Ayuso pierde el guion entre las cenizas y los áticos

La presidenta convirtió su visita a los pueblos arrasados por los incendios en una operación de distracción política, pero ni sus ataques a Sánchez ni sus proclamas sobre una supuesta invasión borrarán las preguntas sobre las viviendas de González Amador

03 de Agosto de 2026
Actualizado a las 12:39h
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La presidenta de la comunidad de Madrid, de visita a los lugares del incendio para hacer propaganda e intentar tapar la polémica de los áticos, foto CAM
La presidenta de la comunidad de Madrid, de visita a los lugares del incendio para hacer propaganda e intentar tapar la polémica de los áticos, foto CAM

Isabel Díaz Ayuso visitó este domingo Colmenar del Arroyo y Pelayos de la Presa para conocer los trabajos de reconstrucción emprendidos tras los incendios que han devastado la Sierra Oeste madrileña. El recorrido incluía instalaciones afectadas por el fuego y el Punto de Ayuda Tras el Incendio creado para atender y asesorar a los vecinos. Era, en principio, una ocasión para escuchar a las personas damnificadas, explicar las ayudas y responder por las actuaciones de un Gobierno autonómico con competencias directas en prevención forestal, emergencias y reconstrucción.

Sin embargo, la presidenta madrileña volvió a abandonar rápidamente el asunto que justificaba su presencia para lanzarse a una extensa intervención sobre Ceuta, Marruecos, Pedro Sánchez y el supuesto aislamiento internacional de España. El resultado fue uno de sus discursos más desordenados de los últimos tiempos: una mezcla de afirmaciones ciertas, exageraciones sin respaldo, conjeturas geopolíticas y frases diseñadas para circular en las redes sociales, pero poco compatibles con la responsabilidad institucional que exige una crisis de esta magnitud.

Ayuso comenzó proclamando que “Ceuta es España” y trasladando su apoyo a los habitantes de la ciudad autónoma, a la Policía Nacional y a la Guardia Civil. Hasta ahí, nada debería resultar polémico. Ceuta forma parte indiscutible del territorio español y atravesó una emergencia fronteriza extraordinaria que desbordó temporalmente sus servicios y exigió una respuesta urgente del Estado.

El problema apareció cuando la presidenta convirtió esa solidaridad en una sucesión de diagnósticos alarmistas. Calificó lo sucedido como una “invasión intolerable”, aseguró que España se ha “enemistado con todos los países occidentales que tienen pulso” sí y afirmó que en Europa contemplan al país sin saber si terminarán cerrándole incluso el tráfico aéreo. También pronosticó que la situación “va a ir a más” y sostuvo que la crisis de Ceuta había sido una prueba de Marruecos para una próxima actuación contra Ceuta y Melilla.

No presentó ninguna información concreta que respaldara esa última acusación. Puede sospecharse que Marruecos ha utilizado históricamente la presión migratoria como herramienta diplomática y existe un precedente evidente en la crisis de Ceuta de 2021. Pero una presidenta autonómica no debería convertir una hipótesis de extrema gravedad en una certeza pública sin aportar pruebas, especialmente cuando está hablando de relaciones internacionales, seguridad nacional e integridad territorial.

El agradecimiento que Ayuso decidió deformar

La frase más llamativa llegó cuando Ayuso preguntó por qué Pedro Sánchez había dado las gracias a Marruecos: “¿Las gracias por qué? Ya es lo que nos faltaba. ¿Pero a qué país se le ocurre dar las gracias por esto?”.

La formulación crea la impresión de que el presidente del Gobierno agradeció a Rabat que permitiera o provocara la entrada masiva de personas en Ceuta. Eso no fue lo que dijo Sánchez.

 El presidente agradeció expresamente la voluntad de cooperación marroquí para agilizar las repatriaciones y recuperar el control de la situación. También denunció públicamente una “violación de la integridad territorial de España”. Se puede criticar su estrategia diplomática, cuestionar que Marruecos sea un socio fiable o exigir una explicación sobre cómo pudo producirse una crisis semejante. Pero presentar su agradecimiento a la colaboración en los retornos como si hubiera agradecido la propia avalancha constituye una manipulación del contexto.

