Trump cree que Zapatero es un agente de Obama, Biden y el Partido Demócrata

Meses antes del auto de Calama, diversos medios se hacían eco de un informe de asesores de la Casa Blanca en el que calificaban al expresidente español como "un elemento de distorsión"

02 de Junio de 2026
Actualizado a las 11:00h
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Zapatero con Obama en una reunión bilateral entre ambos países
Zapatero con Obama en una reunión bilateral entre ambos países

En enero de 2026, cuando la investigación del juez Calama estaba en fase embrionaria o ni siquiera existía, un documento elaborado por asesores de la Casa Blanca dejaba ya clara la visión de la Administración Trump con respecto a José Luis Rodríguez Zapatero. “Un actor demasiado cercano al régimen” chavista y un “elemento de distorsión”. Así lo retrataba, según una información del periódico Libertad digital, el dosier, “mientras él y sus cercanos se empeñan en blanquear su imagen asegurando que ha sido un factor decisivo en la liberación de presos políticos” venezolanos.

Según aquella noticia de Libertad digital, “el documento no se limita a concluir cuál es la situación y valoración de Zapatero, según algunos de los asesores de la Casa Blanca. Hace una explicación detallada de cómo llega el expresidente socialista español a colarse en las vías de negociación de la Casa Blanca”.

“José Luis Rodríguez Zapatero no debe ser analizado como un mediador independiente, sino como un actor político integrado de facto en una arquitectura informal de gestión del problema venezolano, tolerada y en determinados momentos impulsada por sectores del Departamento de Estado de EEUU durante las administraciones Obama y, por inercia, en los primeros compases de Biden”, advierte el documento. Según Libertad digital, “traducido: en ningún momento se ha valorado una hipotética independencia de Zapatero sino, todo lo contrario, se le considera un elemento ligado a etapas de mandato del Partido Demócrata, los contrincantes de Trump”.

“Su utilidad principal no fue producir resultados democráticos, sino mantener abierto un canal político con el régimen de Maduro en fases en las que Washington no quería o no podía aparecer como interlocutor directo, pero tampoco deseaba un colapso desordenado del sistema venezolano”, añade el texto.

“Zapatero llegó de la mano de la influencia de Thomas A. Shannon Jr., un diplomático de carrera con profundo conocimiento de América Latina. Y la relación entre Zapatero y Shannon no fue protocolaria ni episódica. Se establece en un nivel político-operativo, con intercambios directos y sin intermediación institucional formal. Zapatero presumía con quien creyera merecedor de esa información de su comunicación directa y fluida, vía WhatsApp, con el subsecretario de Estado”, valoran los asesores, según la información del citado medio conservador. “Shannon ve en Zapatero una figura capaz de absorber costes reputacionales que Washington prefería no asumir”. Y, en este nuevo contexto, “Zapatero deja de ser visto como un facilitador imperfecto y pasa a ser percibido como un actor demasiado cercano al régimen. Un elemento de distorsión en la política de presión. Un posible vector de riesgo legal y reputacional”.

Según el citado periódico, “se produce el desplazamiento: lo que antes se toleraba como diplomacia informal empieza a ser observado bajo el prisma del cumplimiento legal y financiero. Cumplimiento legal porque, a día de hoy, el escenario puede resumirse así. Hechos constatables: existencia de interés congresual en EEUU por las actividades de Zapatero en relación con Venezuela; inclusión de su nombre en debates sobre posibles sanciones personales (visado, restricciones financieras); examen preliminar de su entorno y contactos en el marco de investigaciones más amplias sobre redes venezolanas”.

“Traducido”, repite Libertad digital: “Que hay un riesgo real de que Zapatero acabe implicado legalmente en algunas de las investigaciones judiciales lanzadas en relación con Venezuela. Y eso significa, obviamente, que hay, como dice el documento, un riesgo legal y reputacional. Hoy, su figura concentra un riesgo reputacional y potencialmente legal que no existía al inicio de su intervención, y que explica el cambio de actitud en Washington”.

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