El palo de Gabriel Rufián a las izquierdas españolas tras las elecciones andaluzas

El líder de ERC cree que los diferentes partidos progresistas a nivel nacional son "el problema"

18 de Mayo de 2026
Actualizado a las 9:57h
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Gabriel Rufián con Irene Montero y Xavier Domenéch en Barcelona
Gabriel Rufián con Irene Montero y Xavier Domenéch en Barcelona

Como ocurre tras cada cita electoral, Gabriel Rufián hace balance en la red social X: “Tres cosas: 1) Es el momento de las izquierdas soberanistas. Un momento que deben saber interpretar y liderar: la conclusión no puede ser 'como a mí me va bien que le den a lo demás'. Y un momento que las izquierdas españolas deben saber aceptar y fomentar: son el problema”. El mensaje se completa: “2) Al PP y a Vox se les puede minar y ganar: optimizando la oferta electoral y con ciencia. Provincia a provincia. 3) Un abrazo enorme a @TeresaRodr [Teresa Rodríguez]. Habéis marcado un camino”.

¿Qué quiere decir Rufián con que es el momento de las fuerzas independentistas? Sin duda, la afirmación debe ser interpretada en clave de su propuesta de Frente Amplio, que preconiza la unidad de toda la izquierda. Es cierto que hay un ascenso de las fuerzas soberanistas o autonomistas de izquierda en distintos territorios del Estado. ERC en Cataluña, BNG en Galicia, EH Bildu en Euskadi, Compromís en la Comunidad Valenciana, entre otras, están consolidando un espacio político propio, con identidad territorial fuerte y discurso progresista. Pero cuidado porque hay una segunda parte del axioma: “La conclusión no puede ser como a mí me va bien que le den a los demás”. Es decir, el ombliguismo solo conduce a más extrema derecha.

Rufián sugiere que estas fuerzas no solo están creciendo, sino que están mejor conectadas con las demandas sociales y territoriales que las izquierdas de ámbito estatal. Para él, este es un momento de oportunidad: un punto de inflexión en el que estas formaciones pueden liderar una nueva etapa política si saben interpretarla correctamente.

Cuando afirma que deben “saber interpretar y liderar”, está señalando que el crecimiento electoral no basta. Hace falta proyecto, coordinación y visión estratégica. En otras palabras, no se trata solo de obtener votos, sino de construir un espacio político cohesionado y con capacidad de influencia real. Ahí es donde Rufián lanza una crítica interna, dirigida a las propias izquierdas soberanistas. Les advierte contra la tentación de encerrarse en su éxito particular y desentenderse del resto del mapa político. Lo que está diciendo es: no basta con que a tu partido le vaya bien si el conjunto del bloque progresista retrocede.

En política, los avances aislados pueden convertirse en victorias pírricas si no se traducen en mayorías amplias o en capacidad de condicionar gobiernos. Rufián reclama una visión más amplia: cooperación, alianzas, y una lectura compartida del momento político. Este mensaje también puede interpretarse como una llamada a evitar el sectarismo. En un contexto de fragmentación, las izquierdas soberanistas –si quieren liderar algo– deben actuar con responsabilidad y sentido de proyecto común.

Pero el dardo de Rufián va dirigido también a las cainitas izquierdas españolas, que deben saber aceptar que “son el problema”. Esta es, sin duda, la frase más polémica del mensaje. Rufián afirma que las izquierdas de ámbito estatal (principalmente PSOE y Sumar) son causantes de la decadencia. ¿Qué quiere decir con esto? Rufián sostiene desde hace años que las izquierdas estatales no han sabido comprender ni integrar las demandas territoriales de comunidades como Cataluña, Euskadi o Galicia. Según esta visión, siguen operando con una lógica centralista o uniformadora que choca con la realidad plurinacional del Estado.

El mensaje también puede interpretarse como una crítica a la incapacidad de estas fuerzas para frenar el avance de la derecha en territorios clave. Si las izquierdas estatales pierden terreno, el conjunto del bloque progresista se debilita, y eso afecta también a las fuerzas soberanistas. Rufián sugiere que las izquierdas españolas no solo deben aceptar el ascenso de las izquierdas soberanistas, sino fomentarlo. Es decir, asumir que la pluralidad territorial es una fortaleza y no una amenaza. En su visión, el futuro del progresismo pasa por alianzas multinivel, no por intentos de recentralizar el liderazgo. El mensaje de fondo es un nuevo equilibrio en la izquierda. Más allá de la provocación, el mensaje de Rufián apunta a un cambio profundo en el ecosistema político español. La izquierda ya no es un bloque homogéneo, sino un mosaico de identidades territoriales, proyectos políticos y estrategias diversas. Unidad electoral sí, suma de votos sí, confluencia, plataforma y bloque sí, pero manteniendo la identidad propia de cada partido.

Rufián plantea que el futuro pasa por reconocer esa diversidad y articularla políticamente. Y, sobre todo, por entender que el liderazgo ya no puede venir solo desde Madrid. Las izquierdas soberanistas, según él, están mejor situadas para interpretar el momento social y político actual.

Aunque Andalucía no es un territorio con fuerte presencia de izquierdas soberanistas, los resultados electorales demuestran que el andalucismo rebrota en forma de un movimiento como Adelante Andalucía (que ha cambiado la etiqueta de anticapitalista por el de soberanismo mientras la propuesta unitaria o nacional de Por Andalucía con Antonio Maíllo liderando la coalición Izquierda Unida, Podemos y Sumar se estanca). Cuando la izquierda estatal retrocede en un territorio tan poblado y resucita el autonomismo es que algo se está haciendo mal. El mensaje que se envía al conjunto del país es claro: algo no está funcionando.

Rufián aprovecha ese contexto para reforzar su tesis: si las izquierdas estatales no logran conectar con amplios sectores sociales, quizá ha llegado el momento de que otras izquierdas –las soberanistas– asuman un papel más central. Como suele ocurrir con Rufián, su mensaje es a la vez análisis y advertencia. Está diciendo a las izquierdas soberanistas: “Este es vuestro momento, pero no lo desperdiciéis”. Y a las izquierdas estatales: “Si no entendéis lo que está pasando, seguiréis perdiendo terreno”. En el fondo, plantea un debate sobre liderazgo, identidad y estrategia dentro del espacio progresista español.

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