Feijóo y Abascal acabarán con Renfe si llegan al poder

Las derechas tienen en cartera un duro plan de ajuste para entrar "a saco" en empresas públicas como TVE y Correos

22 de Enero de 2026
Actualizado a las 10:57h
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Renfe será una de las empresas públicas desmanteladas si Vox comparte el poder con el PP
Renfe será una de las empresas públicas desmanteladas si Vox comparte el poder con el PP | Foto: RENFE

El furibundo ataque de Vox contra el Gobierno tras el accidente de Adamuz solo tiene un objetivo: generar miedo entre la población y preparar el terreno para desmantelar la compañía nacional de transportes ferroviarios Renfe. Al partido de Abascal no le importa para nada la seguridad de los viajeros, ni la mejora de la red o la modernización del ferrocarril. Tiene una sola y única obsesión: la liberalización y la entrada de competencia en sectores estratégicos como Renfe. A los líderes voxistas se les ha pillado varias veces exigiendo la supresión de las subvenciones públicas y criticando la ineficiencia del monopolio (un bulo más, ya que hace tiempo que Renfe dejó de ser un monopolio). Además, ha propuesto medidas para una gestión supuestamente más eficiente y privada, y aunque no se trataría de una privatización total inmediata, sí estaríamos ante una primera apertura al mercado. Una primera venta por trozos o parcelas. 

Alberto Núñez Feijóo, que necesita a Vox para llegar a la Moncloa, coincide en buena medida con ese programa político y está dispuesto a hacer concesiones, incluso a tragar con el macabro plan para desmantelar el Estado de bienestar en España. Una operación a gran escala que ya está ocurriendo en países como los Estados Unidos de Trump, la Argentina de Milei y la Italia de Meloni. Vox denuncia las pérdidas de Renfe a pesar de las enormes subvenciones y la falta de competencia, argumentando que esto lleva a una situación insostenible y puede forzar una privatización futura si no se toman medidas. Aboga por abrir el transporte ferroviario a la competencia de forma total, permitiendo que todo operador privado que lo desee entre a competir con la compañía nacional. Ese sería el final de la empresa que fue creada en 1941.

En realidad, el futuro negro de Renfe si gobierna el PP en coalición con Vox es lo que le espera a otras empresas públicas como TVE o Correos. Vox quiere entrar en el ente público “con lanzallamas” si es posible, como ha dicho algún que otro líder ultra, para acabar con la televisión de todos. Mayor competencia y menor intervención, esa es la consigna. También hacer negocio desmontando ladrillo a ladrillo el edificio del Estado de bienestar que tanto nos ha costado construir desde 1975, cuando el dictador pasó a mejor vida.

En general, Vox propone modelos que incentiven la competencia y reduzcan el control gubernamental, y defiende la supresión del canon para los ciudadanos y la búsqueda de fuentes de financiación alternativas. Tampoco le gusta el actual modelo de financiación de RTVE (dependiente de los Presupuestos Generales del Estado y de la publicidad) y defiende una reforma que garantice mayor pluralidad, independencia y eficiencia. Y cuando ofrecen una televisión que se centre en “información objetiva, con menos sesgo político y más variedad de contenidos, ajustándose a una realidad mediática más plural y digital”, lo que está proponiendo en el fondo, veladamente, es un mayor control por parte de la extrema derecha.

Los cargos y ministerios ya están repartidos y, sin duda, Feijóo daría el goloso caramelo de las privatizaciones a Santiago Abascal: la posibilidad de desguazar una televisión pública que causa urticaria a las élites, y más ahora, después de que Pedro Sánchez haya dado un giro progresista y de elevado calado cultural a las dos cadenas de TVE. La información veraz, las tertulias políticas plurales, los valores humanos, la defensa de los derechos de las minorías (que jamás habían tenido tanta voz como hoy en la pequeña pantalla), el feminismo, la lucha contra el racismo y la recuperación de la memoria histórica mediante programas y reportajes que expliquen lo que fue la Guerra Civil y la dictadura forman parte de las parrillas de los diferentes espacios tanto diurnos como nocturnos. Todo eso asquea a Vox, enfrascado en su delirante guerra cultural.

En cuanto a Correos, la vicepresidenta del Gobierno, María Jesús Montero, ha criticado al PP y a Vox por un supuesto intento de privatización del servicio nacional postal. A su vez, el sindicato CCOO denuncia el intento de la derecha de ir hacia una “privatización encubierta” de la compañía. Y en lo que concierne a la Sanidad pública, basta ver lo que está haciendo al derecha en las comunidades autónomas donde gobierna. El caos en el servicio de Atención Primaria, el escándalo del hospital de Torrejón y el drama de las mamografías en Andalucía indican que el proceso de venta de lo público a lo privado, el capitalismo de amiguetes, ya ha comenzado.

Vox propone una apertura al mercado y una gestión privada de Renfe, mientras que para TVE busca una reforma profunda de su financiación y modelo de gobernanza para evitar adoctrinamientos democráticos. Es así como RTVE acabará siendo el NO-DO del nuevo franquismo posmoderno. Nada está salvo de los planes privatizadores, ni siquiera las pensiones. El partido de Abascal quiere desmantelar el sistema público para sustituirlo por uno “mixto” y reducir en 15 puntos la tributación de las rentas más altas, que pasaría del 45 al 30 por ciento. Los ultras apuestan por acabar con las pensiones y han lanzado una abominable campaña de intoxicación en redes sociales que está desinformando a la juventud. Cada vez son más los jóvenes que ven a los jubilados boomers como parásitos de la sociedad que viven a costa de “la paguita”. No entienden que la jubilación es un derecho adquirido de las personas tras décadas de duro trabajo en el mercado laboral. Renfe, TVE, Correos, las pensiones… Nada quedará a salvo de la codicia y el ansia privatizadora de esta gente.

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