Operación del PP para destruir a Vox: Feijóo sopesa fichar a los purgados por Abascal

Génova 13 estaría interesado en reabsorber a los políticos defenestrados de la formación ultra por la cantidad de información sensible que se han llevado consigo

25 de Marzo de 2026
Actualizado a las 11:18h
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Feijóo y Abascal en una imagen de archivo.
Feijóo y Abascal en una imagen de archivo.

El secretario general de Vox, Ignacio Garriga, acusó ayer al líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, de “dirigir” a los críticos del partido, a los que ha tachado de “mentirosos” y de “sinvergüenzas”. Garriga se está refiriendo a Iván Espinosa de los Monteros, a Javier Ortega Smith, a Juan García-Gallardo Frings y a otros dirigentes de Vox que han sido purgados por Santiago Abascal. Las acusaciones del secretario general voxista son graves porque está aireando una supuesta operación orquestada por Feijóo para destruir a la formación ultra desde dentro. Primero fichando a los díscolos, después aireando los supuestos trapos sucios en la financiación del partido de extrema derecha.

La crisis interna que atraviesa Vox ha abierto un escenario político inesperado en la derecha española. Las purgas, dimisiones y enfrentamientos entre distintas corrientes del partido han debilitado la cohesión interna de la formación de Santiago Abascal y han generado un clima de desconfianza entre antiguos dirigentes, cargos intermedios y militantes. En este contexto, el Partido Popular observa con atención la fractura y, según fuentes políticas consultadas por diversos medios, Alberto Núñez Feijóo estaría valorando incorporar a su proyecto a varios de los dirigentes expulsados o marginados por Vox. La operación, de materializarse, tendría un doble efecto: reforzar al PP con perfiles experimentados y, al mismo tiempo, debilitar a Vox desde dentro, erosionando su estructura y su capacidad de influencia.

La salida de figuras relevantes de Vox no es nueva, pero en los últimos meses se ha intensificado. A las marchas anteriores de Iván Espinosa de los Monteros, Rocío Monasterio o Macarena Olona se han sumado otras expulsiones y rupturas. Todos ellos han denunciado, en mayor o menor medida, un proceso de recentralización del poder interno en torno a Abascal y su núcleo más cercano, así como una falta de democracia interna y un clima de sospecha permanente.

En paralelo, varios de estos dirigentes han mostrado simpatía hacia el PP o han mantenido contactos informales con cargos populares. Espinosa de los Monteros, por ejemplo, ha elogiado en distintas ocasiones el tono institucional de Feijóo y ha insistido en la necesidad de “ensanchar el espacio del centroderecha. Otros exdirigentes han expresado su disposición a colaborar con proyectos alternativos a Vox o a integrarse en plataformas más amplias. Aunque no existe confirmación oficial de negociaciones formales, en el PP reconocen que “hay talento político disponible” y que “no se descarta aprovecharlo”. Todo ello mientras Abascal maniobra para apartar al sector menos duro y dar un giro de timón al partido hacia las posiciones más duras de Patriotas, el grupo europarlamentario en la órbita del presidente húngaro Viktor Orbán, confidente y topo de Putin.

La operación tendría un componente estratégico evidente. Por un lado, permitiría al PP absorber perfiles con experiencia parlamentaria, proyección mediática y conocimiento del electorado conservador. Por otro, contribuiría a desestabilizar a Vox, un partido que ya afronta tensiones internas y un desgaste en algunas encuestas. La estrategia recuerda a movimientos similares en otros países europeos, donde partidos conservadores han integrado a sectores de la derecha radical para consolidar mayorías parlamentarias y reducir la fragmentación del voto.

La fractura interna en Vox ha alcanzado un nuevo nivel con las acusaciones lanzadas por GarcíaGallardo Frings, exvicepresidente de Castilla y León y uno de los dirigentes más próximos al sector crítico. En declaraciones recientes, ha acusado a Abascal de ingresar dinero en una tercera cuenta bancaria a nombre de su mujer, una afirmación que ha generado un fuerte impacto mediático y que ha sido desmentida por la dirección de Vox. Estas acusaciones han intensificado la sensación de guerra interna y han alimentado la percepción de que el partido atraviesa una crisis de confianza sin precedentes.

Los críticos sostienen que Vox ha evolucionado hacia un modelo de liderazgo personalista, donde las decisiones estratégicas se toman en un círculo reducido y donde la disidencia se castiga con expulsiones o marginación. Denuncian también la falta de transparencia en la gestión económica y la ausencia de mecanismos internos de control. La dirección, por su parte, acusa a los críticos de intentar desestabilizar el partido y de actuar movidos por intereses personales o ambiciones frustradas.

En este clima, el PP ve una oportunidad. Feijóo ha insistido en su objetivo de “reunificar el espacio del centro‑derecha” y de construir una alternativa sólida al Gobierno. La incorporación de exdirigentes de Vox podría reforzar esa estrategia, especialmente en territorios donde el partido de Abascal ha perdido implantación o donde los conflictos internos han debilitado su estructura. Además, permitiría al PP presentarse como un proyecto más amplio y transversal, capaz de integrar sensibilidades diversas dentro del espectro conservador.

Sin embargo, la operación no está exenta de riesgos. Integrar a figuras procedentes de Vox podría generar tensiones internas en el PP, especialmente entre sectores moderados que recelan de perfiles más duros. También podría provocar una reacción de Abascal, que ha acusado en ocasiones al PP de intentar “absorber” a su partido y de actuar como un “competidor desleal”. La relación entre ambas formaciones ha oscilado entre la colaboración institucional y la confrontación electoral, y un movimiento de este tipo podría tensar aún más esa dinámica en plenas negociaciones entre ambas fuerzas para formar gobierno en Extremadura, Aragón y Castilla y León.

En el plano electoral, la operación podría tener efectos imprevisibles. Por un lado, podría atraer a votantes desencantados de Vox que buscan una opción más estable y con mayor capacidad de gobierno. Por otro, podría movilizar al núcleo duro del partido de Abascal, que vería en el PP una amenaza directa. La clave estará en cómo se gestione la narrativa: si el PP logra presentar la operación como un proceso natural de integración y ampliación, podría beneficiarse. Si, en cambio, se percibe como una maniobra oportunista, podría generar rechazo.

Lo que parece claro es que la crisis interna de Vox ha abierto un nuevo escenario en la derecha española. La posibilidad de que Feijóo incorpore a los purgados por Abascal refleja un cambio de ciclo y una reconfiguración del espacio político conservador. La operación, de concretarse, tendría consecuencias profundas tanto para el PP como para Vox y podría redefinir el equilibrio de fuerzas en la derecha durante los próximos años.

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