La vivienda empobrece a la clase media y enriquece a los multipropietarios

El estudio del Ministerio de Consumo y el CSIC concluye que el acceso a la vivienda se ha convertido en el principal factor de desigualdad económica en España. Mientras disminuye la clase media propietaria, crecen los hogares sin vivienda

Vivienda España
Imagen generada con IA con la herramienta FreePik

Durante décadas, comprar una vivienda fue el gran ascensor social de la clase media española. Tener una casa en propiedad no solo garantizaba estabilidad, sino que permitía acumular patrimonio, afrontar con mayor seguridad las crisis económicas y dejar una herencia a las siguientes generaciones. Hoy, ese modelo se está resquebrajando.

El último informe "Renta, riqueza y régimen de tenencia", elaborado por el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 junto al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y publicado esta semana, dibuja una transformación profunda del mercado residencial español y lanza una advertencia inquietante: la vivienda ha dejado de ser únicamente un derecho o un bien de consumo para convertirse en el principal factor que explica la desigualdad económica en España. Esta investigación profundiza la lanzada en abril bajo el nombre de El problema de la concentración inmobiliaria en España" y que ya describía cómo la clase media propietaria pierde peso, aumenta el número de hogares que no poseen ninguna vivienda y de qué maneras se concentra cada vez más patrimonio en manos de quienes ya disponen de varias propiedades.

España deja de ser un país de propietarios

De acuerdo a los datos por fuentes ministeriales en su informe, en 2008, el 79% de los hogares españoles vivía en una vivienda de su propiedad. Sin embargo, en 2025, ese porcentaje había descendido hasta el 63,9%. Por su parte, en un contexto donde el acceso a la vivienda se hace prácticamente imposible por la nueva burbuja inmobiliaria en el mercado de la compra venta, los hogares que viven de alquiler pasaron del 11,9% al 19,2%.

Este significativo aumento de un 8 % ha provocado una mayor demanda de pisos de alquiler con una oferta estancada. La falta de construcción de obra nueva y la reticencia de los propietarios de vivienda de segunda mano para ponerlos a disposición en el mercado de arrendamientos ha disparados los precios ya no solo en las grandes capitales de provincia sino prácticamente en todo nuestro país.

Asimismo, según el informe ministerial, también se percibe un cambio en el perfil de los propietarios: entre 2008 y 2025, los hogares que no poseen ninguna vivienda crecieron un 63%, mientras que los propietarios de dos o más inmuebles aumentaron un 54%. Por su parte, los hogares con una única vivienda, el perfil que tradicionalmente definía a la clase media española, disminuyeron un 22%.

Con estos datos sobre la mesa, lejos de estrecharse, la distancia entre quienes logran acceder a la propiedad y quienes quedan fuera del mercado no deja de ampliarse con un matiz no menor: la transferencia de renta de las clases trabajadoras- vía alquileres que insumen gran parte de sus ingresos- que no pueden tener acceso a una vivienda a los multipropietarios que reinvierten sus ingresos en más viviendas y viven de la renta, la especulación, y por qué no, la necesidad de otros de contar con un techo.

Una riqueza casi 90 veces superior

Y las cifras de cómo la vivienda ahonda esa brecha, empobreciendo a los trabajadores y enriqueciendo más aun a los rentistas, son demoledoras. Según el estudio, la riqueza mediana de un hogar propietario alcanza los 193.919 euros. En los hogares que viven de alquiler apenas llega a 2.217 euros: la diferencia es de casi 90 veces.

Y todo tiene una explicación. Mientras los propietarios amortizan un activo que normalmente gana valor con el paso de los años, los inquilinos destinan una parte creciente de sus ingresos al pago del alquiler sin generar patrimonio, lo que comúnmente se suele escuchar “Alquilar es tirar el dinero”. Unos no paran de aumentar su patrimonio, a través de revalorizaciones comerciales de sus bienes y/o por adquisición de nuevos, otros nunca pueden acceder a su primera vivienda. En un contexto de salarios bajos, que van por detrás de la inflación de los últimos años y un mercado con alquileres disparatados que parecen no tener tope, el margen de ahorro de las familias para valorar la solicitud de una hipoteca, es nulo.

En definitiva, la vivienda ya no solo refleja la desigualdad existente, sino que contribuye a ampliarla con el paso del tiempo en una realidad incómoda: una gran parte de la clase trabajadora, por no decir toda, transfiere un significativo porcentaje de sus ingresos, a un número reducido de multipropietarios que han hecho del rentismo, una nueva forma de explotación social.

La clase media pierde terreno

Si bien sociológicamente es discutible el concepto de “Clase media”- en cuanto a definición, características y requisitos- hasta ahora en términos generales se incluía en ella a las familias propietarias de, al menos, una vivienda.

Sin embargo, el informe del Ministerio de Consumo refleja un cambio significativo en esa realidad. Mientras disminuye el número de hogares que solo poseen su vivienda habitual, aumenta el de quienes acumulan varias propiedades. De hecho, en 2025, por primera vez, el 51,7% de los propietarios tenía dos o más viviendas, frente al 48,3% que únicamente contaba con una. Es decir, dentro del propio colectivo de propietarios ya son mayoría quienes poseen varios inmuebles.

Aunque el estudio no identifica automáticamente a los multipropietarios con una determinada clase social, sí dibuja una tendencia clara: el peso de los hogares cuyo único patrimonio inmobiliario es su vivienda habitual disminuye, mientras aumenta la concentración de la propiedad. Una evolución que ayuda a explicar por qué el acceso a la vivienda se está convirtiendo en uno de los principales factores de desigualdad económica en nuestro país.

