El ático de Ayuso ya tiene precio: 6,3 millones y una factura fiscal de 378.000 euros

Planifica Madrid pagó el 6% de ITP por comprar el inmueble como sociedad mercantil pública, una vía que mantuvo la operación fuera del escrutinio ciudadano

05 de Agosto de 2026
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El ático Ayuso, anatomía de un fenómeno político
Isabel Díaz Ayuso, en una imagen de archivo | Foto: CAM

Isabel Díaz Ayuso ha sobrevivido políticamente a casi todo. Ha convertido cada polémica en una guerra contra Pedro Sánchez, cada exigencia de transparencia en una conspiración de la izquierda y cada crítica a su gestión en un supuesto ataque contra Madrid. Sin embargo, el ático de lujo de General Martínez Campos puede ser diferente.

No porque esté demostrado que la presidenta pretendiera vivir en él. Hasta ahora no existe ninguna prueba pública que permita afirmarlo.

El problema es otro, y resulta incluso más grave: una empresa propiedad de todos los madrileños compró discretamente una vivienda de lujo presentada inicialmente como una posible oficina temporal para Ayuso, sin que todavía se hayan publicado la memoria justificativa, la tasación, las alternativas estudiadas, la autorización presupuestaria ni el expediente completo.

Ahora sí se conoce el precio, aunque no porque lo haya comunicado oficialmente el Gobierno regional. Según ha publicado EL PAÍS, citando dos fuentes próximas a la operación, Planifica Madrid pagó 6,3 millones de euros por el ático, anunciado inicialmente por la inmobiliaria Promora por 6,6 millones. La compra se formalizó el 14 de abril.

Cuando la adquisición salió a la luz, el Gobierno regional tardó apenas 33 horas en anunciar que se desprendería del inmueble. Esa velocidad no despeja las dudas. Las multiplica.

Una vivienda de lujo disfrazada de oficina

El anuncio original de Promora, referencia MV5933, no describía un espacio administrativo, un centro de trabajo ni unas dependencias institucionales. Presentaba un «impresionante, único y exclusivo ático de lujo» en Almagro.

La publicidad hablaba de 623 metros cuadrados y una terraza en esquina de 100 metros cuadrados. Por su parte, la nota simple del Registro de la Propiedad consultada por EL PAÍS atribuye al inmueble 485 metros cuadrados, de los que 199 corresponderían a la terraza. Se trata de dos mediciones diferentes cuya discrepancia no ha sido explicada públicamente.

La descripción comercial incluía cinco dormitorios en suite, seis baños, dos plazas de garaje, dos trasteros, cocina con electrodomésticos de alta gama, suelo radiante y refrescante, persianas eléctricas, iluminación personalizada, mármol tecnológico y domótica avanzada.

Y sí: el anuncio original decía expresamente que disponía de una "habitación-sala de cine, perfectamente insonorizada".

Anuncio ático de lujo comprado por la Comunidad de Madrid
Anuncio ático de lujo comprado por la Comunidad de Madrid

No es una interpretación de la oposición, una hipérbole periodística ni una invención surgida en las redes sociales. Era una de las características con las que la inmobiliaria promocionaba la vivienda.

El catálogo ofrecía una propiedad concebida para disfrutar de «una experiencia de vida sin igual», con dormitorios abiertos a la terraza, orientación suroeste, vistas sobre el perfil de Madrid y espacios preparados para organizar cenas y acontecimientos sociales. Todo ello resulta perfectamente legítimo cuando lo compra un particular con su dinero. La cuestión cambia radicalmente cuando quien firma la escritura es una empresa pública.

6,3 millones más 378.000 euros de impuestos

A los 6,3 millones abonados por el inmueble se añadieron, según la información publicada, 378.000 euros en concepto de Impuesto sobre Transmisiones Patrimoniales. La cifra corresponde exactamente al tipo general del 6% que aplica la Comunidad de Madrid a las transmisiones de inmuebles de segunda mano.

Ese pago se produjo porque la compradora fue Planifica Madrid, una sociedad mercantil de capital público. La Administración autonómica disfruta de determinadas exenciones tributarias que no se extienden automáticamente a sus sociedades mercantiles, salvo que exista una previsión legal específica.

Por tanto, el desembolso atribuido a Planifica Madrid asciende a 6.678.000 euros entre precio e impuesto, a falta de conocer los posibles gastos notariales, registrales, jurídicos, financieros o de mantenimiento.

No obstante, existe una precisión imprescindible: los 378.000 euros fueron ingresados en la propia Hacienda de la Comunidad de Madrid. Constituyen un pago para la empresa pública, pero también un ingreso para la Administración regional. No pueden presentarse, por tanto, como una pérdida neta equivalente para el conjunto del sector público madrileño.

