Feijóo dinamita el relato de Ayuso sobre el ático

El líder del PP admite que conocía desde abril que el Gobierno madrileño buscaba un inmueble para trasladar temporalmente el gabinete de Presidencia.

24 de Agosto de 2026
Guardar
Ayuso y Feijóo
Isabel Díaz Ayuso y Alberto Núñez Feijóo. Foto PP

Hay declaraciones que pretenden apagar un incendio y terminan echándole gasolina. Alberto Núñez Feijóo acaba de pronunciar una de ellas.

El presidente del Partido Popular ha reconocido que desde abril sabía que el Gobierno de Isabel Díaz Ayuso buscaba “un lugar” para trasladar temporalmente el despacho de la presidenta y parte de su gabinete mientras se realizaban obras en la Real Casa de Correos. Lo ha explicado en una entrevista concedida a Europa Press, en la que además ha dejado una frase todavía más incómoda para Sol: Patrimonio de la Comunidad de Madrid tendrá que explicar por qué se compró un inmueble que no podía destinarse a oficina.

Conviene medir exactamente la gravedad de estas palabras sin añadirles lo que no dicen. Feijóo no ha afirmado que conociera previamente la compra concreta del ático de Chamberí ni que supiera que costaría 6,3 millones de euros. Según su versión, sabía que se buscaba un espacio para el traslado y asegura que posteriormente se enteró por la prensa de que el inmueble adquirido no podía utilizarse como oficina.

Pero esa precisión no elimina el problema. Lo hace más interesante. Porque la pregunta ya no es únicamente qué sabía Isabel Díaz Ayuso. Ahora también hay que preguntar qué sabía Alberto Núñez Feijóo, cuándo lo supo y quién se lo contó.

La cronología resulta demoledora.

Planifica Madrid compró el ático el 14 de abril de 2026. Feijóo sitúa también en abril la reunión en la que asegura que conoció que el Gobierno madrileño necesitaba buscar una ubicación provisional para Presidencia. No ha trascendido públicamente, al menos por ahora, si aquella conversación fue anterior o posterior a la adquisición.

Y ese detalle es fundamental.

Porque Ayuso había construido hasta ahora una defensa basada precisamente en alejarse de la gestión concreta de Planifica Madrid. El pasado 5 de agosto llegó a declarar que las operaciones de compra y venta de inmuebles de esa empresa pública no eran competencia suya y añadió: “Yo no tengo ni la menor idea”. Remitió las explicaciones a la Consejería de Presidencia, encabezada por Miguel Ángel García Martín, uno de sus hombres de máxima confianza.

Las dos versiones no son necesariamente incompatibles.

Ayuso podría haber conocido la necesidad general de buscar una ubicación provisional y desconocer qué inmueble concreto terminó adquiriendo Planifica. Feijóo, de la misma manera, podría haber sabido únicamente que se preparaba un traslado sin conocer la operación inmobiliaria.

Pero entonces aparece una pregunta todavía más incómoda:

¿Quién tomó la decisión de comprar aquel ático?

No hablamos de alquilar durante unos meses unas oficinas. Hablamos de comprometer 6,3 millones de euros de una sociedad íntegramente pública en la compra de un inmueble de 485 metros cuadrados que posteriormente se descubrió que no podía tener el uso que supuestamente justificaba su adquisición. La operación no figuraba entre las compras previstas y quedó fuera del conocimiento público hasta que fue revelada por la prensa.

A estas alturas, responder con un “yo no sabía nada” empieza a resultar insuficiente.

Feijóo acaba de romper el cortafuegos

Hasta ahora Sol podía intentar presentar el asunto como una decisión administrativa de una empresa pública. Feijóo acaba de elevarlo de categoría.

Porque si el presidente nacional del PP fue informado de que existía un proyecto para trasladar temporalmente el despacho de Ayuso y su gabinete, estamos ante una cuestión que, al menos políticamente, había ascendido mucho más arriba que una rutinaria compraventa patrimonial.

¿Por qué debía conocer Feijóo que la Comunidad de Madrid buscaba un lugar para instalar temporalmente siete u ocho puestos de trabajo?

Es una pregunta legítima.

Los presidentes nacionales de los partidos no reciben normalmente información sobre cada cambio provisional de despacho, cada obra de climatización o cada necesidad inmobiliaria de todas las administraciones gobernadas por su formación.

Puede existir una explicación perfectamente razonable. Feijóo dice que se encontraba en una reunión informal en Sol y que allí se habló de las obras.

Pero precisamente por eso ahora sería necesario conocer cuándo se celebró aquella reunión, quién estaba presente, qué se explicó exactamente y si para entonces el ático ya había sido comprado

Óscar Puente señala la contradicción

Óscar Puente lo ha resumido de manera políticamente devastadora: si Feijóo sabía algo que aparentemente Ayuso decía desconocer, alguien tiene que explicar cómo encajan ambas versiones.

