Alrededor del 72 por ciento de la superficie forestal y los montes en España se encuentra en manos de propietarios privados, mientras que el porcentaje restante (cerca del 28%) es de titularidad pública. Este dato es fundamental a la hora de entender lo que está ocurriendo en nuestro país, uno de los más castigados por la voraz oleada de macroincendios de julio. Arantza Pérez, vicedecana del Colegio Oficial de Ingenieros de Montes, recuerda que muchos de esos propietarios privados “ya no van” a sus haciendas, por lo que se abandona el uso rural. “La gestión de los montes no es de hoy para mañana es un acto de generosidad para las generaciones futuras”.
España cuenta con más de 27 o 28 millones de hectáreas de superficie forestal, lo que representa más del 55% del territorio nacional. De titularidad privada, el 72%, corresponde a unos 20 millones de hectáreas en manos de particulares, sociedades mercantiles, montes vecinales en mano común o propiedades colectivas. El 28% de titularidad pública pertenece principalmente a administraciones locales como los ayuntamientos y entidades locales, y en menor medida a las comunidades autónomas o al Estado. Muchas de las parcelas privadas son muy pequeñas, están dispersas o tienen dueños desconocidos. La baja rentabilidad económica de la madera y los aprovechamientos tradicionales dificultan la inversión en prevención de incendios y mantenimiento, un análisis detallado respaldado por el Colegio Oficial de Ingenieros de Montes.
El fuego no da tregua y España ha tenido que pedir ayuda a la Unión Europea. El número de municipios evacuados por los incendios declarados en la provincia de Ávila y la Comunidad de Madrid y que se han extendido a Toledo se eleva a 39: 16 en Ávila, 12 en Madrid y 11 en Toledo. El incendio declarado en Burgohondo (Ávila) ha quemado ya unas 50.000 hectáreas, una cifra que convierte este fuego en el mayor de la historia de España desde que se tienen registros, al superar el ocurrido en Larouco, Quiroga y Oencia (entre Ourense, Lugo y León) en agosto de 2025. España ha batido el récord de superficie quemada (seis veces más que el año anterior) y eso que estamos solo a mediados del verano. Según los últimos datos del Ministerio del Interior, además siete localidades están confinadas en la provincia de Ávila y en Madrid. Han aumentado sobre todo los municipios evacuados en Ávila respecto a la situación de este sábado y son: Sotillo de la Adrada, Navahondilla, Casillas, Santa María del Tiétar, La Adrada, Piedralaves, Casavieja, Burgohondo, Hoyo de Pinares, Villanueva de Ávila, Urbanización La Atalaya de El Tiemblo, Pedro Bernardo, Higuera de las Dueñas, Gavilanes, Mijares y Fresnedilla. Miles de personas evacuadas o confinadas; casas destruidas; sectores económicos como el del turismo de interior destruido. Un paisaje devastado. Miles de millones en daños.
Arantza Pérez afirma que “necesitamos un pacto por nuestros montes e ir todos a una con una inversión sostenible en el tiempo”. La ingeniera explica que esto al final es cosa de todos y aboga por tener consciencia de la importancia de estos acontecimientos. “Necesitamos un pacto por nuestros montes, un pacto por estos incendios forestales donde ir todos a una. Se nos ha olvidado ya el Mundial donde fuimos capaces de ir todos a una y donde no se gana en la final, en el último día. Sino que va de invertir, gestionar, entrenar... Pues esto es igual”, añade Pérez.
Pérez recalca la necesidad de que sea algo de todos, “con unas medidas claras, una inversión sostenida en el tiempo”. “La Comisión Europea acaba de decir que es insostenible solo invertir en Emergencias y en restaurar luego ecosistemas quemados. Hay que invertir, hay que planificar y hay que ir todos juntos a gestionar nuestro territorio”, puntualiza.
Para evitar macroincendios (o incendios de sexta generación agravados por el cambio climático), la clave no está en la extinción, sino en la gestión integral del territorio. Los expertos coinciden en que estos incendios devoran miles de hectáreas porque encuentran una continuidad absoluta de combustible vegetal seco y acumulado. Para romper esa continuidad y hacer el paisaje resistente al fuego, se aplican varias estrategias fundamentales: gestión forestal, sobre todo interrumpir las grandes masas uniformes de bosque plantando franjas de campos agrícolas, viñedos o pastizales que actúen como frenos naturales al avance de las llamas; fomentar el pastoreo extensivo: utilizar el ganado (ovejas, cabras) como “bomberos naturales” para limpiar el sotobosque y reducir la biomasa fina, que es la que propaga el fuego rápidamente; quemas previstas: realizar incendios controlados en invierno y primavera bajo condiciones climáticas seguras para eliminar el combustible acumulado antes de que llegue el verano; adaptación de las propiedades privadas: crear cooperativas o asociaciones de propietarios para gestionar de forma conjunta las pequeñas parcelas privadas que hoy están abandonadas por falta de rentabilidad; pagos por servicios ambientales: incentivar económicamente a los dueños particulares para que mantengan sus montes limpios, reconociendo el beneficio que aportan a toda la sociedad; intervención en zonas de seguridad: obligar a que las urbanizaciones y viviendas construidas junto al bosque mantengan una franja perimetral mínima de 25 a 50 metros totalmente limpia de vegetación inflamable; y planes de autoprotección: implementar sistemas de limpieza de tejados, instalación de hidrantes y vías de evacuación despejadas en núcleos rurales. Entre las medidas cabe incluir la transición hacia bosques autóctonos; promover especies menos inflamables; y favorecer los bosques mixtos con árboles autóctonos de hoja caduca (robles, encinas, castaños) que retienen mejor la humedad, frente a los monocultivos intensivos de pinos o eucaliptos.
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