¿Existe un “pacto secreto” entre el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, y el rey Mohamed VI de Marruecos para reconocer la soberanía marroquí sobre Ceuta y Melilla en un futuro no muy lejano? En los últimos días han llegado noticias inquietantes en este sentido desde el otro lado del Atlántico. Noticias que tienen que ver con filtraciones de algunos senadores republicanos que no estarían de acuerdo con ese movimiento estratégico de la política internacional que solo cabe en la mente delirante de un hombre como Trump. Dar ese paso suicida llevaría a una convulsión en Europa como no se producía desde la Segunda Guerra Mundial y abocaría a la UE a un escenario de consecuencias imprevisibles.
En Bruselas hay países que sienten animadversión hacia las políticas disparatadas y unilaterales de Trump, pero también los hay que están en la órbita ultrapopulista del magnate neoyorquino. La existencia de ese plan llevaría a una ruptura insalvable en el seno de la UE. Una fractura tal que el proyecto europeo podría darse por muerto y enterrado para siempre. Eso es precisamente lo que pretende Trump: acabar con la UE (un sueño del que también participa su amigo y socio de tropelías Vladímir Putin). De modo que, en la Casa Blanca, los asesores del presidente parecen haber encontrado una fisura, una grieta, una rendija por la que inocular el explosivo letal con el que hacer volar el club comunitario de los 27.
Según las filtraciones que llegan de Washington, la Administración Trump habría dado luz verde a un plan para transferir la soberanía de las ciudades autónomas españolas de Ceuta y Melilla al reino alauita. Y aunque la noticia tiene visos de bulo monumental construido sobre la manipulación de documentos oficiales y la tergiversación del derecho internacional, conviene no perder de vista esa hipótesis que sería catastrófica para España y para Europa. Trump ya ha amenazado con invadir Groenlandia. Ahora ha visto un nicho de oportunidad en la desestabilización de la frontera sur europea con la complicidad del rey Mohamed VI, un sátrapa que no duda en echar a las aguas de Ceuta a su pueblo (condenándolo a una muerte probable) para generar una crisis demográfica, política y social sin precedentes en nuestro país.
El origen de la filtración sobre el pacto secreto EEUU-Marruecos parte de un proyecto de ley presupuestaria debatido recientemente en la Cámara de Representantes de los Estados Unidos. Diversas publicaciones en redes sociales y portales informativos afirmaron de manera categórica que el Congreso estadounidense había aprobado una “transferencia judicial” de los territorios españoles de Ceuta y Melilla a Marruecos. Y aunque no fue así, porque Trump no es un emperador del mundo con potestad para delimitar y trazar fronteras de terceros estados, el inquietante texto existe. El borrador en cuestión no era una ley ejecutiva, sino un informe de la Comisión de Asignaciones del Congreso de EE.UU. El documento se incluye en la sección 7041 [páginas 87-88] sobre Oriente Medio y Norte de África y se limita a describir la situación geográfica de Ceuta y Melilla, mencionando que ambas ciudades son “administradas por España, están situadas en territorio marroquí y siguen siendo objeto de reivindicación por parte de Marruecos”. También se respaldan “los esfuerzos del secretario de Estado por fomentar el diálogo diplomático entre Marruecos y España sobre el futuro estatuto de Ceuta y Melilla”. No se hace mención alguna a que estas ciudades autónomas vayan a ser transferidas al Gobierno marroquí, pero sin duda el tono es amenazante contra España.
Mohamed VI ha hecho verdaderos esfuerzos por ganarse la confianza de Trump, y lo ha conseguido hasta tal punto que se ha convertido en el aliado más fiel de EE.UU en África. La concesión del Mundial 2030 a España, Portugal y Marruecos es una victoria de la diplomacia alauita, que se ha granjeado la simpatía de Gianni Infantino, presidente de la FIFA, a través de Trump. El regalo a cambio de esa coalición bilateral ha sido la construcción de una autopista a través del desierto que llevará el nombre del presidente de Estados Unidos. Por descontado, Trump está encantado con el presente ofrecido por su amigo el rey de Marruecos. De un megalómano narcisista con ideas de grandeza no podía esperarse nada distinto, pero sin duda esa carretera es la prueba material de que se están estableciendo alianzas soterradas y secretas que van más allá de lo que se cuenta en la prensa. Hasta tal punto que numerosos expertos entienden que los hechos acaecidos en la frontera de Ceuta en la última semana, el salto a la frontera de 70.000 inmigrantes marroquíes, no se podría haber planeado y ejecutado sin el respaldo de Washington.
El derecho internacional es claro sobre la soberanía de Ceuta y Melilla: los Estados Unidos no poseen ninguna competencia, jurisdicción ni autoridad legal para decidir sobre las fronteras de un tercer país. Ceuta y Melilla son partes integrantes del Estado español, reconocidas por la Unión Europea y amparadas por la Constitución Española de 1978. Cualquier alteración de su estatus territorial requeriría la firma de un tratado bilateral por parte del Gobierno de España y su posterior ratificación en las Cortes Generales, un escenario que no está en absoluto sobre la mesa. Durante su mandato, la Administración Trump dio un giro histórico a la política exterior en la región al reconocer oficialmente la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental, a cambio de la normalización de relaciones de Rabat con Israel. Esta fuerte sintonía –evidenciada en gestos recientes como el bautizo de la citada autopista estratégica marroquí con el nombre de Trump– hace que cualquier movimiento en Washington sea visto con recelo desde la Península Ibérica. El magnate norteamericano ha lanzado amenazas explícitas contra los españoles, a los que ha calificado de “aliados horribles” por no invertir el 5 por ciento de su presupuesto en Defensa en la OTAN. Y además no le agrada el hecho de que sea España el único país que controla el Estrecho en la ruta por el Mediterráneo desde los dos continentes, Europa y África. Mucho mejor para él y para sus intereses petrolíferos y militares sería que Marruecos se hiciese cargo de esa misión.
Rabat utiliza habitualmente su posición de fuerza con EE.UU para presionar diplomáticamente a España, utilizando la gestión migratoria y la soberanía de las ciudades autónomas como herramientas de negociación. A día de hoy, el “pacto secreto” entre Trump y Mohamed VI sobre Ceuta y Melilla no deja de ser una hipótesis de ficción geopolítica, pero con base probatoria suficiente como para sentir preocupación. La integridad territorial de ambas ciudades españolas está garantizada por la legalidad internacional, pero Trump ya ha dado muestras suficientes de que la ley (sea interna americana o externa internacional) le importa un bledo. Si en un futuro quizá no muy lejano siente la necesidad de entregarle a Marruecos el goloso caramelo de los últimos enclaves españoles en África lo hará sin dudarlo. Los autócratas fascistas actúan así.
Añadir DiarioSabemos como fuente preferida de Google de forma gratuita
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.
