Rufián no tira la toalla: prosiguen los "discretos" contactos con Podemos para ampliar el frente de izquierdas

El portavoz parlamentario de Esquerra insiste en abrir la puerta a la formación morada: "Aquí no sobra nadie"

23 de Febrero de 2026
Actualizado a las 10:08h
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Rufián, Delgado y Santaolalla en la sala Galileo
Rufián, Delgado y Santaolalla ayer en la sala Galileo

Hasta ahora sabíamos que Gabriel Rufián era un excelente comunicador en la tribuna de oradores y en las redes sociales. Ahora también sabemos que es un político tenaz e incansable dispuesto a todo para abanderar una alianza de izquierdas. En las últimas semanas, el portavoz de ERC ha intensificado los contactos con Podemos con el objetivo de explorar una fórmula de cooperación que permita recomponer puentes y articular un frente más amplio. La formación morada ya le ha dicho que no está de acuerdo con su fórmula pragmática basada en el cálculo electoral (ganarle “escaños a Vox provincia a provincia”), pero la partida aún no ha terminado.

En el mundo podemita también hay dos almas (los partidarios de la unificación con los demás partidos del bloque progresista y los rupturistas que no quieren saber nada y prefieren concurrir de forma aislada a las próximas elecciones). Y el debate está siendo intenso en el seno de la formación fundada por Pablo Iglesias y otros.

Aunque el escenario es complejo y las relaciones entre las distintas fuerzas han atravesado momentos de tensión, el dirigente catalán insiste en que todavía hay margen para el entendimiento. Su iniciativa ha generado movimiento en todo el espectro progresista, reabriendo conversaciones que muchos daban por cerradas.

El espacio político a la izquierda del PSOE ha vivido en los últimos años un proceso de fragmentación acelerada. La salida de Podemos del Gobierno, la consolidación de Sumar como plataforma electoral y las tensiones internas entre liderazgos han configurado un mapa disperso, con múltiples actores compitiendo por un electorado similar. En este contexto, la propuesta de Rufián busca reordenar el tablero y evitar que la división siga debilitando la capacidad de influencia de estas formaciones.

Fuentes cercanas a las conversaciones señalan que el dirigente republicano ha mantenido reuniones discretas con representantes de Podemos para explorar puntos de coincidencia programática y posibles fórmulas de colaboración. Aunque no se ha concretado un acuerdo, ambas partes reconocen que existe interés en seguir hablando. La iniciativa ha sorprendido a algunos sectores, pero también ha sido interpretada como un intento de recuperar la interlocución perdida en los últimos meses. La negociación no ha terminado. Podemos no ha dicho su última palabra y una idea empieza a calar en la formación morada: generosidad.

El papel de Gabriel Rufián en este proceso ha sido especialmente visible. Su insistencia en mantener abiertos los canales de diálogo y su capacidad para situar el debate en la esfera pública han provocado que otros actores del espacio progresista se vean obligados a posicionarse. Para algunos analistas, su estrategia responde a la necesidad de ERC de reforzar su perfil en el ámbito estatal y de presentarse como un actor capaz de tender puentes en un momento de incertidumbre política.

Rufián ha defendido públicamente la importancia de evitar una mayor dispersión electoral y ha subrayado que cualquier entendimiento debe basarse en el respeto mutuo y en la voluntad de construir un proyecto compartido. Aunque no ha detallado los contenidos concretos de la propuesta, sí ha insistido en que el diálogo es imprescindible para afrontar los retos sociales y económicos actuales.

La reacción de Sumar no se ha hecho esperar. Desde la plataforma liderada por Yolanda Díaz se ha transmitido que existe disposición a participar en conversaciones más amplias que permitan explorar fórmulas de cooperación entre las distintas fuerzas progresistas. Aunque Sumar mantiene diferencias notables con Podemos y ha consolidado su propio espacio político, la dirección reconoce que un escenario de mayor coordinación podría evitar la pérdida de representación en futuros procesos electorales.

Fuentes de Sumar señalan que cualquier negociación debe partir de un diagnóstico compartido sobre la situación actual y de un compromiso claro con la estabilidad institucional. La plataforma insiste en que su prioridad es consolidar un proyecto que combine políticas sociales ambiciosas con una estrategia de diálogo y acuerdos amplios. Sin embargo, no descarta participar en un proceso más amplio si se dan las condiciones adecuadas.

Uno de los elementos más llamativos de este nuevo escenario es la implicación indirecta de Pablo Iglesias. Aunque el exvicepresidente del Gobierno se retiró de la política institucional, su influencia en el entorno de Podemos sigue siendo significativa. Según diversas informaciones, Iglesias está analizando la propuesta impulsada por Rufián y valorando sus posibles implicaciones para el futuro del espacio político. Su posición podría resultar determinante. Iglesias ha sido crítico con la evolución de Sumar y con la ruptura entre ambas formaciones, y ha defendido en varias ocasiones la necesidad de reconstruir un proyecto político coherente y con identidad propia. Su análisis de la propuesta podría influir en la estrategia de Podemos y en la disposición del partido a avanzar hacia un acuerdo más amplio.

A pesar del movimiento generado, el camino hacia una alianza estable no está exento de dificultades. Existen diferencias estratégicas, discrepancias sobre el liderazgo y heridas recientes que todavía condicionan la relación entre las distintas fuerzas. Además, cada partido tiene sus propios ritmos internos y sus prioridades electorales, lo que complica la articulación de un proyecto común.

Sin embargo, también hay factores que podrían favorecer el entendimiento. La fragmentación del voto progresista ha tenido consecuencias electorales visibles, y existe preocupación por la posibilidad de que esta división se traduzca en una menor capacidad de influencia institucional. Además, la presión social para abordar cuestiones como la vivienda, la precariedad laboral o la transición ecológica podría impulsar a las formaciones a buscar acuerdos más amplios.

Por ahora, las conversaciones siguen en una fase exploratoria. No hay un calendario definido ni un marco formal de negociación, pero el simple hecho de que se hayan reactivado los contactos ya supone un cambio respecto a la dinámica de los últimos meses. El movimiento de Rufián ha obligado a todos los actores a reconsiderar sus posiciones y ha reabierto un debate que parecía cerrado.

El futuro de esta posible alianza dependerá de la capacidad de las formaciones para superar sus diferencias y de su voluntad de construir un proyecto compartido. Lo que sí parece claro es que el espacio político de la izquierda vive un momento de redefinición, y que los próximos meses serán decisivos para determinar su rumbo.

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