Feijóo sigue hundiendo al PP

El líder del PP se enfrenta a los malos resultados en las comunidades autónomas, al creciente auge de Vox, a la descomposición de Nuevas Generaciones y al desvarío estratégico ante la guerra de Irán

10 de Marzo de 2026
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Feijóo relegado a un segundo plano entre los grandes líderes europeos
Feijóo relegado a un segundo plano entre los grandes líderes europeos

La dirección nacional del Partido Popular atraviesa uno de los momentos más delicados desde la llegada de Alberto Núñez Feijóo a la presidencia del partido. Diversos analistas y sectores internos sostienen que el liderazgo del dirigente gallego se encuentra en cuestión debido a una serie de frentes abiertos que, combinados, proyectan la imagen de un partido en retroceso: posibles malos resultados en Castilla y León, el bloqueo institucional en Extremadura, el auge de Vox en varias comunidades y la creciente descomposición de Nuevas Generaciones, donde voces críticas denuncian una deriva hacia posiciones cada vez más radicalizadas. Todo ello alimenta la percepción de que el PP vive una crisis de rumbo que amenaza con fracturar su proyecto político. Por no entrar en el delirio de Feijóo ante la guerra de Irán y en su papel de segundón entre los líderes conservadores europeos (en cada reunión demuestra que no es nadie en Europa). Su posicionamiento al lado de Trump resulta infecto. Sin duda, Feijóo está hundiendo al PP.

Cuando Feijóo asumió el mando del PP, lo hizo con la promesa de estabilizar el partido, recuperar el centro político y ofrecer una alternativa sólida al Gobierno. Sin embargo, distintos observadores señalan que la estrategia seguida desde entonces no ha logrado consolidar un espacio propio. La convivencia entre sectores moderados y corrientes más duras ha generado tensiones internas que se han hecho visibles en decisiones estratégicas, pactos territoriales y mensajes contradictorios.

La sensación de desconcierto se ha intensificado en los últimos meses. Dirigentes regionales, según recogen diversos medios, expresan en privado su preocupación por la falta de una línea clara y por la dependencia creciente de Vox en territorios clave. Esta situación, afirman, erosiona la imagen de un PP autónomo y capaz de liderar mayorías amplias.

Las elecciones en Castilla y León se han convertido en un punto de inflexión para el partido. Aunque tradicionalmente ha sido un bastión popular, los sondeos recientes apuntan a un desgaste significativo. Analistas electorales interpretan este retroceso como un síntoma de un problema más profundo: la pérdida de conexión con parte del electorado conservador tradicional y la incapacidad de atraer votantes moderados que buscan estabilidad y gestión.

El resultado que finalmente se produzca en esta comunidad será leído como un examen directo al liderazgo de Feijóo. Un mal desempeño reforzaría la idea de que el PP no está logrando capitalizar el desgaste del Gobierno central y que, lejos de crecer, se encuentra estancado o incluso retrocediendo en territorios donde históricamente dominaba.

Otro de los elementos que alimentan la percepción de crisis es el bloqueo institucional en Extremadura. La imposibilidad de alcanzar acuerdos estables entre el PP regional de María Guardiola y Vox ha derivado en una parálisis que, según diversas voces dentro del PP, transmite una imagen de improvisación y falta de estrategia. El partido se encuentra atrapado entre dos presiones: por un lado, la necesidad de gobernar; por otro, el temor a ceder demasiado espacio a un socio que compite por el mismo electorado. Y la culpa de esta situación no la tiene nadie más que Feijóo: fue idea suya adelantar los comicios para, supuestamente, desplazar al partido de Abascal del tablero político. Le salió el tiro por la culata.

Este equilibrio inestable ha generado tensiones internas y ha abierto un debate sobre la relación con Vox. Algunos dirigentes territoriales reclaman una línea más firme y coherente, mientras que otros consideran que la dependencia del partido de Santiago Abascal es ya estructural y que cualquier intento de distanciamiento podría traducirse en pérdidas electorales adicionales.

El crecimiento de Vox en varias comunidades autónomas ha añadido presión al PP. Un 20 por ciento en estimación de voto del partido verde, tal como predicen algunas encuestas sobre proyección de cara a las generales, es un auténtico desastre para el PP. Todo ello mientras el PSOE parece resistir. Según diversos estudios demoscópicos, el partido de Abascal continúa consolidándose en zonas donde el PP esperaba recuperar terreno. Este avance se interpreta como una señal de que parte del electorado conservador percibe a Vox como una opción más clara, más contundente o más alineada con sus preocupaciones.

Para Feijóo, esta situación representa un desafío estratégico: si se acerca demasiado a Vox, corre el riesgo de perder el centro político; si se distancia, puede facilitar que Vox siga captando votantes por la derecha. Esta tensión ha generado mensajes contradictorios y ha dificultado la construcción de un relato coherente que permita al PP diferenciarse sin fracturar su base electoral.

A la crisis territorial y electoral se suma la situación interna de Nuevas Generaciones, la organización juvenil del PP. La dimisión de su secretario general, Carlo Giacomo Angrisano, que se ha marchado pidiendo el voto para Vox, no es una buena noticia para Génova. Sus cachorros se voxizan, se vuelven ultras por momentos, lo que da sangre nueva a Vox. En los últimos meses, distintos medios han informado de conflictos internos, dimisiones, enfrentamientos entre facciones y acusaciones de radicalización ideológica. Algunos sectores del partido consideran que la organización se ha convertido en un espacio donde proliferan discursos más duros, alejados de la línea moderada que Feijóo intenta proyectar.

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