El PP convierte el Senado en una sala de juicios contra el sanchismo

La Constitución establece que la Cámara Alta debe servir para debatir sobre los problemas de las comunidades autónomas, pero la derecha infringe la Carta Magna

02 de Febrero de 2026
Actualizado a las 11:29h
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Pedro Sánchez en el Senado
Pedro Sánchez en el Senado

La última comparecencia del ministro de Transportes, Óscar Puente, en el Senado para explicar el accidente ferroviario ocurrido en Adamuz volvió a poner de manifiesto la tensión política que se ha instalado en la Cámara Alta desde que el Partido Popular obtuvo la mayoría absoluta. Lo que debía ser una sesión centrada en esclarecer los hechos, evaluar responsabilidades técnicas y avanzar en medidas de seguridad, terminó convertido en un espectáculo bronco, plagado de interrupciones, ataques personales y una estrategia deliberada del PP para erosionar al Ejecutivo.

Puente acudía a la Comisión de Transportes para detallar la secuencia del siniestro, las actuaciones de Renfe y Adif, y las medidas adoptadas. Sin embargo, desde el inicio de su intervención quedó claro que el foco no estaría en el accidente, sino en el propio ministro. “He venido a dar explicaciones técnicas y políticas, pero lo que encuentro es un intento de convertir esta comisión en un plató de tertulia”, afirmó Puente en uno de los momentos más tensos de la sesión.

El ministro comenzó su comparecencia con un repaso detallado de los hechos: la señalización previa, la velocidad del convoy, las comunicaciones entre maquinistas y centro de control, y las primeras conclusiones de la investigación interna. Subrayó que “no hay indicios de negligencia deliberada” y que el análisis preliminar apunta a “una concatenación de fallos que se está estudiando con rigor”.

Sin embargo, apenas pudo avanzar en su exposición. Los senadores del PP interrumpieron en varias ocasiones para cuestionar la veracidad de los datos, insinuar ocultación de información y acusar al ministro de “minimizar un accidente grave”. Puente respondió con visible molestia: “Si no me permiten terminar una frase, difícilmente podré aclarar nada. Quizá ese sea el objetivo”. Tuvo que afrontar la patada y tentetieso de los senadores populares, que pidieron a gritos su dimisión.

El senador popular Javier Maroto fue uno de los más duros. Acusó al ministro de “faltar al respeto a las víctimas” y de “venir aquí a hacer política barata”. En un momento de la sesión, Maroto llegó a afirmar que “el Gobierno está más preocupado por proteger su imagen que por garantizar la seguridad ferroviaria”.

Otro senador del PP, José Antonio Monago, elevó aún más el tono al asegurar que Puente “se comporta como un tertuliano incendiario” y que “cada vez que abre la boca genera un problema nuevo”. Sus palabras provocaron murmullos en la sala y una llamada al orden de la presidencia de la comisión. Mientras tanto, las explicaciones técnicas quedaron relegadas a un segundo plano. En ningún momento se trató de llegar al fondo de la verdad. Se trataba de hacer mucho ruido, gritos y palos a Sánchez.

Esta es una práctica habitual del PP. La derecha ha transformado la cámara de representación territorial para debatir sobre los asuntos que interesan a los ciudadanos de las diferentes comunidades autónomas en una sala de juicios para procesar al sanchismo. Y de ahí la farsa, la pantomima, el circo.

Con la mayoría absoluta en la Cámara Alta, el PP tiene capacidad para fijar el ritmo de las comisiones, multiplicar las comparecencias, endurecer el tono de las intervenciones y convertir cada sesión en un escaparate para desgastar al Gobierno. Desde la perspectiva de quienes critican esta estrategia, el objetivo no es tanto fiscalizar como forzar titulares y generar tensión. En la comparecencia de Puente se han producido interrupciones continuas, acusaciones personales, ataques que se alejan del contenido técnico y un estilo más propio de tertulia televisiva que de debate institucional. Quienes denuncian esta actitud sostienen que el PP prioriza el espectáculo sobre el análisis riguroso.

En lugar de centrarse en los informes técnicos, en las responsabilidades administrativas y si funcionaron las medidas de seguridad, los senadores populares llevaron el debate a una especie de juicio inquisitorial para tumbar al ministro sobre la lona. Para los críticos, esto convierte la comisión en un escenario de confrontación más que en un espacio de control parlamentario.

El PP utiliza el Senado como contrapeso político al Congreso, donde no tiene mayoría. Espectáculo, ruido y dramatización. Ministros como Óscar Puente, Félix Bolaños o María Jesús Montero se han convertido en objetivos recurrentes de las comisiones farsa del Senado. Es allí, en territorio hostil para el PSOE, donde los populares se despachan a gusto acusando a los ministros socialistas de arrogancia y de falta de credibilidad. Los detractores del PP interpretan esto como una estrategia de confrontación personal, más que institucional.

En definitiva, la crítica de que el PP “convierte el Senado en un circo” se basa en la percepción de que prioriza el espectáculo sobre el contenido, utiliza su mayoría para generar tensión y transforma las comparecencias en un escenario de desgaste político. No es una descripción neutral, sino una interpretación política que forma parte del debate público actual.

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