Febrero suele ser el mes en el que el mercado laboral “vuelve a arrancar” tras el frenazo de enero. En una economía con mucha estacionalidad —Navidad, rebajas, campañas turísticas, calendarios escolares—, enero acostumbra a concentrar bajas de afiliación y aumentos de paro. Y febrero, casi siempre, compensa parte de ese golpe. Este 2026 la foto sigue ese patrón: España ganó 97.004 afiliados medios y alcanzó 21.670.636 cotizantes, el nivel más alto registrado para un mes de febrero.

La parte que desconcierta a mucha gente llega en la segunda línea del titular: el paro registrado sube en 3.584 personas y se coloca en 2.442.646, aunque sigue siendo el febrero con menos paro desde 2008. ¿Cómo pueden ser ciertas ambas cosas a la vez? La respuesta está en entender qué mide cada indicador, y en fijarse en quién engorda las listas del SEPE.
Afiliación y paro no cuentan lo mismo (y por eso pueden moverse en direcciones distintas)
La afiliación a la Seguridad Social cuenta personas que están trabajando y cotizando (empleo). El paro registrado cuenta personas inscritas como demandantes de empleo en las oficinas públicas (búsqueda de empleo). No es un “termómetro” perfecto de despidos: puede subir aunque el empleo crezca si, por ejemplo, entran más personas a buscar trabajo (jóvenes que acaban estudios, gente que estaba inactiva y decide intentarlo, retornos del extranjero, etc.).

Eso es justo lo que subrayan las notas oficiales: el incremento del paro en febrero se explica en buena medida por el colectivo sin empleo anterior, un grupo donde predominan quienes intentan colocarse por primera vez. Dicho en claro: no es que “se esté destruyendo empleo” de forma generalizada; es que hay más gente llamando a la puerta del mercado laboral.
El motor del mes: educación, hostelería y construcción
El reparto sectorial también ayuda a entender la película. En febrero, educación y hostelería han sido los grandes aceleradores de afiliación, junto con la construcción.
Tiene lógica. Educación rebota tras el ajuste típico de enero (academias, actividades formativas, calendario escolar y servicios asociados). Y la hostelería empieza a calentar motores mirando a la primavera y a la Semana Santa, además del tirón de los fines de semana y los primeros flujos turísticos en algunas zonas. La construcción, por su parte, suele recuperar ritmo cuando se estabiliza el arranque del año y se reactivan obras y contratas.

¿El reverso? Sectores que venían fuertes en campañas de consumo pueden corregir después. En la información publicada también aparece un retroceso en el comercio, coherente con el aterrizaje tras la intensidad de Navidad y rebajas.
La clave de la estacionalidad: mirar también el dato “sin calendario”
Para no engañarnos con el vaivén típico de cada mes, las administraciones publican cifras desestacionalizadas: intentan estimar qué parte del cambio se debe al calendario y cuál a la tendencia real. En febrero, el dato desestacionalizado apunta a un avance de afiliación y, a la vez, a una corrección del paro en esa medida “limpia” de estacionalidad.
Traducción: el mercado laboral mantiene tracción, aunque el titular del paro mensual sea feo.

El mapa por territorios: empleo al alza, pero paro dispar según región
Por comunidades autónomas, la afiliación creció con fuerza en territorios donde el turismo empieza antes o pesa mucho, y también en áreas con gran volumen de empleo. Cataluña y Baleares destacan en los incrementos, y Madrid también suma afiliación.
eados en términos absolutos en febrero. Esto no significa automáticamente “deterioro” del empleo madrileño (de hecho, la afiliación regional sube), sino que hay más personas inscritas buscando trabajo en ese momento: entradas nuevas, rotación, finalizaciones de contratos, gente que se reactiva en la búsqueda.

Contratos indefinidos: el dato que cambia la calidad del empleo
Otro ángulo decisivo es la calidad contractual. En febrero se firmaron algo más de 1,1 millones de contratos, y el 44,15% fueron indefinidos. Dentro de los indefinidos conviven realidades distintas: jornada completa, parcial y fijos discontinuos. Por eso, más que repetir el porcentaje como un eslogan, conviene leerlo como una señal: la estructura del mercado laboral es hoy menos dependiente de la temporalidad extrema que hace unos años, aunque siga habiendo rotación y estacionalidad en sectores como servicios.
Mujeres y jóvenes: dos pistas para leer bien febrero
En vísperas del 8M, el Ministerio ha puesto el foco en la afiliación femenina, que supera los 10 millones de mujeres cotizando de forma sostenida. Aun así, en el paro registrado persisten brechas: el desempleo no afecta igual por sexo y edad, y febrero suele traer movimientos intensos de entrada de jóvenes en búsqueda del primer empleo.

La lectura útil, por tanto, no es “todo va perfecto” ni “todo va mal”. Es más incómoda y más real: España sigue creando empleo en niveles altos para un febrero, pero aún tiene dos retos estructurales. Uno, reducir el peso de la estacionalidad (que cada enero-febrero marca el ritmo como un metrónomo). Y dos, convertir esa creación de empleo en trayectorias más estables para quienes entran: jóvenes que buscan su primera oportunidad, y colectivos que siguen concentrando más paro del que deberían.

En resumen: febrero deja un mercado laboral que recupera pulso y roza máximos históricos de afiliación, pero también recuerda que el paro registrado puede subir sin que haya una “sangría” de puestos. La clave está en mirar el conjunto: tendencia, composición, sectores y calidad del empleo.
