Feijóo, un anocrático de manual

El líder del PP se encamina hacia una concepción del Estado a medio camino entre una dictadura y una democracia, rasgo típico de la anocracia

03 de Febrero de 2026
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Feijóo con Aznar en una imagen de archivo. Foto Flickr PP
Feijóo con Aznar en una imagen de archivo. Foto Flickr PP

El término anocracia se utiliza en ciencia política para describir sistemas híbridos, situados entre la democracia plena y el autoritarismo, caracterizados por la erosión de normas, la deslegitimación de instituciones y la inestabilidad deliberada. Aplicado al contexto español, podríamos emplearlo para describir el estilo político de Alberto Núñez Feijóo desde que asumió el liderazgo del Partido Popular. Determinadas estrategias de oposición impulsadas por el PP encajan en dinámicas propias de sistemas donde la institucionalidad se debilita como herramienta de combate político.

El liderazgo de Feijóo ha ido configurando una forma de oposición que, según sus críticos, se apoya en la deslegitimación sistemática del Gobierno, la erosión de los contrapesos institucionales y la normalización de un clima político donde la confrontación sustituye a la gobernabilidad. Desde su llegada a la presidencia del PP, Feijóo se presentó como un dirigente moderado, capaz de reconstruir puentes institucionales y devolver estabilidad al debate público. Sin embargo, ha pactado con Vox, un partido neofranqusita que promueve acabar con la democracia tal como hoy la conocemos para implantar un régimen autocrático más parecido al norteamericano.

La evolución de su estrategia ha sorprendido a quienes esperaban un liderazgo más institucionalista. La oposición del PP se ha articulado en torno a una idea central: el Gobierno no es legítimo, no por sus decisiones, sino por su propia existencia. Este marco se ha repetido en múltiples episodios: la negativa a reconocer la legitimidad de los pactos parlamentarios del Ejecutivo, la acusación de “golpe institucional” por reformas legales aprobadas en el Congreso, la denuncia de que el Gobierno “ha roto España” por acuerdos con partidos nacionalistas, la insistencia en que el Ejecutivo es “ilegal”, “ilegítimo” o “fraudulento”.

Este tipo de discurso no es nuevo en la política comparada: forma parte de las dinámicas anocráticas, donde la oposición no se limita a criticar políticas, sino que cuestiona la validez del propio sistema cuando no lo controla. Uno de los elementos más citados por quienes hablan de “anocracia” en relación con Feijóo es el bloqueo del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ). El PP mantuvo paralizada su renovación durante años. La estrategia se ha convertido en un símbolo de la confrontación institucional: un órgano clave del Estado permanece en funciones durante años porque la oposición considera que su renovación no le sería favorable.

Este bloqueo no es un simple desacuerdo político. Para algunos analistas, constituye un ejemplo de cómo la oposición puede utilizar las instituciones no para fortalecerlas, sino para erosionarlas cuando no controla su funcionamiento. En sistemas anocráticos, este tipo de tácticas se convierten en mecanismos para debilitar la arquitectura democrática desde dentro.

Otro rasgo señalado es la tendencia del PP a cuestionar la validez de decisiones parlamentarias cuando no coinciden con su posición. La aprobación de leyes mediante mayorías legítimas ha sido descrita por Feijóo como “asalto institucional”, “fraude democrático” o “corrupción política”. Este tipo de retórica sitúa al Parlamento (núcleo de la democracia representativa) como un espacio sospechoso cuando no produce los resultados deseados. Y luego está esa insistencia en arrojar sombras de sospecha sobre procesos electorales. De un tiempo a esta parte, el PP no para de denunciar pucherazos inexistentes. El bulo es otro rasgo fundamental de las anocracias.

La anocracia, en su definición politológica, se caracteriza precisamente por la erosión del poder legislativo y la desconfianza sistemática hacia los mecanismos de representación. La oposición deja de ser un actor que participa en el juego democrático para convertirse en un actor que cuestiona las reglas del juego. El PP ha convertido el Senado, cámara de representación territorial, en un juzgado donde llevar a cabo la causa general paralela contra el sanchismo.

Feijóo ha impulsado movilizaciones callejeras contra decisiones del Gobierno, incluso cuando estas se han tomado dentro del marco constitucional. Manifestaciones frente a sedes del PSOE, protestas convocadas por el propio PP o apoyadas explícitamente por su dirección, y la normalización de la calle como espacio de presión política forman parte de esta estrategia. La movilización social es legítima en democracia, pero cuando se utiliza como sustituto de la acción institucional (y no como complemento) puede derivar en dinámicas anocráticas: la calle se convierte en un mecanismo para cuestionar la autoridad del Estado y para trasladar la disputa política fuera de los cauces institucionales.

Otro elemento característico es la insistencia en que España se encuentra al borde del “abismo”, del “fin del Estado de derecho” o de la “ruptura nacional”. Este tipo de discurso, basado en la idea de que el país está en una crisis existencial permanente, es típico de contextos anocráticos, donde la política se construye sobre la percepción de un colapso inminente. La retórica del colapso cumple una función: justificar la excepcionalidad. Si el sistema está en peligro, cualquier acción (incluido el bloqueo institucional o la deslegitimación del Gobierno) se presenta como necesaria para “salvar” la democracia.

Feijóo ha impulsado una estrategia donde el PP actúa como si fuera un poder alternativo, no subordinado al resultado electoral. Declaraciones institucionales paralelas, reuniones con actores internacionales para contrarrestar la acción del Gobierno, y la construcción de un relato donde el PP se presenta como “la verdadera mayoría social” forman parte de esta lógica. En sistemas anocráticos, la oposición no acepta su papel dentro del marco democrático, sino que se comporta como un poder en la sombra que reclama una legitimidad superior a la que otorgan las urnas.

La tesis de la “anocracia de Feijóo” no sostiene que España haya dejado de ser una democracia, sino que identifica en la estrategia del líder del PP elementos propios de sistemas donde la institucionalidad se debilita deliberadamente: deslegitimación del Gobierno, bloqueo de órganos constitucionales, cuestionamiento del Parlamento, movilización callejera como herramienta de presión, retórica de crisis permanente y construcción de un poder paralelo. Feijóo es un anocrático de manual.

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