La presentación del libro de Jaime Mayor Oreja junto a Isabel Díaz Ayuso no fue un simple acto editorial. Fue una intervención política de alto voltaje, con una carga interna evidente para el Partido Popular y con una consecuencia inmediata: dejó en una posición muy delicada a Alberto Núñez Feijóo, que lleva años intentando reconstruir puentes con el PNV y presentarse como una alternativa de Estado capaz de dialogar con fuerzas nacionalistas conservadoras.
Lo que se escuchó en ese acto fue justo lo contrario. Mayor Oreja no solo cargó contra el PNV, sino que desautorizó expresamente cualquier intento de entendimiento con los nacionalistas vascos. Su frase fue demoledora: “Son ridículos a veces los esfuerzos de algunos de entenderse hoy con el PNV, porque han hecho un acuerdo con ETA sobre la autodeterminación”. La alusión no necesita demasiada traducción política. Si alguien dentro del PP ha intentado acercarse al PNV, ese ha sido Feijóo.
Descalificaciones al PNV
El problema no está solo en la dureza del mensaje, sino en el lugar y en el amparo político del acto. No hablamos de una tertulia privada ni de una conferencia marginal. Hablamos de una intervención con la presidenta de la Comunidad de Madrid, una de las figuras más poderosas del PP, en un acto difundido y amplificado desde la esfera institucional madrileña. Ayuso no corrigió, no matizó y no se distanció. Al contrario, avaló el diagnóstico de Mayor Oreja hasta el punto de afirmar que desde que empezó en política le ha seguido mucho y que, “para desgracia de todos, nunca se ha equivocado”.
Ese respaldo convierte la intervención en algo más que una opinión personal del exministro. La transforma en un mensaje político dirigido al corazón del PP: cualquier aproximación al PNV queda presentada como una ingenuidad, una claudicación o directamente una complicidad con el supuesto “proceso” de ruptura de España.
El golpe a Feijóo es evidente.
El golpe a Feijóo es evidente. El líder nacional del PP ha intentado durante años diferenciar entre el PNV y EH Bildu. Ha buscado recuperar parte de la interlocución con el nacionalismo vasco moderado y evitar que el PP quede encerrado en una estrategia únicamente dependiente de Vox. Pero Mayor Oreja, con Ayuso al lado, borra esa frontera. En su relato, el PNV “se abrazó” a ETA en 1998, Cataluña tomó después la “vanguardia” del mismo movimiento y todo forma parte de una única operación contra España.
Esa tesis no solo simplifica de forma extrema la historia política vasca y catalana; también dinamita la arquitectura parlamentaria que Feijóo necesitaría si alguna vez pretende construir una mayoría más amplia que la suma de PP y Vox. Porque no se puede llamar “ridículo” al intento de entenderse con el PNV un día y al siguiente pedirle responsabilidad de Estado.
Las mentiras sobre ETA
La otra gran falsedad del acto afecta a la moción de censura de 2018. Mayor Oreja afirmó: “No fue Gürtel, no fue la corrupción supuesta del PP”. La frase es una reescritura frontal de los hechos. La moción se registró el 25 de mayo de 2018, justo después de conocerse la sentencia de la Audiencia Nacional sobre la primera época de la Gürtel, que condenó al PP como partícipe a título lucrativo y describió un sistema de corrupción institucional ligado a la trama.
El Congreso votó la moción ls días 31 de mayo y 1 de junio de 2018. Pedro Sánchez fue investido presidente con 180 votos a favor. Puede discutirse políticamente quién apoyó aquella moción, cuáles fueron sus consecuencias y qué alianzas parlamentarias nacieron después. Lo que no se puede hacer seriamente es negar que la sentencia de Gürtel fue el detonante directo. Sin Gürtel, no hay moción de censura en esos términos. Sin la condena al PP, no hay justificación parlamentaria inmediata para desalojar a Rajoy.
La maniobra de Mayor Oreja consiste en sustituir una causa judicial verificable por una teoría política total: no habría caído Rajoy por la corrupción del PP, sino porque un “proceso” iniciado en 2004, unido a ETA, habría llegado al Gobierno en 2018. Para sostener esa tesis, el exministro encadena la disolución de ETA, la moción de censura y los apoyos parlamentarios de Sánchez como si formaran una sola secuencia planificada.
Pero ETA anunció el cese definitivo de su actividad armada en 2011 y su disolución en mayo de 2018. Presentar esa disolución como una operación para facilitar la moción de censura requiere pruebas que no se ofrecen. Lo que sí está acreditado es que la sentencia de Gürtel provocó una crisis política inmediata en el Gobierno de Rajoy y abrió el camino parlamentario a la moción.
Ayuso reforzó las mentiras
Ayuso no solo no frenó esa relectura. La reforzó con su propio marco. Habló de un Gobierno que “no tuvo que nacer”, de un pacto con Bildu “del que no hemos visto un papel”, de un Ejecutivo “cada vez más debilitado y más sobornado” y de una España en la que las comunidades del PP son “el cajero automático de Sánchez y del nacionalismo, especialmente Madrid”.
El resultado es un acto de doble impacto. Hacia fuera, alimenta una narrativa de ruptura, traición y conspiración. Hacia dentro, envía un mensaje al PP nacional: la línea de Feijóo con el PNV es un error, el nacionalismo vasco no es un interlocutor y Cataluña no es un problema político que deba abordarse con complejidad, sino una extensión del mismo enemigo.
Por eso este acto importa. Porque no fue solo una presentación de un libro. Fue una enmienda a la totalidad a cualquier PP que quiera recomponer puentes territoriales. Y fue, además, una falsificación interesada de la moción de censura que acabó con Rajoy: no cayó por una conspiración abstracta, cayó tras una sentencia demoledora sobre la corrupción del Partido Popular.