Ayuso se autoproclama defensora de la prensa en México mientras en Madrid se señala a periodistas críticos

La presidenta madrileña invade el terreno de la política exterior, competencia del Gobierno de España, y recibe una dura respuesta de Claudia Sheinbaum tras su intento de dar lecciones de libertad en México

06 de Mayo de 2026
Actualizado a las 10:26h
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La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ha protagonizado en Ciudad de México un encuentro con estudiantes de la Universidad de la Libertad.
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ha protagonizado en Ciudad de México un encuentro con estudiantes de la Universidad de la Libertad

Isabel Díaz Ayuso viajó a México para hablar de libertad, pero lo hizo desde un escenario muy concreto: la Universidad de la Libertad, vinculada al empresario Ricardo Salinas Pliego, uno de los grandes referentes de la derecha económica mexicana. Allí, ante jóvenes, empresarios y representantes institucionales, la presidenta de la Comunidad de Madrid desplegó su discurso habitual: “del socialismo se sale”, “no se pide permiso para defender la libertad” y Madrid como “refugio” frente al colectivismo.

El problema no es que Ayuso defienda sus ideas. El problema es que presentó como diagnóstico democrático lo que, en muchos casos, fue propaganda ideológica. México atraviesa problemas gravísimos: violencia, desapariciones, desigualdad, crisis sanitaria y retos educativos. Pero convertir esos dramas en munición contra un adversario político, sin matices y sin responsabilidad, no es valentía: es oportunismo.

Ayuso describió el socialismo como una maquinaria de pobreza, tristeza, dependencia y control. Habló de “multiplicar esa pobreza”, de “pudrir el alma”, de “aniquilación del adversario” y de sociedades destruidas por el odio.

La política exterior, una competencia exclusiva del Gobierno de España

La presidenta madrileña volvió a cruzar una línea institucional evidente al actuar en México como si ejerciera funciones de política exterior, una competencia exclusiva del Gobierno de España. Su intervención en la Universidad de la Libertad no fue una simple conferencia académica, sino un discurso político dirigido contra el Ejecutivo mexicano y contra el propio Gobierno español, en el que se erigió en supuesta garante de la libertad, la democracia y el periodismo. Esa pretensión recibió una respuesta contundente por parte de la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, que rechazó de plano las injerencias y cuestionó la legitimidad de quienes, desde fuera, pretenden dar lecciones sobre la realidad política del país. El choque diplomático, aunque no formalizado, deja en evidencia una estrategia personalista de Ayuso que tensiona relaciones internacionales sin respaldo institucional.

Ayuso dijo también que “la libertad de prensa” se pierde con el colectivismo

La libertad de prensa no se defiende apoyando a Vito Quiles

Ese discurso sobre la “defensa de la libertad de prensa” contrasta además con lo que ocurre en España, donde el uso político del periodismo se ha convertido en un elemento de confrontación constante. El último comunicado de la Agrupación de Periodistas de UGT ha sido especialmente claro al rechazar que Vito Quiles pueda ser considerado periodista en los términos profesionales y deontológicos del oficio, denunciando prácticas alejadas del rigor informativo. La organización también ha criticado el respaldo explícito que recibe por parte del Partido Popular y de su líder, Alberto Núñez Feijóo, señalando que ese tipo de apoyos contribuyen a degradar el debate público y a erosionar la credibilidad del periodismo. En ese contexto, resulta difícil sostener el discurso de Ayuso como defensora de la prensa cuando en su propio entorno político se avalan dinámicas que las organizaciones profesionales consideran incompatibles con el ejercicio periodístico.

Ayuso dijo también que “la libertad de prensa” se pierde con el colectivismo. La frase sería más creíble si no procediera de una dirigente que ha convertido el señalamiento a periodistas, medios críticos y adversarios en una herramienta política habitual. La libertad de prensa no se defiende solo cuando sirve para atacar al enemigo ideológico; se defiende también cuando incomoda al poder propio.

Ayuso afirmó que “así es como está pasando en México y así es como está pasando en España, exactamente de la misma manera”. La frase es tan rotunda como falsa. España y México tienen sistemas, instituciones, contextos de violencia y problemas políticos radicalmente distintos. Equipararlos sirve para construir un relato de miedo, no para explicar la realidad.

