Cada hora que pasa se conocen más datos sobre las maniobras de Donald Trump para acabar con Zapatero. Tal como publicó Diario Sabemos en su edición de ayer, la agencia norteamericana Homeland Security Investigations (HIS) entregó al juez Calama, de la Audiencia Nacional española, información crucial sobre el venezolano Rodolfo Reyes, fundador de Plus Ultra. En ese material se encuentra, supuestamente, el contenido del teléfono móvil del empresario. La colaboración de la citada agencia –especializada en asuntos de crimen organizado e inmigración– se menciona en el propio auto del magistrado instructor sobre las supuestas mediaciones y comisiones derivadas del rescate de 53 millones de euros aprobado por el Gobierno Sánchez para la aerolínea Plus Ultra durante la pandemia. El asunto ha provocado un auténtico terremoto político en nuestro país. Si lo que pretendía Trump era desestabilizar a los odiosos españoles (mayormente a los zurdos o wokes), lo ha conseguido. La guerra híbrida era esto.
Este movimiento letal que relaciona a Reyes con el expresidente Zapatero nunca podría haberse llevado a cabo sin la orden explícita de Trump. Se trataba de un jaque, quizá mate, a Pedro Sánchez, la Casa Blanca lo sabía y no ha dejado pasar la oportunidad. De alguna manera, Trump recogió la invitación de Aznar cuando dijo aquello de “el que pueda hacer que haga” (una arenga para que todos sumen su granito de arena en el derrocamiento del sanchismo). Y esta vez ni siquiera necesitó poner a trabajar a la CIA, el caballo de Troya que los estadounidenses suelen utilizar clandestinamente cuando se trata de derribar gobiernos en Sudamérica. Le bastaba con airear la información altamente sensible sobre Reyes en poder del HIS y que, tal como se ha visto, ha resultado letal para Zapatero.
Trump ha prometido hacerle mucho daño al Gobierno español, un “socio horrible” al que hay que coser a aranceles comerciales, según sus propias palabas. Las últimas decisiones de la diplomacia de Moncloa han encolerizado al magnate neoyorquino. Sánchez acusó a Estados Unidos de ser cómplice del genocidio de Gaza perpetrado por Israel. Más tarde, cuando Washington dio la orden de bombardear Irán, Sánchez se opuso de nuevo, cerrando las bases de Rota y Morón para que los aviones norteamericanos no pudieran repostar. Pero hay más odio acumulado de Trump contra Sánchez y ZP. En los últimos tiempos el expresidente español se había convertido en un activo y eficaz mediador en el conflicto de Venezuela. Su labor comenzó a finales de 2015 a través de una iniciativa promovida por la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur). Realizó más de cincuenta viajes y participó en múltiples mesas de diálogo con el mandatario venezolano Nicolás Maduro, hoy recluido en una prisión de alta seguridad norteamericana tras ser secuestrado por los marines. El entorno de Zapatero ha deslizado que el expresidente español no descartaba empezar gestiones y campañas para exigir la restitución de la legalidad internacional pisoteada por Trump y la devolución del presidente chavista para ser juzgado por tribunales venezolanos, no norteamericanos.
Zapatero también hizo contactos con la oposición venezolana, buscando acuerdos sobre el calendario electoral y la liberación de presos políticos, pero la Casa Blanca siempre vio a ZP, no como un mediador neutral, sino como una figura próxima al oficialismo chavista. De hecho, sus avances en la negociación fueron cuestionados por la propia Administración Trump, a quien no ha gustado desde el principio que un socialista (él odia a toda persona de izquierdas) adquiera protagonismo en el convulso mapa político latinoamericano. Zapatero se había convertido en una especie de referente moral para los partidos progresistas hispanoamericanos (desde que se negó a levantarse de la silla al paso de la bandera con las barras y estrellas durante un desfile de las tropas yanquis) y sus opiniones molestaban al trumpismo. Interesaba acabar con él, más aún ahora, cuando está a punto de comenzar la invasión de Cuba.
Ayer, el portavoz del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos confirmaba a la agencia Reuters su colaboración en la investigación que condujo a la imputación del expresidente español. La documentación fue enviada a la unidad Central de Investigación de Blanqueo de Capitales y Anticorrupción de la Policía Nacional, especializada en delitos financieros y crimen transnacional, fue analizada por la Fiscalía Anticorrupción y se incorporó, según consta en el auto de Calama, a la investigación de la Audiencia Nacional.
Según fuentes de la agencia Servimedia, “Reyes era hasta hace seis meses propietario de un significativo paquete de acciones de Plus Ultra a través de la empresa Snip Aviation. Vive en Madrid y su domicilio fue registrado en noviembre pasado”. Según esta agencia, “el auto recoge numerosas conversaciones mantenidas entre el empresario y otras personas en las que hay referencias al expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero. En una de ellas, de marzo de 2020, se pregunta si sería posible contactar con Zapatero y plantea: Tú crees que podamos pedir ayuda a Zapatero... tema lobby político Plus Ultra Líneas Aéreas Ayudas públicas y/o mandamiento”. A lo que su interlocutor le responde: “Como dice un amigo, vamos a follar, aunque tengamos que pagar un poquitín”. De esta conversación, el instructor juez concluye que se “admite la posibilidad de realizar pagos para ello”. Pese a todo, no existen pruebas concluyentes de que Zapatero participara en el tráfico de influencias en el rescate de Plus Ultra. El aire de sentencia que desprende el auto de Calama es preocupante. Y más tras conocerse la participación directa de la Administración Trump en el caso, que ha sido decisiva para darle la puntilla al PSOE.
