro de Hacienda”, algo que tacha de “inaceptable”. “Los españoles no somos un cajero con el que Sánchez paga su permanencia en el Gobierno”, denuncia el líder del PP.
En su comparecencia desde Barcelona, Feijóo presentó su propio plan de vivienda, un acceso que es la “puerta de entrada de los jóvenes a un proyecto de vida”, una puerta que Feijóo asegura que el Gobierno “está cerrando”. El líder del PP se compromete a vincular el modelo de financiación a la política de vivienda; es decir, a más vivienda, más financiación y capacidad de gasto para comunidades autónomas y ayuntamientos. En realidad, es todo propaganda. El PP hace tiempo que se entregó a los intereses de los fondos buitre, de la banca y la patronal hasta el punto de que ha renunciado a la política social en materia de vivienda.
Mientras tanto, el barón socialista Emiliano García-Page, que ya funciona sincronizado con Feijóo, criticó el principio de ordinalidad acordado por Moncloa y la Generalitat como un sistema “tramposo”. Ese principio establece que una comunidad autónoma que aporta más recursos al sistema debe seguir estando por encima de las que aportan menos después de la redistribución. A Page no le gusta. “Nos ponen un postre mejor en el menú del día, pero hay otros que puede elegir a la carta y llevan menú VIP; eso hace que el sistema, ya de entrada, sea tramposo”.
Por su parte, el presidente de ERC, Oriol Junqueras, ha pedido al líder de Junts, Carles Puigdemont, que le dé cita para ir a verle a Waterloo y hablar sobre el acuerdo de financiación y otros temas, como “su posible regreso, la amnistía, la recaudación del IRPF, de todo”, pero aún no hay fecha para este encuentro. Nada de todo eso es aceptado por Feijóo, que ya funciona como un líder radical en cuestiones como la política autonómica. Sus demagogias populistas españolazas no le dan, de momento, para alcanzar la mayoría absoluta (Vox le come cada vez más espacio electoral), pero él cree que sí. Alimentado por los vientos trumpistas que corren, el anticatalanismo retorna con fuerza. Si es que alguna vez se había ido.