La operación también incluyó una comisión inmobiliaria del 3%, equivalente a 189.000 euros. Esa cantidad estaba comprendida dentro del precio de 6,3 millones y fue abonada a Promora por la parte vendedora. No fue un pago adicional efectuado por Planifica Madrid y, por tanto, no debe sumarse nuevamente al desembolso público.

La información de última hora permite conocer las cifras, pero no resuelve la cuestión central: ¿qué órgano autorizó la compra?, ¿qué tasación acreditó que el precio era adecuado?, ¿qué necesidad institucional justificaba adquirir precisamente aquella vivienda? y ¿por qué se empleó una sociedad mercantil pública para formalizarla?

@promorainmobiliaria

Baby I’m back in town🪄. Y estoy por fin en la cima. Solo unos pocos llegamos a ser libres como esos pájaros que vuelan tan alto. El cielo es inmenso y te veo pequeño desde arriba. Sube, si quieres compartir esto conmigo. Un ático único y exclusivo en el corazón de Almagro: 623 m² de lujo absoluto, 5 habitaciones en suite, 6 baños y una espectacular terraza en esquina de 100 m² con vistas panorámicas al skyline de Madrid. Luz natural todo el día, orientación suroeste, diseño contemporáneo, domótica, dos plazas de garaje y dos trasteros. Privacidad, amplitud y una forma de vivir Madrid desde lo más alto. Ref. MV5933 6.600.000 €

♬ sonido original - Promorainmobiliaria

Confidencialidad pagada con dinero público

La revelación más comprometida no está en la terraza, en el mármol ni siquiera en la sala de cine. Está en la confidencialidad.

Promora ha confirmado que la compraventa se desarrolló con normalidad, pero también que tuvo que suscribir, a petición del comprador, un compromiso de confidencialidad. «Nos pidieron privacidad», explicó la inmobiliaria.

El comprador no era una celebridad que quisiera proteger su domicilio ni una familia que pretendiera preservar su intimidad. Era Planifica Madrid, sociedad íntegramente pública adscrita a la Consejería de Presidencia.

Una Administración puede necesitar discreción durante una negociación para impedir que se encarezca artificialmente una compra. Lo que resulta mucho más difícil de justificar es que esa discreción continúe después de formalizarse la escritura y se transforme en opacidad política.

El Gobierno regional no difundió el precio de 6,3 millones, que ha terminado conociéndose por la prensa. Tampoco ha publicado todavía la memoria justificativa, la tasación, el expediente de preparación de la compra ni la ampliación presupuestaria que explique cómo se financió una operación que no estaba individualizada en los presupuestos de Planifica Madrid para 2026.

El Ejecutivo sostiene que los documentos se harán públicos cuando el expediente esté cerrado. Sin embargo, la escritura se firmó el 14 de abril, el inmueble cambió de propietario y el precio fue abonado. Más de tres meses después, el Gobierno no ha precisado cuándo permitirá consultar toda la documentación.

Una compra pública de varios millones no puede funcionar como un truco de ilusionismo: primero desaparece el dinero, después aparece el ático y finalmente se promete que algún día se enseñarán los papeles.

Una explicación que duró unas horas

La primera versión oficial fue que la vivienda serviría como oficina temporal para Ayuso y un «equipo mínimo» durante las obras de la Real Casa de Correos. Horas después, fuentes próximas a la presidenta rebajaron aquella explicación: el destino como oficina todavía no estaba decidido «al cien por cien».

Ayuso aseguró que el inmueble no sería su casa ni su residencia oficial. También afirmó: «La compra sé que es reciente y no sé ni cómo se compra ni cómo se cuenta».

La defensa resulta políticamente demoledora. Si el ático fue adquirido para desarrollar la actividad institucional de la presidenta, resulta difícil aceptar que Ayuso desconociera el procedimiento y el precio de una operación millonaria promovida por una empresa dependiente de su Gobierno.

Y si no se compró para ella, la Comunidad debe explicar inmediatamente quién solicitó la adquisición, qué uso concreto iba a recibir y con qué planificación.

A ello se suma el problema urbanístico. La normativa municipal impide implantar ordinariamente una oficina o un uso dotacional en la planta ático de un edificio con las características del adquirido. El Ejecutivo no ha mostrado hasta ahora una licencia, una consulta urbanística o un informe municipal que acredite la viabilidad del destino anunciado.

Comprar una vivienda de lujo sin acreditar previamente que puede destinarse legalmente al uso institucional anunciado no es planificación. Es improvisación con dinero público.

