Feijóo ordena a sus barones firmar la tregua con Vox

El líder del PP rebaja el tono al entender que está en manos de la extrema derecha de Santiago Abascal

23 de Marzo de 2026
Actualizado a las 10:48h
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Feijóo y Mañueco en una imagen de archivo. Las elecciones en Castilla y León son decisivas
Feijóo y Mañueco en una imagen de archivo. Las elecciones en Castilla y León son decisivas

Justo después de las elecciones de Castilla y León, comenzó el chantaje de Vox contra el PP de Feijóo. Los ultras exigieron que los populares asumieran todas sus exigencias y su programa político a cambio del apoyo parlamentario. Feijóo y los suyos empezaron a sudar tinta (y sangre) para formar gobiernos no solo en tierras castellanas, también en Extremadura y Aragón, y en eso estalló el escándalo de los purgados en Vox con graves acusaciones de financiación del partido, entre ellas la existencia de una supuesta cuenta corriente a nombre de la mujer de Santiago Abascal. Este acusó a Feijóo de instigar una campaña de desprestigio contra Vox y estalló una guerra sin cuartel en la derecha española. Feijóo elevó el tono y tachó de “falso” que el PP esté detrás de los críticos con Abascal.

En las últimas horas, el líder de los populares ha dado la orden de firmar la paz. Por ese camino de la ruptura con “el partido hermano”, tal como dice la portavoz del PP, Ester Muñoz, todos iban al desastre. En las últimas horas Feijóo ha reclamado por whatsapp a su equipo evitar la guerra con Vox y los comentarios sobre la mujer de Abascal. El gallego ha pedido explícitamente no confrontar con la ultraderecha en medio de las negociaciones autonómicas. Y, además, se ha sabido que el propio Feijóo intervino en la negociación autonómica cuando en sus encuestas Vox se disparó al 22 por ciento. En ese momento saltaron todas las alarmas. El sorpasso ultra al partido conservador tradicional era más que posible.

De momento, Feijóo ha pedido a los suyos no confrontar con Vox, intentando rebajar el tono para facilitar pactos, pero esto no implica un acuerdo cerrado. Las posiciones siguen enfrentadas. Vox acusa a Feijóo de “torpedear” las negociaciones en Extremadura, Aragón y Castilla y León. Feijóo insiste en que Vox está poniendo “excusas” y que ya “está bien de bloqueo”. En varias regiones, las conversaciones están atascadas y Vox considera que el PP no tiene una “voz única”.

La relación entre el Partido Popular de Alberto Núñez Feijóo y Vox atraviesa uno de sus momentos más complejos desde que ambos partidos compiten por el mismo espacio político. En este contexto, conviene analizar qué hay detrás de esta aparente tregua, cuáles son los intereses en juego y cómo podría evolucionar una relación marcada por la desconfianza, la competencia electoral y la necesidad mutua.

Desde que Feijóo asumió la presidencia del PP, ha intentado proyectar una imagen de moderación y solvencia institucional. Su estrategia pasa por atraer al votante de centro y recuperar espacios que, a su juicio, el partido perdió durante la etapa de confrontación más dura. Vox, por su parte, ha construido su identidad precisamente en la crítica a ese “centrismo” del PP, acusándolo de tibieza ideológica y de renunciar a principios conservadores.

Este choque de estilos y discursos ha generado fricciones constantes. Sin embargo, la aritmética parlamentaria en varias comunidades obliga a ambos partidos a entenderse. Y es ahí donde surge la tensión: Feijóo necesita acuerdos para gobernar, pero no quiere aparecer subordinado a Vox; Vox quiere influencia institucional, pero teme diluir su perfil si cede demasiado.

En las últimas semanas, Feijóo ha pedido a los dirigentes territoriales del PP que eviten confrontaciones públicas con Vox. Este gesto no implica un pacto político, sino una estrategia comunicativa: reducir el ruido, evitar titulares negativos y mostrar una imagen de responsabilidad frente a un electorado cansado de bloqueos.

La consigna es clara: menos reproches, más negociación. Pero la realidad es que las tensiones siguen ahí. Vox acusa al PP de no tener una posición coherente entre sus líderes autonómicos y su dirección nacional. Feijóo, por su parte, considera que Vox utiliza los bloqueos como herramienta de presión para obtener más poder del que le corresponde por los resultados electorales.

Las comunidades donde PP y Vox deben entenderse presentan situaciones muy distintas, pero todas comparten un denominador común: la necesidad de pactar para evitar nuevas elecciones o gobiernos inestables. Extremadura es el caso más urgente. Aquí el tiempo juega en contra. Si no hay acuerdo antes de la fecha límite, la región podría verse abocada a repetir elecciones. Vox acusa al PP de “falta de claridad”, mientras que el PP sostiene que Vox está elevando sus exigencias para obtener consejerías clave. La presión es máxima y cualquier gesto se interpreta como una señal de debilidad o fuerza.

Aragón precisa de negociación técnica, pero el clima político es cada vez más tenso. Las conversaciones avanzan, pero a un ritmo lento. Vox quiere entrar en el gobierno con competencias relevantes, mientras que el PP intenta limitar su presencia a áreas menos sensibles. La negociación es más técnica que ideológica, pero el clima político sigue siendo delicado.

Castilla y León es un polvorín de tensiones internas y diferencias de enfoque (cabe recordar que ambos partidos ya gobernaron en coalición y aquello acabó como acabó, con la salida de Vox del Ejecutivo regional).

Hablar de “paz” entre Feijóo y Vox es, como mínimo, exagerado. Lo que existe es una tregua táctica, un alto el fuego comunicativo que busca evitar que las discrepancias se conviertan en un espectáculo público que desgaste a ambos partidos. Feijóo intenta proyectar liderazgo y control, consciente de que una imagen de caos interno podría perjudicarle en el ámbito nacional. Vox, por su parte, quiere demostrar firmeza ante su electorado, pero también sabe que un bloqueo prolongado podría ser interpretado como irresponsabilidad. A Abascal no le interesa negociar nada ni formar gobiernos. Solo doblegar al PP y seguir convocando elecciones.

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