Las desapariciones en México 

La presidenta madrileña citó los más de 130.000 desaparecidos en México. Ese dato existe: el registro oficial mexicano reconoce más de 130.000 personas desaparecidas o no localizadas. Pero Ayuso lo utilizó como si fuera una prueba automática contra todo un proyecto político, sin explicar que la crisis de desapariciones atraviesa décadas, gobiernos de distintos signos y estructuras criminales profundamente arraigadas. El dato es real; la conclusión simplista, no.

También mencionó que 44,5 millones de personas carecen de acceso efectivo a servicios de salud. De nuevo, la cifra coincide con mediciones publicadas a partir de los datos de pobreza multidimensional de 2024. Pero Ayuso omitió que esos mismos datos muestran una caída de la pobreza total en México hasta el 29,6% y una reducción de la pobreza extrema. Es decir, escogió una parte de la fotografía y escondió otra. Eso no es análisis: es selección interesada.

El socialismo una maquinaria de pobreza, tristeza, dependencia y control. Habló de “multiplicar esa pobreza”, de “pudrir el alma”, de “aniquilación del adversario” y de sociedades destruidas por el odio.

Lo mismo ocurrió con PISA. Ayuso aseguró que “solo el 34% de los estudiantes alcanzó un nivel básico de competencia”. El dato se corresponde con los resultados de matemáticas: solo el 34% alcanzó al menos el nivel 2. Pero convertir un problema educativo en prueba de una supuesta deriva totalitaria es una manipulación. La educación mexicana tiene carencias graves, pero no se desmontan con consignas importadas desde Madrid.

El socialismo como una maquinaria de pobreza, tristeza, dependencia y control.

La parte más agresiva del discurso llegó cuando Ayuso describió el socialismo como una maquinaria de pobreza, tristeza, dependencia y control. Habló de “multiplicar esa pobreza”, de “pudrir el alma”, de “aniquilación del adversario” y de sociedades destruidas por el odio. Es un lenguaje extremo, diseñado para incendiar, no para convencer. Y resulta especialmente llamativo en una dirigente que gobierna una región donde la sanidad pública ha sufrido una enorme presión, donde la vivienda se ha convertido en un muro para miles de jóvenes y donde la desigualdad territorial sigue separando con crudeza el norte y el sur de Madrid.

La presidenta madrileña intentó presentar su visita como un abrazo entre pueblos. Habló de hispanidad, mestizaje, apellidos compartidos, idioma y religión. Pero en México no todos recibieron ese mensaje como una celebración. Colectivos indígenas protestaron contra su presencia y contra los actos de exaltación de Hernán Cortés, con lemas como “Fuera Ayuso de México”. También hubo rechazo por parte de sectores que consideran ofensivo que una dirigente española llegue a México a dar lecciones sobre memoria, conquista e identidad desde una mirada complaciente con el pasado colonial.

Cartel contra Ayuso en las calles de México
Cartel contra Ayuso en las calles de México

La propia presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, respondió a ese tipo de discursos y afirmó que quienes reivindican esa visión están “destinados a la derrota”. No se trata, por tanto, de una visita neutra ni de una recepción unánime. Hubo aplausos en el auditorio, sí, pero también contestación social, política y simbólica fuera de él.

Claudia Sheinbaum responde a Isabel Díaz Ayuso durante la conmemoración de la histórica Batalla de Puebla : “A quienes reviven la Conquista como salvación están destinados a la derrota”.

Ayuso defendió Madrid como “refugio de libertad” y presumió de que “siete de cada diez euros” que llegan a España buscan la región. Es el mismo relato de siempre: impuestos bajos, inversión, empleo y grandes eventos. Pero esa postal omite los precios de la vivienda, la precariedad, las listas de espera, la saturación de servicios públicos y la expulsión silenciosa de quienes ya no pueden vivir en la ciudad que trabajan.

El discurso terminó con una frase redonda: “libertad para vivir”. Pero la libertad, si quiere ser algo más que un eslogan, necesita derechos, servicios públicos, seguridad, vivienda, educación, sanidad y democracia con datos completos, no medias verdades. Ayuso viajó a México para denunciar el populismo y acabó haciendo exactamente eso: convertir problemas reales en un mitin de trincheras.

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