El anuncio de la venta que no borra la compra

La reacción del Gobierno fue anunciar que el ático se vendería junto con otros cuatro inmuebles de la Gran Vía y que los ingresos se destinarían a reforzar la reconstrucción de la Sierra Oeste tras los incendios. El Ejecutivo calcula obtener entre 20 y 22 millones de euros con el conjunto de las operaciones.

Hasta ahora se ha anunciado la decisión política de venderlo, pero no se ha hecho público el procedimiento concreto, el precio de salida ni las condiciones de comercialización. Tampoco puede darse por garantizado que la operación produzca una plusvalía.

Vender el ático no responde a las preguntas sobre su compra. Tampoco elimina los posibles gastos notariales, registrales, fiscales, jurídicos o de mantenimiento. Hasta que se publique la documentación completa y se consume la venta, no podrá calcularse cuánto ha costado realmente esta ida y vuelta inmobiliaria.

La utilización de los incendios para explicar la rectificación agrava además el problema político. El dinero para reconstruir los municipios afectados debía movilizarse porque sus vecinos lo necesitaban, no porque el Gobierno hubiera sido sorprendido en una operación inmobiliaria inexplicada.

Si vender el ático era una decisión tan razonable, ¿por qué se había comprado solo tres meses antes? Si la emergencia alteró las prioridades, ¿por qué no se conoció la adquisición hasta que fue descubierta? Y si la compra era impecable, ¿por qué deshacerla apenas 33 horas después de hacerse pública?

El abogado Javier Flores ha presentado una denuncia ante el Tribunal de Cuentas para que investigue si la compra y la posterior venta pueden ocasionar un menoscabo a los fondos públicos por los costes irreversibles asociados a una propiedad que no llegó a utilizarse. La denuncia no demuestra que exista responsabilidad contable, pero abre una nueva vía de fiscalización sobre la operación.

Más Madrid también ha puesto los hechos en conocimiento de un juzgado por una posible malversación. Esa iniciativa tampoco acredita por sí misma la comisión de un delito: la responsabilidad penal tendrá que determinarla, en su caso, un juez. La responsabilidad política ya está sobre la mesa.

El escándalo que rompe el personaje

El verdadero peligro electoral para Ayuso no son únicamente los millones. Es el relato.

Durante años, la presidenta ha construido una identidad política basada en la libertad individual, la rebeldía frente a la burocracia y la denuncia de los privilegios de quienes viven del Estado. El ático proyecta exactamente la imagen contraria: lujo adquirido con dinero público, confidencialidad contractual, ausencia de explicaciones y rectificación apresurada.

La polémica ha provocado desconcierto incluso dentro del Partido Popular, mientras la dirección nacional ha evitado respaldar expresamente la operación.

Ayuso ha sido eficaz convirtiendo asuntos complejos en consignas emocionales. Pero este caso también puede resumirse en una imagen sencilla: mientras miles de madrileños tienen dificultades para acceder a una vivienda, el Gobierno regional compró por 6,3 millones un ático anunciado con cinco dormitorios en suite, seis baños, terraza panorámica, dos garajes y sala de cine, supuestamente para instalar una oficina temporal cuyo destino ni siquiera estaba decidido completamente.

Ese contraste atraviesa ideologías. Lo entiende un votante de izquierdas, pero también un autónomo conservador, una familia que no encuentra alquiler, un funcionario que trabaja en instalaciones precarias o cualquier contribuyente que exige una justificación para cada euro público.

Ayuso todavía puede contener parte del daño. Para ello tendría que publicar inmediatamente la escritura, la tasación, la memoria justificativa, las actas de Planifica Madrid, la autorización presupuestaria, las alternativas estudiadas, los costes acumulados, el acuerdo de confidencialidad y los informes urbanísticos.

También debería identificar quién propuso la adquisición, quién negoció el precio, quién autorizó la utilización de Planifica Madrid y quién decidió poner el inmueble nuevamente a la venta.

Lo que ya no puede sostenerse es que el precio siga siendo desconocido. Según la información publicada, fueron 6,3 millones, más 378.000 euros de ITP. La comisión de 189.000 euros estaba incluida en el precio y corrió a cargo del vendedor.

El ático no tiene por qué costarle necesariamente las elecciones a Ayuso. Pero contiene todos los ingredientes capaces de hacerlo: arrogancia, lujo, opacidad, contradicciones e improvisación con dinero público.

Y, sobre todo, deja una pregunta que ninguna campaña propagandística puede borrar:

¿Para qué necesitaba realmente el Gobierno de Madrid un ático con cinco dormitorios y una sala de cine?

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