El pasado 12 de febrero, la ministra de Sanidad y líder de Más Madrid, Mónica García, reclamaba a los partidos de izquierdas “tejer una alianza sólida que dé perspectiva de futuro”, que sea lo suficientemente “estable” y no solo se hable de quién la lidera. “El espacio progresista no ha estado más unido que ahora. Nunca hemos tenido esta alianza de voluntades”.
Además, García añadió: “Estoy de acuerdo con el debate que ha suscitado Gabriel Rufián de que hay que hacer algo. Ese 'algo' tiene que ser algo que ilusione, que no va de hiperliderazgos sino un proyecto que sea estable”. En esa línea, insistió en que el nombre de la persona que liderará el proyecto “vendrá después”. “No sobra nadie, es más, tenemos que recuperar a mucha gente”.
En las últimas horas, García ha anunciado que dejará el ministerio para encabezar la candidatura de Más Madrid y presentar batalla contra Isabel Díaz Ayuso. Y la noticia no ha gustado al sector de Emilio Delgado, que estaba coordinando los esfuerzos para conectar con el Frente Amplio de izquierdas propuesto por Rufián. Por lo que publica la prensa madrileña, Delgado le ha dicho a García que no le parece bien que haya anunciado su paso adelante. Y esta le ha contestado con algo de desaire: “Ni a mí lo de Rufián”, informa El País. El rotativo habla de “enfrentamiento silencioso” entre ambos primeros espadas de MM, de modo que la pugna por el poder en el partido de cara a unas primarias está servida. Justo lo contrario de lo que propone el portavoz de Esquerra Republicana de Cataluña, que en los últimos meses viene desgañitándose para pedir unidad, responsabilidad, frente común ante el auge de la extrema derecha. El espectáculo empieza a ser denigrante y Rufián piensa mover ficha para que haya paz. “Por él no va a quedar”, aseguran fuentes parlamentarias.
García no ha dejado de trabajar con el resto de fuerzas de las confluencias desde las pasadas elecciones de 2023 para llevar a cabo “políticas transformadoras”. De hecho, sus contactos con Bildu, BNG o ERC en el Congreso de los Diputados para sacar adelante iniciativas legislativas han sido intensos. El enfrentamiento de la todavía ministra con Rufián se hizo visible en el programa Al Rojo Vivo de La Sexta, donde ambos coincidieron en directo apenas dos días después de que García anunciara su intención de volver a competir por la Presidencia de la Comunidad de Madrid. Allí, Delgado defendió un modelo de primarias más abierto, en el que pudieran votar no solo los militantes formales, sino también los inscritos que han participado en procesos anteriores. Según él, “toda la gente que ha venido votando con normalidad durante todos estos años” debería mantener ese derecho.
García, por su parte, sostuvo que el derecho a voto debe corresponder únicamente a la militancia activa, alineándose con los estatutos aprobados en 2025. Para ella, son los militantes quienes sostienen el trabajo territorial del partido y quienes deben decidir democráticamente el rumbo de Más Madrid. Rechazó la idea de un voto más amplio, afirmando que la participación no puede reducirse a “darle a un clic”. “Nosotros no competimos entre nosotros, competimos con Ayuso”, insistió Mónica García. “Espero que seamos capaces de centrar nuestros objetivos”, agregó. Al mismo tiempo, Emilio Delgado replicaba que le gustaría “que no se limitara el derecho al voto”.
Este desacuerdo no es aislado. Forma parte de una disputa más profunda sobre el control del aparato y la definición del censo electoral. El nuevo reglamento de primarias, que exige haber participado en actividades internas recientes para ser considerado militante, reduce drásticamente el número de votantes potenciales. Según diversas fuentes, este modelo favorece a García y a su entorno, mientras que el sector de Delgado reclama una mayor apertura para ampliar la base del partido.
La tensión se ha intensificado desde que García comunicó a Delgado, la noche previa a un acto público, que anunciaría su candidatura. Él consideró que la maniobra lo colocaba en una posición incómoda, obligándolo a respaldarla públicamente pese a sus aspiraciones propias. Este episodio reveló un conflicto soterrado que venía gestándose desde que Delgado organizó un debate con Gabriel Rufián, interpretado por la dirección como un desafío al liderazgo de García.
En el fondo, el debate sobre el censo electoral es la primera grieta visible de una batalla por el liderazgo que marcará el futuro de Más Madrid. Mientras García intenta recentrar el foco en la oposición a Ayuso, Delgado insiste en que el proceso debe ser “lo más participativo posible”. La resolución de este conflicto (y quién tenga derecho a votar) será determinante para definir no solo al próximo candidato, sino también el modelo organizativo del partido. Hay refriega. Rufián tiene trabajo como gran pacificador.
