El liderazgo de Rufián y las presiones de Sánchez y Podemos acaban con Yolanda Díaz

La vicepresidenta y ministra de Trabajo anuncia que no será candidata por Sumar a las elecciones generales de 2027

25 de Febrero de 2026
Actualizado a las 12:24h
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Yolanda Díaz, líder de Sumar, uno de los socios del Gobierno, dando explicaciones por el caso Errejón
Yolanda Díaz, líder de Sumar, uno de los socios del Gobierno, dando explicaciones por el caso Errejón

Yolanda Díaz no será la candidata de Sumar a las elecciones de 2027. Así lo ha anunciado ella misma a fuentes parlamentarias. La decisión de Díaz de no presentarse marca un punto de inflexión en el espacio político a la izquierda del PSOE. Su ausencia en los actos clave de Sumar y su negativa reiterada a aclarar su futuro han terminado por cristalizar en lo que ya es un hecho político de primera magnitud: la vicepresidenta segunda del Gobierno se retira de la primera línea electoral, dejando tras de sí un proyecto en plena reconfiguración y un liderazgo que, pese a su relevancia institucional, llevaba meses debilitándose.

Es evidente que Gabriel Rufián ha tomado la iniciativa y ya ejerce como cabeza visible de la izquierda española. Estaba cantado que Díaz iba a dar un paso a un lado. Los últimos actos de la izquierda en Madrid, como el impulsado hace unos días en la sala Galileo, se habían celebrado sin su presencia. Era una mala señal, como también lo fue el estallido del caso Errejón, no suficientemente aclarado.

Durante semanas, Yolanda Díaz había evitado pronunciarse sobre su continuidad como candidata. En repetidas ocasiones insistió en que “no era momento de hablar de nombres” y que abrir ese debate sería “imprudente”. Su ausencia en el acto de refundación de Sumar en Madrid (un evento diseñado para relanzar el espacio político) fue interpretada como un gesto calculado. No era una ausencia menor: se trataba del encuentro destinado a definir el futuro de la coalición, y su líder no estaría allí. La explicación oficial fue que quería dar protagonismo a las formaciones políticas que integran Sumar. Sin embargo, en un contexto de tensiones internas, desgaste electoral y dudas sobre su liderazgo, la lectura política era inevitable: Díaz estaba preparando su salida.

El desgaste de Yolanda Díaz no es un fenómeno repentino. Su figura, que en 2021 y 2022 emergió como una de las más valoradas del Gobierno, comenzó a perder fuerza a medida que se intensificaban las tensiones internas en el espacio de la izquierda alternativa. La caída de su proyecto estrella en el Congreso (la reducción de la jornada laboral) supuso un golpe especialmente duro. La iniciativa fue rechazada con 178 votos en contra, dejando a la ministra en una posición frágil y cuestionada incluso dentro del propio Gobierno.

A ello se sumó el deterioro electoral de Sumar. En apenas dos años, el espacio pasó de ser presentado como el “motor del Gobierno” a convertirse en un colchón electoral para el PSOE, incapaz de capitalizar su presencia institucional. Las fracturas internas, las disputas territoriales y la falta de cohesión estratégica contribuyeron a debilitar aún más la posición de Díaz. Con Podemos haciéndole la guerra desde dentro y boicoteándola, tenía poco futuro.

Otro factor clave en la decisión de Díaz fue la presión del PSOE. Según diversas informaciones, en el partido socialista no veían viable su candidatura: consideraban que no se sometería a un proceso de primarias y que difícilmente podría aplaudir a rivales internos en un escenario de competencia abierta. La posibilidad de unas primarias que pudiera perder era un riesgo que Díaz no estaba dispuesta a asumir. Su liderazgo, aunque institucionalmente fuerte, no contaba con un respaldo sólido dentro de todas las corrientes de Sumar. La retirada, en este sentido, evita una confrontación interna que podría haber debilitado aún más al espacio político. A todo ello se une que Pedro Sánchez ya ha apostado por Rufián, al que cree caballo ganador mientras que Díaz presentaba un perfil de ministra amortizada con escaso gancho y tirón. La batalla a la que se enfrentaba la ministra era demasiado desigual para ella. Las voces internas de Sumar, Pablo Iglesias (más Montero y Belarra) y Moncloa remaban en contra.

La decisión de no acudir al acto de refundación de Sumar fue interpretada como un mensaje claro: Díaz no quería ser el centro del nuevo proyecto. Su ausencia dejó en evidencia las tensiones existentes y abrió interrogantes sobre el futuro liderazgo del espacio. El evento, que reunió a los cuatro partidos de Sumar en el Gobierno, se celebró con numerosas incógnitas y sin la presencia de su figura más reconocible. Para algunos analistas, esta retirada parcial era un movimiento estratégico para preservar su capital político. Para otros, un síntoma de distanciamiento con la cúpula de Sumar y de un liderazgo que ya no encontraba su lugar en la nueva etapa.

La salida de Yolanda Díaz como candidata deja un vacío difícil de llenar. Su figura había sido clave para articular un espacio fragmentado, aunque no siempre con éxito. Ahora, Sumar se enfrenta a varios retos: definir un liderazgo claro y reconstruir la cohesión interna. Pero sin duda es Rufián quien marca el paso de facto. Quizá el portavoz de Esquerra no sea el cabeza de lista finalmente, pero estará moviendo los hilos ideológicos y estratégicos. Pablo Bustinduy ya calienta en la banda.

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