Rufián y Montero engrasan la última bala de la izquierda

El acto de Barcelona es un nuevo paso para acercar posiciones y avanzar en la confluencia de cara a frenar a la extrema derecha

09 de Abril de 2026
Actualizado a las 22:39h
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Cartel del acto de Gabriel Rufián, Irene Montero y Xavier Domènech en Barcelona
Cartel del acto de Gabriel Rufián, Irene Montero y Xavier Domènech en Barcelona 

Bajo el título Què s’ha de fer? (¿Qué se debe hacer?), Gabriel Rufián e Irene Montero participaron en una charla en Barcelona sobre el futuro del Frente Amplio de izquierdas propuesto por el portavoz parlamentario de Esquerra Republicana de Cataluña. El exdiputado de los Comunes Xavier Domènech moderó el acto con un aforo lleno.

Para empezar, Gabriel Rufián se mostró orgulloso de pertenecer a ERC. “Soy independentista, quiero que Junqueras sea presidente y que Cataluña sea independiente. Pero eso no es incompatible con este momento histórico”. Acto seguido, el portavoz republicano llamaba a la izquierda a movilizarse para evitar que la extrema derecha “nos arrase”. “¿Por qué ERC no puede inspirar como en otros momentos a la izquierda española?” Al mismo tiempo, animó a entrar en el marco retórico, en las mismas reglas con las que juega la extrema derecha para, sin renunciar a ser de izquierdas, poder competir en igualdad de condiciones con los ultras. En eso consiste la aportación esencial del dirigente de Esquerra a la política actual. En hacer política “sin tanto léxico, sin tanta frase de taza motivadora. El eslogan la España que madruga [inventada por Vox] es de puta madre. Una familia, una casa, también”. Y todo ello bajo una declaración de principios: “Yo no aspiro a gobernar España, quiero que se gobierne bien España”, dijo. Por último, alertó de que solo nos queda “una bala”, tal como le dijo a Irene Montero en un momento del diálogo. Más allá de eso, insistió en la idea de que no tiene sentido que haya solo dos derechas aspirantes a Moncloa y catorce izquierdas. “Hay que confluir electoralmente”, recalcó. Si la izquierda llega a descalabrarse, como auguran los sondeos, él está dispuesto a irse a su casa. 

Hecho el diagnóstico sobre el enfermo, cabe plantearse el cómo, es decir, la medicina para lograr la recuperación de la izquierda en un país con más partidos progresistas que personas. “Cuanto más entremos en el cómo, más fácil se lo ponemos a los aparatos de los partidos. Debe haber confluencia, ciencia, programa”. Rufián propone una serie de recetas, la primera de ellas “no faltar al votante de Vox y de Aliança. No todos son fachas. Es simplemente gente que cree que el culpable de su precariedad es la izquierda”. En segundo lugar, el problema no serían los fascistas, sino “los neutrales”. No hay tantos fascistas, hay más neutrales que totalitarios, según la radiografía del dirigente de Esquerra. En tercer término, sería preciso “hablar de convivencia, de derechos, de deberes”. Luego está la comunicación, el mensaje eficaz. “Hoy el poder no es mediático o político, es digital. Hay que competir de tú a tú ahí. Los jóvenes no saben quién presenta Informe semanal, pero sí saben quién es Vito Quiles”. Y, sobre todo, “ganar derechos, llenarle la nevera a la gente, que la gente tenga tiempo para pensar. No le pidas que cuando llegan a las nueve de la noche de trabajar se pongan a leer los Cuadernos de la cárcel de Gramsci; se van a poner a ver las hormigas [el programa de Pablo Motos de Antena 3 de tinte conservador], que les dicen que no hay que pagar impuestos”. El SOS está lanzado. Si la extrema derecha llega al poder ilegalizará partidos nacionalistas, habrá recortes brutales, el Estado de bienestar sufrirá un retroceso en derechos de varias décadas.

Frente al pragmatismo urgente de Rufián intervino el idealismo necesario de Irene Montero. Reafirmación de las “políticas feministas” y mensaje de ni un paso atrás: “Ningún ciudadano es ilegal”. “Uno de los retos pasa por poner en el centro nuestro proyecto de una sociedad mejor y estar orgullosas de ellos. Hay que recuperar la brújula de los principios”, añadió. En los últimos días los morados se han mostrado proclives a estudiar la oferta de Frente Amplio de Rufián. El portavoz de ERC siempre le ha mostrado la mano tendida al movimiento que nació con los indignados: “Quien crea que esta gente sobra se equivoca. Son imprescindibles”, aseguró. Tras esta invitación, Podemos consultó a sus bases y la decisión fue sí a explorar fórmulas de unidad de cara a las elecciones andaluzas a la vuelta de la esquina. Montero y Pablo Iglesias parecen convencidos, pero quedaba la secretaria general, Ione Belarra, que aún no lo tiene tan claro. “Si todo el planteamiento es de cálculo en la ley electoral, de matemática parlamentaria, de candidatura con más opciones electorales, entonces está clara cuál va a ser la conclusión al final. Que hay que apoyar al PSOE y votar al PSOE porque es la candidatura más grande”, aseguró en su intervención en el Consejo Ciudadano, el máximo órgano del partido. Eso fue hace algunas semanas. Poco a poco, Belarra también ha ido entrando en razón. “Algo hay que hacer, pero hay que hacerlo bien”, sentencia Irene Montero. Por algo se empieza.

Si esta confluencia funciona es, quizá, porque refunde teoría y práctica. Unas veces la izquierda se quedó en la utopía. Error. Otras, fue demasiado utilitarista, olvidando las ideas. Otro craso error. Este es un experimento sintético interesante. La última bala, como dice Rufián. Crucemos los dedos.

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