El Mosad también tenía en la diana a Zapatero

El servicio de inteligencia israelí trabaja en estrecha conexión con la CIA y las demás agencias norteamericanas

09 de Junio de 2026
Actualizado a las 6:53h
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Zapatero en una imagen de archivo

No solo Donald Trump se la tenía jurada a Zapatero por la escasa colaboración del PSOE y del Gobierno Sánchez en la guerra de Irán. También Benjamin Netanyahu. El informe de las agencias de seguridad de Estados Unidos sobre el rescate de Plus Ultra, que vincula al expresidente socialista con una supuesta red criminal internacional, no es el único que circula estos días. El Mosad, el servicio secreto israelí, iba tras esa misma pista después de que el Gobierno de Pedro Sánchez denunciara el genocidio en Gaza.

La relación entre España e Israel ha atravesado momentos de tensión diplomática, pero pocas veces se ha puesto el foco en el papel que pudieron desempeñar los servicios de inteligencia en ese escenario. Diversas informaciones publicadas en los últimos años por medios internacionales han sugerido que el Mosad, la agencia de inteligencia exterior israelí, habría seguido de cerca los movimientos del expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero durante su etapa en La Moncloa.

El distanciamiento comenzó a hacerse visible a partir de 2006, cuando el Gobierno español reforzó su apoyo a iniciativas diplomáticas críticas con la actuación israelí en Oriente Medio. La retirada de tropas de Irak, la apuesta por el reconocimiento del Estado palestino y ciertos gestos simbólicos –como la ausencia de Zapatero en actos oficiales con representantes israelíes– fueron interpretados por algunos sectores como señales de un giro político que no pasó desapercibido para los servicios de inteligencia.

En ese contexto, varias fuentes diplomáticas han señalado que el Mosad habría intensificado la recopilación de información sobre la estrategia española en la región. No se trataría de un caso aislado: la agencia israelí mantiene una amplia red de observación en Europa, especialmente en países con influencia en la política mediterránea. El interés por Zapatero, por tanto, encajaría en una lógica de seguimiento geopolítico más que en una operación dirigida específicamente contra su figura.

Aun así, la percepción de que el expresidente español estaba “en el punto de mira” refleja el clima de desconfianza que marcó aquellos años. España buscaba reforzar su papel como mediador en Oriente Medio, mientras Israel observaba con recelo cualquier movimiento que pudiera alterar el equilibrio diplomático. La tensión se hizo especialmente visible en foros internacionales, donde las posiciones de ambos gobiernos chocaron en varias ocasiones.

Hoy, con la perspectiva del tiempo, el episodio ilustra cómo las decisiones políticas pueden activar mecanismos de vigilancia y análisis por parte de potencias extranjeras. No implica necesariamente hostilidad, pero sí evidencia la complejidad de un tablero internacional donde cada gesto se interpreta, se evalúa y, en ocasiones, se monitoriza con atención.

“La vigilancia del Mosad sobre Venezuela y los países del grupo de Puebla no es gratuita. El narcoestado de Nicolás Maduro lleva años actuando como sucursal de Irán en Latinoamérica. Oro, coltán, uranio y otros minerales estratégicos salen del país en vuelos discretos rumbo a Teherán. Al mismo tiempo, Venezuela e Irán utilizan bancos rusos para blanquear miles de millones procedentes del narcotráfico y de la venta de armas”, asegura el periodista Joaquín Abad.

“Y mientras tanto, asesores iraníes supervisan en territorio venezolano la construcción de drones suicidas y misiles en instalaciones subterráneas, diseñadas para esquivar la vigilancia de los satélites norteamericanos. El Mosad no solo rastrea cargamentos y fábricas. También sigue la pista del dinero. Y aquí entran en escena los políticos del grupo de Puebla. Sirven como portavoces del chavismo en Europa y en América Latina. José Luis Rodríguez Zapatero está entre los más señalados”, añade el veterano reportero que fue director de La crónica en Almería y de El Caso. Los espías judíos no solo habrían seguido a ZP “por su papel complaciente como mediador [con Venezuela]”, sino por las conexiones con Rusia en operaciones financieras de Nicolás Maduro “en coordinación con el régimen iraní”. “Un engranaje perfecto para mover capitales sucios, lejos del alcance judicial”, añade el periodista especializado en temas de seguridad internacional.

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