El caso Zapatero como parte de la guerra híbrida de Trump para destruir Europa

Diversas agencias de seguridad norteamericanas trabajan ya para fabricar informes contra los líderes de la UE que no se arrodillen ante la secta MAGA

03 de Junio de 2026
Actualizado a las 10:25h
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Trump en una imagen de archivo
Trump en una imagen de archivo

La vuelta de Donald Trump a la Casa Blanca ha supuesto una nueva fase de presión estratégica, desinformación y maniobras de inteligencia orientadas a debilitar la cohesión de la Unión Europea y la OTAN. La guerra híbrida, ya constatada y acreditada, desplegada por las autocracias antidemocráticas bajo la batuta del magnate neoyorquino. Bajo esa perspectiva, el caso Zapatero, una extraña colaboración policial y judicial entre las agencias de seguridad de la Administración MAGA y la Justicia española –indudablemente marcada por la explosiva situación internacional actual y los intereses estratégicos de Trump en Europa, América Latina y Oriente Medio–, encaja a la perfección en ese patrón de desestabilización de gobiernos occidentales, aliados hasta hace no mucho (hoy enemigos), de los Estados Unidos de América.

Según algunos medios extranjeros como el italiano L'Espresso, el presidente yanqui habría ordenado a sus agencias de seguridad la elaboración y difusión de dosieres confidenciales contra líderes europeos, partidos políticos y sectores económicos clave con el objetivo de utilizarlos como chantaje en futuras negociaciones políticas, comerciales y militares. El objetivo: ir derribando a las democracias liberales de la UE para implantar en el poder, en su lugar, a partidos en la órbita del trumpismo. En España, esa función de correa de transmisión del trumpismo la ejerce Vox, pero también, de alguna manera, el Partido Popular. Ambos tienen bajo su control a buena parte de la Justicia conservadora y de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, peones dispuestos a hacer lo que haya que hacer para derrocar a Pedro Sánchez. Prueba de ese presunto complot o “pinza” internacional, en este caso contra el Gobierno socialista de coalición, serían las reuniones mantenidas en la Embajada de Estados Unidos en España, a las que asistieron Feijóo, Ayuso y Abascal en vísperas del auto de imputación del juez Calama contra Zapatero, a quien el magistrado ha acusado de formar parte de una red criminal venezolana destinada a canalizar las ayudas oficiales por el rescate de la compañía aérea Plus Ultra. Destacados dirigentes de la izquierda española como Enrique Santiago y Antonio Maíllo han denunciado esas entrevistas entre bambalinas en los días previos al histórico auto de la Audiencia Nacional que imputa a un expresidente del Gobierno por primera vez en democracia.

En esa línea, el famoso informe del HSI (Homeland Security Investigations) que la Casa Blanca remitió al magistrado Calama sería la mejor prueba de esa sincronización acordada por el trumpismo norteamericano y sus sucursales europeas. El documento ha resultado letal para la imagen del expresidente socialista y su proyección como hábil mediador en conflictos internacionales, y amenaza con ser el primero de una serie de andanadas en forma de dosieres secretos no solo contra España, sino contra otros países de la UE. De hecho, desde que se conoció la noticia sobre ZP de impacto global, entre algunos gobernantes europeos como la italiana Meloni, el francés Macron y el alemán Merz cunde la sensación (más bien el miedo) de que Trump quiera ir también a por ellos con alguna de sus carpetas convenientemente desempolvada de los archivos de la CIA, el FBI o el HSI y transmitida a la policía de Roma, París o Berlín.

En realidad, el informe Zapatero sobre las supuestas conexiones comerciales con el chavismo venezolano elaborado por un cuerpo policial vinculado al siniestro ICE (no lo olvidemos) tiene más ruido que nueces, más de titular de prensa sensacionalista que de conclusiones penales. Hasta la fecha, lo único que sabemos es que Zapatero está inmerso en una serie de “investigaciones prejudiciales” vinculadas a la Corte Federal de Nueva York y la Fiscalía estadounidense. Se trataría, por tanto, de investigaciones preliminares o previas que autoridades estadounidenses estarían realizando antes de abrir un procedimiento formal. No hay, de momento, una acusación oficial contra Zapatero. Las actuaciones preliminares no pasan de ser una revisión o recopilación de información sobre una persona sin una imputación formal, sin cargos y sin proceso judicial abierto. En esa línea, llama la atención que la Corte Federal lleve cinco años de investigaciones sin haber cazado en nada concreto al expresidente socialista. Si la Fiscalía neoyorquina en la órbita de Trump hubiese hallado algo definitivo contra ZP, ya lo sabría Abascal, Vox, y por tanto OK Diario.

La mano de Trump es alargada. El dirigente ultraconservador cuenta con nada despreciables tentáculos europeos, partidos instalados como pequeños caballos de Troya en cada rincón del viejo continente. Aunque la Administración del multimillonario de Mar-A-Lago niega cualquier intención hostil contra la UE, en Bruselas se interpretan estos movimientos de colaboración policial y judicial de EEUU (nada desinteresados, Washington jamás colaboró con nadie sin recibir algo a cambio) como el relanzamiento de la guerra híbrida contra Europa. Un concepto que, aunque asociado en los últimos años a la Rusia de Putin, Trump desarrolla con igual maestría.

La guerra híbrida describe un conjunto de tácticas que combinan herramientas militares, económicas, informativas y cibernéticas para erosionar a un adversario sin necesidad de un conflicto armado convencional. Se basa en la desinformación (campañas coordinadas para manipular a la opinión pública, polarizar sociedades y erosionar la confianza en las instituciones); ciberataques (intrusiones en infraestructuras críticas, robo de datos o sabotaje digital); presión económica (uso de aranceles, sanciones o chantajes comerciales para forzar decisiones políticas, en esta táctica Trump es un auténtico especialista); operaciones de inteligencia (recopilación de información sensible para influir, chantajear o condicionar a actores políticos); y apoyo encubierto a movimientos políticos (financiación indirecta, amplificación mediática o respaldo estratégico a partidos afines). El objetivo no es derrotar militarmente a un enemigo, sino debilitarlo desde dentro, fracturar alianzas y generar un clima de inestabilidad que permita imponer condiciones favorables. Trump y Putin (Trumputin, como bautizamos en esta misma columna a ese monstruo neofascista que rige los destinos del nuevo desorden mundial) llevan años practicando estas sucias maniobras y estratagemas contra las democracias liberales (que detestan) desde sus agencias de seguridad y espionaje. En los tiempos que corren no se debe poner la mano en el fuego por nadie, tampoco por Zapatero, que ha estado en contacto con lo peor del régimen venezolano de Nicolás Maduro. Si tuvo relación con el superjefe de espías el Pollo Carvajal y negocios espurios con el chavismo, es algo que deberá ser aclarado en los tribunales. Pero conviene analizar las cosas en su justo término. La Justicia no es un conjunto de titulares tendenciosos de la cutre prensa de la caverna experta en fabricar montajes mediáticos como publicar fotos de baratijas y hacerlas pasar por las preciadas joyas de un peligroso capo de la mafia. Es un juicio basado en pruebas. Pruebas que, hasta donde sabemos en este caso, no existen.

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