Page no tiene ninguna posibilidad de suceder a Sánchez para tomar las riendas del PSOE

La continuidad del sanchismo en el partido está asegurada, incluso en el caso de que caiga el presidente del Gobierno, con figuras conocidas como Puente, Montero o Bolaños

26 de Diciembre de 2025
Actualizado el 29 de diciembre
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Felipe González y Page en una imagen de archivo.
Felipe González y Page en una imagen de archivo.

El PP saca pecho de su victoria en Extremadura e invita al PSOE, en un alarde de chulería política, a refundarse cuanto antes. La refundación tras la convocatoria de elecciones anticipadas no está en la agenda de Pedro Sánchez, al menos de momento, pero a Emiliano García-Page, al día siguiente de la debacle socialista, le faltó tiempo para lanzar misiles en la línea de flotación del sanchismo, incluso exigiendo un cambio de estrategia drástica y urgente. En Ferraz no faltan voces que sitúan a Page como posible sustituto o recambio de Pedro Sánchez. Son una minoría, pero esas voces existen.

Siendo sinceros, hay exactamente cero posibilidades de que el barón extremeño ocupe el despacho de Sánchez. A día de hoy, ese relevo es una quimera, algo inviable dentro del PSOE, por mucho que se trate de una figura simbólicamente relevante en el espacio crítico. Page es el felipismo 2.0, y el PSOE ha cambiado tanto, se ha transformado de una forma tan radical en las últimas décadas, que resulta imposible retornar al pasado. Los nostálgicos socialistas creen que esa vuelta a las esencias felipistas es posible. Error. Puede que el dirigente manchego guste al PP, a la patronal y hasta a Vox. Pero  ese plan no está en la dinámica interna del PSOE. Sánchez tiene bien controlado el partido, el patio, como suele decirse, y aún en el caso de que se acelere su caída, dimita o caiga defenestrado por los suyos, la hoja de ruta no pasa precisamente por Page.

Los sanchistas han dibujado un escenario de transición bien diferente con los Óscar Puente, Félix Bolaños, María Jesús Montero e incluso Carlos Cuerpo ocupando cuotas de poder. Cualquiera de ellos, más algún que otro nombre, podría ser el nuevo secretario general del PSOE. Es decir, la continuidad del sanchismo, por otros medios, está más que asegurada. ¿Qué quiere decir esto? Que no hay vuelta atrás; que con Sánchez o sin él el PSOE del futuro será plurinacional, feminista y ecologista o no será; que pactará con las demás fuerzas de izquierdas por mucho que eso genere urticaria a los poderes fácticos de este país; que paulatinamente irá rompiendo las escasas amarras aún vigentes con aquel viejo PSOE liberal; que virará hacia propuestas políticas cada vez más audaces y progresistas. Le va la vida y la supervivencia en ello. Si algo han demostrado las elecciones en Extremadura es que la abstención es galopante y alarmante en el bloque de la izquierda. El miedo a la extrema derecha, principal estrategia de Sánchez en la última legislatura, ya no funciona y el votante progresista exige medidas mucho más drásticas ante la ofensiva del PP para erosionar el Estado de bienestar.

Page puede abandonar cualquier esperanza de encarnar la alternativa. No cuenta con un bloque cohesionado capaz de articular una alternativa sólida; los movimientos críticos son “horizontales”, dispersos y sin liderazgo claro; algunos históricos del PSOE advierten de que, incluso si Sánchez pierde, “no dejará la dirección del partido” fácilmente.  Morirá matando.

Ni siquiera Felipe González cree ya en un retorno a su legado liberal. Además, Ferraz está haciendo justo lo contrario: debilitar a Page. Sánchez caerá, pero se llevará consigo al hombre desleal que ha estado intrigando contra él todo este tiempo. El PP lo sabe y acusa a Sánchez de “preparar el relevo de García‑Page” en Castilla‑La Mancha mediante nombramientos que fortalecen a perfiles leales al sanchismo, como Milagros Tolón. Muy cercana a Sánchez, la recién elegida entra en el Gobierno y en la Ejecutiva del PSOE como “voz distinta a la de Page”. Esto quiere decir que Ferraz no está reforzando al barón manchego, sino contrapesándolo en su propio territorio.

Históricamente, los críticos no heredan el liderazgo. O se integran o quedan aislados. Algo revolucionario tendría que ocurrir en el PSOE para que Page se hiciera con las riendas. Que varias federaciones se alinearan con él (no hay señales de eso); que Ferraz perdiera el control orgánico (hoy lo mantiene); y que el propio Page quisiera dar el paso (no hay indicios, sabe que lo tiene imposible). Incluso la posibilidad de que un Congreso extraordinario termine en rebelión interna es más bien remota. Pero las expectativas electorales no mejorarían con Page en la dirigencia socialista. Más bien al contrario, iría todavía peor que con Sánchez, lo cual ya es decir. Hoy por hoy, según las fuentes consultadas, Page no es un relevo viable para Pedro Sánchez. Los disidentes tendrán que buscarse otro caudillo.

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