Escándalo en Vox: guerras internas mientras Gallardo Frings denuncia un "tercer sueldo" para la mujer de Abascal

Ilustres purgados por la cúpula firman un manifiesto reclamando un congreso extraordinario para refundar el partido

18 de Marzo de 2026
Actualizado a la 13:16h
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Abascal en una imagen de archivo
Santiago Abascal en un acto de partido | Foto: Vox

Los purgados de Vox están hartos. Espinosa de los Monteros, Macarena Olona, Ortega Smith… Son demasiados los cadáveres en el armario, los laminados por el jefe Abascal, y todos ellos han decidido pasar a la ofensiva. Exdirigentes ultras defenestrados, encabezados por el propio Espinosa, han hecho circular un manifiesto en contra de la dirección nacional. Reclaman más libertad interna y un congreso extraordinario “con plazos suficientes y reglas claras”. Los animosos purgados, sin embargo, no han caído en la cuenta de un pequeño detalle: los estatutos del partido impiden congresos extraordinarios sin un 20 por ciento de votos de la militancia (unos 60.000 afiliados, según las estimaciones de la organización). Es la forma de blindar al caudillo. El autoritarismo neofascista era esto.

“Es hora de abrir el debate sobre el futuro de Vox”, aseguran los firmantes del manifiesto, entre los que además están el exvicepresidente del partido Víctor González Coello de Portugal y el expresidente en Murcia José Ángel Antelo (otro ejecutado). También están en la lista de disidentes Rubén Manso, Víctor Sánchez del Real, Juan Luis Steegmann, Malena Nevado y Francisco José Contreras.

Las críticas internas están adquiriendo tintes de auténtica revolución dentro del partido. Y la lucha es encarnizada, sangrienta, feroz. Ahí está Juan García-Gallardo, exlíder de la formación en Castilla y León también purgado, quien ha llegado a asegurar que antes de su dimisión descubrió que Abascal “se estaba embolsando un tercer sueldo en la cuenta corriente de su mujer”, según informa La Sexta. En una entrevista para El Mundo, García-Gallardo ha afirmado que ese fue el momento en el que perdió la “confianza” en él: “Conocí que se estaba embolsando un tercer sueldo, a través de un proveedor del partido, en la cuenta corriente de su mujer, por unos presuntos servicios de consultoría en materia de redes sociales a una sociedad mercantil que está en pérdidas y en causa de disolución. 60.000 euros por unos servicios que nos tendrán que explicar”.

El abogado ha ido más allá y ha asegurado que “hay enormes cantidades de recursos públicos a los que accede el partido para beneficio último de muy poquitas personas”, y que existe una “galaxia de sociedades” a priori externas a Vox, pero que acaban formando una “especie de parapartido que está parasitando los recursos económicos de Vox”, añade La Sexta. Y remata: “A este paso, Vox quedará como el plan de pensiones de Abascal”.

Desde el partido se echa balones fuera. Fuentes internas invita a los disidentes a que “dejen en paz” a Vox, que lo único que necesita son “grandes constructores de equipos” y “grandes líderes”. Que se metan “el ego donde les quepa”, espetan.

Entre los impulsores del manifiesto también está el primer presidente de Vox y concejal en Madrid, Ignacio Ansaldo; la vicealcadesa de Toledo por Vox, Inés Cañizares; la exlíder del partido en Madrid, Rocío Monasterio; la diputada autonómica de Cataluña y expresidenta provincial de Tarragona, Isabel Lázaro Pina; el diputado regional de Cantabria y exportavoz del grupo, Cristóbal Palacio; y quien fue vicepresidente de Movilización Rubén Garrido.

Bajo el título Por la apertura del proyecto y la preparación para gobernar, los firmantes del manifiesto se presentan como militantes y exdirigentes del partido comprometidos con Vox desde su origen y aseguran que lo hacen público con la convicción de que “la lealtad política es a las ideas, no a las personas”. Denuncian que durante años han asistido en Vox a un proceso de reducción y empobrecimiento interno, en el que no se ha tratado de cerrar formalmente el proyecto sino de estrecharlo en la práctica, “concentrando decisiones en muy pocas manos, debilitando el debate, eliminando contrapesos y apartando a quienes mantenían criterio propio”.

“El resultado es un partido más pequeño por dentro, menos plural y menos ambicioso”, alegan, a lo que suman las “salidas o apartamiento” sin explicaciones suficientes y “por la vía de los hechos consumados” de mandos históricos y perfiles que han demostrado capacidad organizativa y compromiso con el proyecto.

El escándalo político llega cuando Vox obtiene los mejores resultados electorales y tiene al PP comiendo de su mano. Sin embargo, el manifiesto y la bomba que acaba de soltar Gallardo Frings puede ocasionar un daño definitivo al partido ultra. Ecos de corrupción y guerras entre facciones y banderías pueden llevar al votante a quitarse la venda de los ojos y a ver la realidad: que Vox no es un partido de honrados trabajadores, que es la élite de siempre, la casta. La herida que se ha abierto promete ser letal. Y no solo porque Vox es un partido autoritario sin un atisbo de democracia interna. Sino porque ya son muchas, quizá demasiadas, las filtraciones desde dentro que hablan de falta de transparencia y de supuestas irregularidades en la financiación del partido. La Fiscalía y los jueces deberían tomar cartas en el asunto.

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