La renuncia de Yolanda Díaz allana el camino para que Podemos se sume al frente amplio de Gabriel Rufián

Irene Montero, ahora sí, dispuesta a recoger el "guante" del portavoz de Esquerra para empezar a trabajar en la unidad de la izquierda

27 de Febrero de 2026
Actualizado a las 11:28h
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Ione Belarra e Irene Montero con Alberto Garzón en una imagen de archivo
Ione Belarra e Irene Montero con Alberto Garzón en una imagen de archivo

La número 2 de Podemos, Irene Montero, aseguró ayer que, tras el movimiento de Gabriel Rufián, queda demostrado que igual que hay una extrema derecha que arrasa, hay millones de personas de izquierda que quieren “izquierda”, “pancarta” y “justicia social”, y ha abogado por coger ese “guante”. Es la primera consecuencia de la renunciar de Yolanda Díaz a ser candidata a la Presidencia por Sumar.

La ministra de Trabajo era el gran escollo para que la formación morada se subiera al carro del frente amplio propuesto por Rufián, así que desaparecida la vicepresidenta el camino se allana. Montero hizo estas afirmaciones en una entrevista en Canal Red al ser preguntada por si la renuncia de la dirigente de Sumar Yolanda Díaz a presentarse a las próximas elecciones conllevará algún otro cambio entre los partidos de izquierda. No quiso entrar, alegando que ese es un asunto interno de la coalición, pero a nadie se le escapa que desde que Díaz la apartó de la dirección de Sumar, Podemos (al igual que a Ione Belarra), dejó de remar a favor de obra.

El anuncio del “paso al lado” de Yolanda Díaz ha reconfigurado de manera inmediata el tablero político del espacio a la izquierda del PSOE. La decisión de la vicepresidenta segunda de apartarse del liderazgo orgánico de Sumar ha abierto un escenario nuevo en el que Podemos, tras meses de confrontación abierta, ha aceptado iniciar conversaciones con Sumar y con el portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián. Este giro, que hace apenas unas semanas parecía improbable, responde a una combinación de factores internos, presiones electorales y la necesidad de recomponer un espacio fragmentado que ha perdido peso institucional y capacidad de influencia.

La disposición de Podemos a sentarse a negociar supone un cambio significativo respecto a la estrategia mantenida desde la ruptura con Sumar. Durante meses, la formación morada había optado por una línea de confrontación directa, denunciando lo que consideraba un intento de marginación dentro del espacio y criticando la dirección política de Díaz. La salida de la vicepresidenta del liderazgo de Sumar elimina uno de los principales obstáculos que Podemos señalaba para retomar el diálogo. Según fuentes del partido, el nuevo escenario permite “abrir una etapa distinta” en la que explorar acuerdos que hasta ahora parecían inviables.

El papel de Gabriel Rufián en este proceso también es relevante. El portavoz de ERC ha intensificado en los últimos meses su discurso sobre la necesidad de articular un frente amplio progresista capaz de influir en la agenda estatal. Su figura, situada en un punto intermedio entre distintas sensibilidades de la izquierda, se ha convertido en un posible mediador en un espacio marcado por la desconfianza mutua. La disposición de Podemos a incluir a Rufián en las conversaciones refleja la búsqueda de un marco más amplio que trascienda las tensiones bilaterales con Sumar.

El paso al lado de Yolanda Díaz ha sido interpretado por distintos actores como un reconocimiento de las dificultades para consolidar un liderazgo que unificara a todas las fuerzas del espacio. Aunque Díaz mantiene su papel institucional en el Gobierno, su renuncia a la coordinación de Sumar abre la puerta a una reorganización interna que podría desembocar en un liderazgo más colegiado o en una redistribución de responsabilidades. Para Podemos, este movimiento elimina el elemento que consideraban central en el conflicto: la figura de Díaz como interlocutora principal.

La aceptación de Podemos a negociar no implica, sin embargo, que las diferencias estén resueltas. Existen discrepancias profundas sobre la estrategia electoral, la estructura organizativa y la relación con el PSOE. Podemos ha insistido en la necesidad de recuperar autonomía política y visibilidad propia, mientras que Sumar ha defendido un modelo más amplio y transversal. Las conversaciones que ahora se abren deberán abordar estas cuestiones si se pretende reconstruir un espacio común.

Entre los factores que explican este giro se encuentra también la presión electoral. La fragmentación del espacio ha tenido consecuencias visibles en los últimos comicios, donde la suma de fuerzas progresistas a la izquierda del PSOE ha perdido representación. Tanto Podemos como Sumar han constatado que la división reduce su capacidad de influencia y dificulta la articulación de una agenda común. La posibilidad de que ERC participe en un eventual acuerdo añade un elemento adicional: la construcción de alianzas que puedan tener impacto en el Congreso y en la negociación de políticas estatales.

El papel de Rufián en este proceso responde a una estrategia más amplia de ERC para reforzar su presencia en el ámbito estatal. El portavoz republicano ha insistido en la necesidad de articular espacios de cooperación entre fuerzas progresistas que, sin renunciar a sus identidades propias, puedan coordinar posiciones en temas clave. Su participación en las conversaciones con Podemos y Sumar se interpreta como un intento de facilitar un marco de diálogo que supere las tensiones acumuladas.

La salida de Díaz del liderazgo de Sumar también obliga a esta formación a redefinir su estructura interna. Distintas voces dentro del espacio han señalado la necesidad de un modelo más colegiado que permita integrar a las distintas fuerzas que lo componen. La posibilidad de que figuras como Pablo Bustinduy o Ernest Urtasun asuman un papel más relevante está sobre la mesa, aunque por ahora no se ha tomado ninguna decisión formal. En este contexto, la apertura de negociaciones con Podemos se interpreta como un paso necesario para reconstruir un proyecto que ha sufrido desgaste en los últimos meses.

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