Moreno Bonilla da un baño de gestión a Feijóo en la catástrofe ferroviaria de Adamuz

El presidente andaluz ha mantenido un perfil institucional y de colaboración con el Estado, una estrategia radicalmente diferente al trumpismo del líder del PP durante la dana de Valencia

21 de Enero de 2026
Actualizado a las 8:54h
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Pedro Sánchez, Moreno Bonilla y el alcalde de Adamuz
Pedro Sánchez comparece en Adamuz junto a Juan Manuel Moreno Bonilla 

El trágico accidente ferroviario de Adamuz, que hasta el momento ha dejado 41 muertos y más de un centenar de heridos, no solo ha puesto a prueba la capacidad de respuesta y coordinación de las diferentes instituciones del Estado, sino que también ha reconfigurado –al menos temporalmente– el equilibrio interno del Partido Popular. En medio de la conmoción, la figura de Juanma Moreno Bonilla, presidente de la Junta de Andalucía, ha adquirido un protagonismo inesperado y, según la percepción pública reflejada en estos días, superior incluso al del propio líder nacional del partido, Alberto Núñez Feijóo. Sin duda, Bonilla emerge con su gestión tranquila de las catástrofes frente al trumpismo conspiranoico, enloquecido y cainita con el que se manejó Feijóo durante los peores días de la dana de Valencia, cuando no solo avaló la incompetencia de Carlos Mazón, sino que la encubrió y la defendió.

Todo lo que hizo el líder del PP durante la riada valenciana fue un desastre. Dio amparo a teorías de la conspiración para acusar de negligencia al Gobierno de Sánchez, a Teresa Ribera, a la AEMET y a la Confederación Hidrográfica del Júcar (algo que no se sostenía, ya que hasta la jueza de Catarroja ha zanjado la cuestión al asegurar que las competencias en Protección Civil corresponden exclusivamente a la Generalitat valenciana); difundió bulos y noticias  tendenciosas interesadas; e impulsó la figura política de un Mazón que estaba quemado, ya que pasó toda la tarde de comidas en El Ventorro en lugar de ponerse al frente del Cecopi para salvar la vida de sus paisanos. Uno de los puntos más controvertidos fue la afirmación inicial de Feijóo de que había recibido información “en tiempo real” del entonces presidente valenciano. La investigación judicial ha ido desmontando esa versión hasta dejarla en lo que es: una mentira más. La jueza de Catarroja constató que no era necesario declarar la emergencia nacional, tal como le exigió una y otra vez el jefe de la oposición al Gobierno central. Feijóo terminó reconociendo ante la jueza que no tuvo información en tiempo real, rectificando su versión inicial. Es decir, la jueza lo pilló con el carrito del helado, como suele decirse coloquialmente.

En otra declaración, Feijóo admitió que se había “confundido” al decir desde cuándo estuvo informado, precisando que no recibió datos el lunes previo al desastre. Todas estas rectificaciones vinieron a confirmar la falta de transparencia y la gestión improvisada. Tanto es así, que la magistrada de Catarroja terminó citándolo como testigo para aclarar sus comunicaciones y mensajes de wasap con Mazón durante las peores horas de la tragedia. Desde entonces, Feijóo no duerme tranquilo, menos sabiendo que los familiares de las víctimas acusan a Mazón de “asesino” de 230 personas y a él de encubridor.

Juanma Moreno, un político que no hace cosas raras y con cierto olfato político, ha aprendido la lección. En cuanto se conoció la noticia del choque de los dos trenes en Adamuz, tendió la mano al Gobierno central para trabajar codo con codo con Pedro Sánchez y Óscar Puente, como no podía ser de otra manera. No quería ser el Mazón de Andalucía. Al contrario que el expresidente valenciano, que huyó de la riada para refugiarse en un restaurante, desde los primeros momentos tras el descarrilamiento, Moreno Bonilla se desplazó a Adamuz para supervisar la coordinación de los servicios de emergencia y transmitir calma a la ciudadanía. Su mensaje fue claro: no era momento de confrontación política, sino de unidad institucional. En una entrevista en RNE, subrayó que “no cabe disputa política” ante una tragedia de esta magnitud, insistiendo en la necesidad de centrarse en las víctimas y en la gestión de la emergencia. Ni conspiraciones ni otras memeces. Sentido común y respeto a las víctimas.

Este tono prudente y constructivo ha sido ampliamente reconocido. Incluso desde el Gobierno central, el propio ministro de Transportes, Óscar Puente, ha elogiado públicamente su actuación, calificándola de “correctísima” y destacando la plena colaboración entre administraciones. Así, mientras Moreno Bonilla se convertía en una referencia institucional durante la crisis, Feijóo aparecía en un segundo plano, pese a su visita al puesto de mando avanzado en Adamuz. Aunque el líder del PP expresó su gratitud por la solidaridad de los cordobeses, su intervención no ha tenido el mismo impacto emocional ni mediático. La opinión pública, esa especie de conciencia colectiva, tenía fresca aún en la memoria sus disparates y locuras de la dana valenciana.

Otros episodios refuerzan la imagen de Moreno como figura moderadora dentro del propio PP. En una entrevista televisiva, frenó en directo un intento de Ana Rosa Quintana de orientar la entrevista hacia teorías de las conspiraciones y críticas al Gobierno central, volviendo a las andadas. Moreno Bonila zanjó la cuestión diciendo que no era el momento para ese tipo de debates. Como un señor.

La combinación de serenidad, coordinación y ausencia de confrontación ha proyectado a Moreno Bonilla como un líder capaz de gestionar crisis con altura institucional. Su actitud ha sido interpretada como un ejemplo de responsabilidad política, lo que contrasta con la estrategia de tensión permanente habitual entre el PP nacional y el Gobierno central. En este contexto, no sorprende que, a ojos de la opinión pública, Moreno haya emergido como una figura más sólida y eficaz que Feijóo en estos días. Su capacidad para dialogar con el Gobierno, evitar polémicas y centrarse en la gestión ha reforzado su perfil de estadista, alimentando incluso especulaciones sobre su peso futuro dentro del partido. Abascal, Ayuso y ahora el andaluz. Feijóo tiene otro motivo para estar preocupado.

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