El abogado de Begoña Gómez lo tiene claro: el caso abierto por el juez Peinado “es un procedimiento fantasma para erosionar a un Gobierno”. Así lo dijo ayer ante el instructor de la causa por el máster para la Complutense, quien se tomó su tiempo para dictar una resolución sobre el juicio con jurado. Es previsible que Peinado tome una decisión en las próximas horas.
Toda la instrucción del magistrado ha estado sometida a decisiones erráticas corregidas por la Audiencia Provincial de Madrid, polémicas y ecos de politización, casi un espectáculo en manos de las organizaciones ultraderechistas que ahora piden 24 años de prisión para la esposa de Pedro Sánchez. Ni a una peligrosa etarra la trataron con tanta dureza. El escarnio público ya está servido y ahora al magistrado le toca decidir sobre la petición de las acusaciones ultras para retirar el pasaporte e imponer comparecencias quincenales a la esposa del presidente del Gobierno, a lo que se ha opuesto la Fiscalía y las defensas. Si se consumara esa medida cautelar, o aún peor, si se decretara prisión provisional para la primera dama (no parece que Peinado quiera ir por ese camino), ya podría decirse que estamos ante un linchamiento mediático y moral contra una mujer cuyo mayor delito fue pretender continuar con una mínima actividad profesional tras su llegada a la Moncloa.
La vista previa al juicio a Begoña Gómez celebrada ayer estuvo rodeada del habitual circo montado por los grupos fascistas. Autobuses, banderas y corifeos gritando contra el Gobierno a las puertas del juzgado de Plaza Castilla. El letrado de Gómez, Antonio Camacho, aseguró: “Se está haciendo política, pero se está haciendo política en el sitio equivocado. Quien quiera hacer política que vaya a la calle, no a un tribunal. Quien quiera hacer política que no utilice la ecuación de un procedimiento fantasma como forma de erosión de un gobierno con el cual no están de acuerdo. La política no se hace en los juzgados y nadie debería permitir la instrumentalización de un procedimiento penal”.
El abogado añadió que es “verdaderamente absurda” la inferencia del juez según la cual, solo por el hecho de ser la mujer del presidente del Gobierno, cualquier actuación de Begoña Gómez influye “en todo el mundo”.
Sobre las acusaciones ultras, Camacho agregó: “Instaría a las acusaciones a que ese ardor guerrero que han demostrado personándose en esta causa, supongo que por el buen hacer de la administración de Justicia, lo llevaran a todos estos supuestos [en alusión a los asistentes de otras mujeres de presidentes]”.
Camacho llegó incluso a enfrentarse a Peinado. El magistrado interrumpió la intervención del letrado para exigirle que le mirara al hablar, según informa ElDiario.es. Camacho respondió: “No hay ninguna norma procesal que diga hacia dónde tengo que dirigir mi vista mientras estoy interviniendo. Por lo tanto, le pido que si no hay norma procesal, me dirijo a las acusaciones, señoría. Y no existe ninguna norma procesal que me imponga a dirigirme a usted visualmente. No existe. Le rogaría que deje de interrumpirme”. Luego remató su discurso: “Es difícil que alguien pueda sostener que es procedente la apertura del acto de juicio oral cuando no hay ni un solo indicio de ninguno de los delitos, por los cuales la acusación formula tal acusación”.
“El magistrado citó personalmente este lunes a la mujer del presidente y el resto de acusados bajo la amenaza de que, en caso de no presentarse, podrían ser conducidos por la fuerza pública. Su argumento era que, ante las altas penas a las que se exponen, se podría adoptar alguna medida cautelar de naturaleza personal que evite o minimice el riesgo de que se fuguen”, añade ElDiario.es. Durante la vista, el abogado de Begoña Gómez ha calificado de “esencial” el testimonio del codirector de la cátedra, José Miguel Ruano, cuya comparecencia fue denegada por el juez. El juicio sigue envuelto en la polémica y en cierto halo de surrealismo kafkiano judicial.