Una brecha insalvable

La desigualdad también se aprecia al analizar los ingresos y el patrimonio de quienes obtienen rentas mediante el alquiler: los hogares propietarios de dos o más viviendas registran una renta mediana anual de 80.375 euros, frente a los 32.120 euros de quienes únicamente poseen su vivienda habitual y los 21.335 euros de los hogares que viven de alquiler. El estudio también recoge que los propietarios de varias viviendas destinadas al alquiler acumulan una riqueza mediana de 996.826 euros, aproximadamente 450 veces superior a la registrada entre los hogares inquilinos.

Asimismo, el Ministerio de Consumo y el CSIC destacan que el patrimonio inmobiliario de los propietarios con más de diez viviendas ha pasado de unas 138.000 a 626.000 viviendas desde 2008, multiplicándose por más de cuatro en apenas dos décadas. Evidentemente, se trata de un proceso continuado de concentración de viviendas que ha hecho más ricos a unos pocos a costa de una mayoría social que solo busca satisfacer una necesidad básica: tener un techo.

La vivienda pesa más que la edad

Durante los últimos años el tema de la vivienda se ha colado en cualquier reunión familiar, conversación entre compañeros de trabajo o amigos y también en tertulias, redes sociales y hasta en las encuestas del CIS, donde de un tiempo a esta parte, aparece como la máxima preocupación de los españoles por delante del empleo, la economía o la clase política.

No obstante, buena parte de ese debate público ha girado en torno a un supuesto conflicto entre generaciones, con jóvenes expulsados del mercado inmobiliario frente a generaciones anteriores que pudieron comprar cuando los precios eran mucho más bajos. En parte, es verdad: hoy es imposible comprar una vivienda a los valores que lo hicieron nuestros padres o abuelos, vale. Sin embargo, el informe concluye que esa explicación resulta insuficiente. Para los expertos, la clave en las diferencias de riqueza entre los hogares no es la edad, sino el régimen de tenencia de la vivienda, es decir, tener o no una vivienda en propiedad.

Y, para ilustrar esta realidad, el estudio pone un ejemplo revelador: dos personas de la misma generación y con niveles de renta similares pueden acabar con patrimonios completamente distintos dependiendo de si lograron acceder a una vivienda en propiedad o permanecen en el mercado del alquiler. Mientras una convierte cada cuota hipotecaria en patrimonio, la otra dedica una parte creciente de su salario a pagar una renta que engrosa el patrimonio de quienes ya acumulan varias viviendas. Una diferencia que, con el paso de los años, termina convirtiéndose en una brecha económica cada vez más difícil de cerrar.

Concentración de la riqueza inmobiliaria

Otro dato de especial interés que proporciona el estudio es que, entre 2002 y 2022, el 10% más rico de la población incrementó su participación en la riqueza residencial desde el 34,5% hasta el 41,9%.Es decir, una parte cada vez mayor del patrimonio inmobiliario de nuestro país se concentra en manos de una minoría de hogares.

Los investigadores advierten de que esta dinámica alimenta un círculo difícil de romper: quienes ya poseen vivienda siguen acumulando patrimonio gracias a la revalorización de sus inmuebles, mientras quienes permanecen fuera del mercado encuentran cada vez más obstáculos para entrar. Así, de no mediar intervención gubernamental, la transferencia de ingresos de las clases trabajadoras hacia los multipropietarios que viven de las rentas del capital, no hará más que perpetuar un modelo perverso cada vez más excluyente.

Frente a un evidente cambio social

Como ya nos referimos en Diario Sabemos hace unas semanas, las dificultades para emanciparse, la diversificación de los modelos familiares, con más hogares monoparentales alejados del esquema tradicional, la soltería aflora como elección personal legítima y cada vez más extendida, el retraso en la formación de nuevos hogares, la caída de la natalidad, la menor capacidad de ahorro y el aumento de la desigualdad patrimonial son algunas de las derivadas de un modelo en el que acceder a una vivienda resulta cada vez más complicado.

A tal fin, desde el Ministerio de Consumo, plantean posibles líneas de actuación. Entre ellas, ampliar el parque público de vivienda asequible, mejorar la transparencia del mercado, favorecer el acceso a la compra para los hogares con menos patrimonio y adoptar medidas que limiten la creciente concentración de inmuebles.

Una sociedad cada vez más dividida

Durante generaciones, la vivienda, junto al acceso a la universidad, fue el principal mecanismo de movilidad social de la clase media de nuestro país. Tras repasar las cifras de la reciente investigación, el Ministerio de Consumo y el CSIC advierten que la vivienda va camino a convertirse, ya lo es en parte, en el principal factor que consolida las diferencias económicas entre quienes ya tienen patrimonio y quienes difícilmente podrán acceder a él.

En cualquier caso, es verdad que España afronta una crisis de acceso a la vivienda que es real: una nueva burbuja inmobiliaria que ha disparado los precios en el mercado de la compra-venta y del alquiler. Y así, una necesidad básica garantizada en el artículo 47 de nuestra Constitución, la han convertido, contradiciendo dicho Principio Rector, en un bien sometido a la especulación y a las leyes del mercado de capital. Y esta operación, mucho tiene que ver la complicidad de formaciones como las del Partido Popular y Vox que, en las comunidades donde gobiernan se niegan a aplicar, desde que fue aprobada en 2023, la Ley Estatal de Vivienda, en una clara insumisión al gobierno central y al sistema legislativo y judicial en general.

Y esta falta de voluntad política, sin duda, traerá consecuencias: la transformación silenciosa de la estructura social de nuestro país. En pocas palabras, si la tendencia continúa, la gran línea que dividirá a la sociedad ya no será únicamente el nivel de ingresos o la edad: será tener o no tener una vivienda en propiedad.

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