La formulación del ministro quizá simplifique demasiado las posibilidades. No es obligatorio concluir que uno de los dos miente: existe una tercera hipótesis, que ambos conocieran partes distintas de la operación.

Pero esa posibilidad tampoco salva al Gobierno madrileño.

Al contrario. Obliga a reconstruir toda la cadena de decisiones.

Quién pidió el inmueble. Quién autorizó buscarlo. Quién eligió ese ático. Qué alternativas se estudiaron. Quién sabía que estaba destinado a Presidencia. Quién comprobó sus usos urbanísticos. Quién autorizó los 6,3 millones. Y quién decidió no comunicar públicamente la compra.

Aquí ya no vale señalar a una sociedad mercantil como si hubiera actuado sola. Las sociedades públicas no tienen voluntad política propia.

Ayuso empieza a descubrir el precio de acumular enemigos

Hay además una dimensión política que Ayuso debería conocer mejor que nadie.

Durante años ha construido buena parte de su poder sobre la confrontación. Contra Sánchez, contra ministros, contra adversarios políticos y también, demasiadas veces, contra periodistas y medios que publicaban informaciones incómodas.

No es una apreciación abstracta. Su jefe de gabinete, Miguel Ángel Rodríguez, llegó a escribir a una periodista de elDiario.es mensajes como “os vamos a triturar” después de que ese medio publicara informaciones sobre la pareja de la presidenta. El Tribunal Constitucional terminó amparando a la oposición madrileña frente al veto parlamentario que impedía preguntar por aquellos mensajes.

Rodríguez reconoció también haber difundido datos de dos periodistas de EL PAÍS que investigaban cuestiones relacionadas con la vivienda de Ayuso y su pareja, aunque la causa judicial por la obtención de esos datos fue posteriormente archivada.

¿Una metedura de pata o Feijóo ha hablado más de la cuenta?

¿Por qué Feijóo cuenta ahora que sabía desde abril que se buscaba una ubicación?

Podía limitarse a defender que las explicaciones correspondían al Gobierno madrileño. Podía decir que desconocía los detalles. Podía incluso recurrir al argumentario tradicional de Génova y acusar a la oposición de exagerar.

No lo hizo.

Introdujo voluntariamente un dato nuevo.

Y además añadió que Patrimonio deberá explicar por qué adquirió un inmueble que no podía utilizarse para el objetivo anunciado. Eso se parece bastante más a pedir explicaciones que a cerrar filas

El problema ya alcanza a Feijóo

Hasta ahora este era el ático de Ayuso. Desde este domingo empieza a ser también, inevitablemente, el problema de Feijóo. Porque él mismo se ha situado en la cronología.

Y eso ocurre en un momento extraordinariamente delicado.

Feijóo está intentando convertir la crisis de Ceuta en uno de los grandes argumentos contra el Gobierno de Pedro Sánchez. Ha endurecido hasta el extremo su discurso migratorio, reclamando el retorno de quienes entraron irregularmente, incluidos los menores, mientras Bruselas ha recordado que los menores vulnerables están sujetos a obligaciones específicas de protección y que las repatriaciones exigen garantías.

El PP quiere hablar de Ceuta, de corrupción socialista y de la debilidad parlamentaria del Gobierno.

Y de repente tiene que explicar un ático de 6,3 millones de euros comprado por una Administración del PP y unas palabras de su propio candidato a la presidencia del Gobierno.

Con elecciones generales confirmadas para 2027 —aunque aún sin fecha concreta—, Feijóo tiene un incentivo evidente para impedir que una crisis regional contamine su proyecto nacional. Pedro Sánchez ha reiterado que los comicios serán en 2027.

“¿Puede caer Ayuso?”.

La pregunta políticamente relevante es otra: si el caso continúa creciendo, ¿hasta dónde puede arrastrar a Feijóo?

Y mientras todo esto sucede, la izquierda madrileña debería mirar el calendario.

Las elecciones autonómicas serán en mayo de 2027. Mónica García será la candidata de Más Madrid; Óscar López encabezará el PSOE; e Ione Belarra ha anunciado que liderará la candidatura de Podemos.

Tres candidatos para enfrentarse a una presidenta que, pese a sus problemas actuales, conserva una formidable maquinaria política, institucional y mediática.

Hay tiempo para competir por programas, identidades y espacios políticos. Pero también debería haber tiempo para hacerse una pregunta incómoda: ¿qué es más importante, que cada organización preserve su parcela o que exista una posibilidad real de cambio en Madrid?

Las oportunidades políticas no avisan dos veces.

La izquierda madrileña debería entenderlo antes de que sea demasiado tarde. Porque la gran pregunta de los próximos meses ya no será únicamente cuánto puede resistir Ayuso. Será quién está preparado para sustituirla si finalmente deja de parecer invulnerable.

Y desde este domingo hay otra pregunta añadida: si cae el muro de Sol, ¿aguantará Génova el derrumbe?

Añadir DiarioSabemos como fuente preferida de Google de forma gratuita

Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.

Activar ahora
Lo + leído