Ayuso no estaba desmontando una contradicción del Gobierno; estaba fabricando una frase más fácil de atacar que la realmente pronunciada. Es una técnica eficaz para un corte de vídeo, pero deficiente como intervención institucional.

España no puede ser fuerte y estar siempre al borde del colapso

La presidenta madrileña acostumbra a presentarse como una de las grandes defensoras de España. Sin embargo, sus discursos más recientes describen un país sin aliados, desprestigiado en Europa, incapaz de proteger sus fronteras y convertido en una amenaza para la seguridad continental.

Esa retórica incurre en una paradoja difícil de ocultar. Quien pretende reivindicar el patriotismo acaba ofreciendo una imagen devastadora de España. La crítica al Gobierno es legítima y necesaria, especialmente ante una emergencia que el propio Ejecutivo central admitió no haber previsto. Pero existe una diferencia entre exigir responsabilidades y afirmar, sin matices, que el país está aislado de todo Occidente.

España no quedó sin apoyo exterior. La Comisión Europea sostuvo que ofreció asistencia desde el primer momento y se convocó una reunión extraordinaria de ministros europeos de Interior. Varios gobiernos criticaron duramente la gestión española, mientras otros expresaron solidaridad. Europa apareció dividida, no unida contra España como sugirió Ayuso.

En política exterior, las palabras tienen consecuencias. Una presidenta autonómica puede criticar a Sánchez, pero debería medir el efecto de proclamar que España está sola, que carece de aliados fiables y que compromete el orden de todo el continente. Ese discurso no fortalece al país frente a Marruecos. Lo debilita al convertir la disputa partidista interna en munición para cualquiera que quiera presentar a España como un Estado fallido.

Una visita convertida en maniobra de distracción

El escenario elegido agrava la sensación de improvisación. Ayuso no comparecía en un acto del Partido Popular sobre política migratoria ni ante un foro de seguridad. Estaba visitando pueblos quemados cuyos habitantes necesitan soluciones inmediatas: viviendas, carreteras, abastecimiento, ayudas económicas, reparación de negocios y recuperación medioambiental.

La Comunidad ha anunciado medidas fiscales, ayudas de vivienda y actuaciones para los 17 municipios afectados. Esas decisiones merecen explicación, evaluación y seguimiento.

Pero la presidenta dedicó buena parte de su intervención pública a una crisis situada a cientos de kilómetros y de competencia estatal. El desplazamiento del foco le permite ocupar el espacio político nacional y evitar preguntas más incómodas sobre la prevención forestal, la situación de los bomberos, la ejecución de las ayudas o la reconstrucción real de la Sierra Oeste.

También reaparecía después de varios días marcados por la polémica compra de un ático de lujo por una empresa pública regional, operación que su Gobierno decidió revertir apenas se hizo pública. En lugar de ofrecer explicaciones completas sobre ese expediente, Ayuso optó por elevar el tono contra Marruecos y Sánchez.

De los discursos calculados a la improvisación

Hubo un tiempo en el que Ayuso construía mensajes simples, disciplinados y políticamente eficaces. Se podía discrepar profundamente de ellos, pero estaban preparados para alcanzar un objetivo concreto y golpear al adversario.

Ahora el mecanismo empieza a mostrar desgaste. Las frases se acumulan sin jerarquía, las acusaciones se vuelven más extremas y la necesidad de producir titulares termina sustituyendo al argumento. Lo que antes parecía una estrategia calculada empieza a parecer una carrera por pronunciar la declaración más rotunda del día.

La visita a la Sierra Oeste podía haber servido para transmitir seguridad, rendir cuentas y acompañar a una población golpeada por el fuego. Terminó convertida en un mitin improvisado sobre fronteras, conspiraciones futuras y aislamiento internacional.

Ayuso quiso exhibirse como defensora de España, pero acabó describiendo un país débil, abandonado y temido por sus vecinos. Quiso desacreditar a Sánchez por agradecer la colaboración marroquí y ocultó que ese agradecimiento se refería a las repatriaciones. Quiso apoyar a los pueblos incendiados y terminó utilizándolos como decorado para intervenir en otra crisis.

No fue uno de aquellos discursos bien construidos que obligaban a sus adversarios a reaccionar. Fue una sucesión de mensajes chapuceros que, más que dañar al Gobierno central, dejaron a la propia presidenta en un lugar difícil de defender.

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