La izquierda real da por enterrado a Sumar y ya piensa en un nuevo partido

Antonio Maíllo urge a superar la división de los partidos de izquierdas para tener alguna posibilidad de competir contra la extrema derecha en las próximas elecciones

17 de Enero de 2026
Actualizado el 19 de enero
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Yolanda Díaz, líder de Sumar
Yolanda Díaz, líder de Sumar

El retroceso electoral de Sumar (casi podría llamarse ya fracaso político) ha reactivado un debate profundo dentro del espacio de la izquierda transformadora, hasta el punto de que Izquierda Unida ha planteado ya la necesidad de un nuevo proyecto capaz de afrontar con garantías las próximas elecciones. No se trataría solo de un ajuste organizativo: urge una reflexión estratégica sobre cómo reconstruir un espacio político que, durante años, ha sido decisivo para articular propuestas sociales, laborales y ecológicas.

Tras años sin lograr cuajar, la Plataforma de Yolanda Díaz se ha hundido. Esa es la cruda realidad. El proyecto ha quedado como una fuerza testimonial, un fracaso debido a una combinación de factores internos (falta de cohesión, liderazgo débil, carencia de cuadros, conflictos con Podemos) y externos (dura competencia en el espacio de la izquierda y escasa implantación territorial). Su declive se ha acelerado tras los malos resultados electorales y la incapacidad de consolidarse como un frente amplio estable. Sin duda, en ese fracaso ha jugado un papel destacado Pablo Iglesias, el hombre que en un principio colocó a Díaz al frente del movimiento y que finalmente ha ido poniendo palos en las ruedas para destruirla y hacer descarrilar la iniciativa.

Sin una izquierda fuerte más allá del PSOE la extrema derecha llegará cómodamente al poder. Eso lo saben los actuales dirigentes de las confluencias y de las fuerzas periféricas de izquierda, que empiezan a sentir que la batalla, por mucho que diga Tezanos en sus encuestas precocinadas para el CIS, empieza a estar irremediablemente perdida. PSOE, Sumar, Podemos, Izquierda Unida, Compromís, Comunes, Más País, Esquerra Republicana de Cataluña, Bildu… Demasiados partidos de izquierdas, demasiada atomización. Y eso deja el camino libre a la extrema derecha, mucho más aglutinada en torno a Vox.

La izquierda está pagando su división y sigue siendo un calco exacto de aquella secuencia de La vida de Brian, la película satírica de los Monty Python en la que diferentes grupos y facciones judías hacían la guerra por su cuenta frente al imperialismo romano. El síndrome del Frente de Judea está más vivo que nunca.

Diversos sectores del espacio progresista consideran que la fórmula de Sumar no ha logrado consolidarse. Entre los argumentos que esgrimen en ese debate se menciona la falta de cohesión interna, tensiones entre organizaciones, la dificultad para conectar con el electorado tradicional de la izquierda transformadora y un liderazgo percibido como poco integrador por parte de algunos actores. Todo ello hace pensar en unos resultados electorales insuficientes para frenar a las derechas PP/Vox.

Izquierda Unida interpreta este escenario como una señal clara de que el ciclo político abierto hace unos años se ha agotado en sí mismo. La organización plantea la necesidad de un proyecto renovado que recupere elementos que considera esenciales. Reclama un programa sólido y reconocible centrado en derechos sociales, redistribución y transición ecológica justa. También un modelo organizativo más democrático y estable, donde las decisiones estratégicas no dependan de dinámicas personalistas. Y una alianza amplia pero coherente, que integre a movimientos sociales, sindicatos y organizaciones territoriales. Sin duda, la izquierda real debe pelear por lograr una identidad política fuerte y autónoma que no diluya el mensaje en favor de estrategias puramente electorales. La pérdida de identidad de la izquierda es una de las losas que han terminado por pesar hasta enterrar el proyecto de coaliciones que nació cuando Sánchez llegó al poder en 2018.

La idea no es romper por romper, sino reconstruir un espacio útil capaz de ofrecer certezas en un momento de fragmentación y desafección. El debate ahora se mueve entre tres caminos posibles: reformular Sumar desde dentro, algo que algunos consideran difícil sin cambios profundos; impulsar un nuevo frente político, con otra marca, otra estructura y otro liderazgo; o reforzar las organizaciones existentes, devolviendo protagonismo a los partidos que han sostenido históricamente este espacio. Cada opción tiene implicaciones distintas para la estrategia electoral, la relación con el PSOE y la capacidad de movilizar a un electorado que se ha ido dispersando. Con varios ciclos electorales a la vista, la izquierda alternativa sabe que no tiene demasiado tiempo para la reacción. La coyuntura internacional ha inspirado movimientos de extrema derecha en todas partes. Y en España Vox anda disparado en las encuestas. Todo ello mientras no termina de cuajar el tan necesario Frente Popular que pueda plantar batalla al nuevo fascismo posmoderno. La clave del éxito será si los diferentes partidos progresistas minoritarios logran superar sus diferencias y articular un proyecto que genere ilusión, cohesión interna y una propuesta programática que conecte con las preocupaciones sociales: vivienda, salarios, servicios públicos, clima y desigualdad.

Lo que está claro es que el debate ya está abierto y que Izquierda Unida ha decidido situarse en el centro de esa conversación, reclamando un replanteamiento profundo del espacio. En esa línea, el coordinador federal de Izquierda Unida (IU), Antonio Maíllo, da por superada la etapa de Sumar entre los partidos de izquierda e insta a presentar una nueva confluencia para la próxima legislatura con distinto nombre. También llama a un mayor distanciamiento del PSOE.

Así lo expondrá hoy Maíllo en su informe político de apertura de la reunión telemática de la Coordinadora Federal de IU, su máximo órgano entre asambleas, según el borrador al que ha tenido acceso Efe. El líder de IU indicará que la voluntad de acuerdo de los distintos partidos “va de suyo” a la hora de reeditar la coalición, pero que tienen que “acelerar la posibilidad de acuerdo” y “empezar a trabajar para incorporar a más organizaciones” al proyecto. Para esa coalición de cara a las elecciones generales previstas en 2027, quiere además la creación de un nuevo partido con “un nombre diferente al de las organizaciones parte”. “Para que no vuelva a ocurrir la confusión del todo por la parte”, explica Maíllo, en referencia a que la plataforma actual se denomina Movimiento Sumar por uno de los partidos que conformaron la coalición electoral.

Maíllo señala que los partidos de la coalición deben mantener su “autonomía y soberanía”, aunque al mismo tiempo tengan “un calendario de trabajo conjunto” para la elaboración de las candidaturas, así como intensificar la coordinación y la “posición política propia” de sus ministros del Gobierno, en asuntos como las guerras, la OTAN y la vivienda.

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