La inversión récord en Defensa de Pedro Sánchez calma a los militares (y a Trump)

España cumple con su compromiso de incrementar el gasto armamentístico durante el año 2025

30 de Diciembre de 2025
Actualizado el 08 de enero de 2026
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Maniobras del ejército en una imagen de archivo. Pedro Sánchez aumenta la inversión en Defensa
Maniobras del ejército en una imagen de archivo. Pedro Sánchez aumenta la inversión en Defensa

España llega sin presión y con confianza a la evaluación que la OTAN realizará en enero de 2026. El Estado español va a gastar 10.471 millones de euros más en Defensa en 2025 respecto a años anteriores, esa es la cifra oficial anunciada por el Gobierno y confirmada por varias fuentes internacionales y nacionales.

Este incremento permite que España alcance el 2% del PIB en gasto militar, objetivo marcado por la OTAN y exigido por Donald Trump, que al final ha logrado arrastrar a España por el camino del gasto en armamento. Se trata de un salto significativo: nuestro país adelanta cuatro años el compromiso que inicialmente debía cumplirse en 2029.

El gasto total en Defensa en 2025 asciende a 33.123 millones de euros. Según el desglose oficial esta inversión supone una mejora de condiciones laborales, preparación y equipamiento (3.712 millones, un 35%); prepara a España para la innovación (tecnologías de telecomunicación y seguridad, 3.262 millones, un 31%); y prevé la instalación de instrumentos de defensa y disuasión (armamento avanzado, 1.962 millones, un 19%). De esta manera, España incrementa su gasto en Defensa en 10.471 millones de euros más que en años anteriores, un aumento que permite alcanzar el 2% del PIB en 2025 y cumplir con los compromisos de la OTAN.

Estamos por tanto ante la España más militarizada de las últimas décadas. El incremento promete ser histórico y los datos avalan esta idea. El aumento constituye la mayor subida anual jamás registrada desde que existen series comparables. Nunca antes España había incrementado su gasto militar en una cifra tan alta en un único ejercicio. Los aumentos anteriores (incluso en periodos de modernización acelerada) fueron mucho menores. Y aunque es cierto que España llevaba décadas por debajo del objetivo de la OTAN, el debate se centra ahora en si reforzar el Ministerio de Defensa, dejando desatendidos otros servicios públicos como la Sanidad o la Educación, es lo que más le conviene al país.

España pasa del entorno del 1,3%-1,4% al 2% en un solo año. El estipendio es brutal. Un impulso sin precedentes en programas de capacidades. Nunca antes se había ejecutado un plan tan ambicioso, lo que viene a corroborar que nos encontramos ante un escenario militar peligroso. Tanto Ucrania como Marruecos representan focos de inestabilidad que afectan directamente a Europa y, en particular, a España. La invasión rusa ha provocado inestabilidad prolongada en el flanco este de Europa; el rearme acelerado de la UE y la OTAN; el riesgo de escalada si Rusia decide ampliar la presión militar; y el impacto económico en energía, materias primas y cadenas de suministro. A todo ello se suma que Putin ha dejado claro que no quiere la guerra, pero no le temblará el pulso si Rusia, una potencia nuclear de primer orden, se ve acorralada por la OTAN.

Europa vive su mayor crisis de seguridad desde 1945. La guerra no solo continúa, sino que se ha convertido en un conflicto de desgaste que obliga a los países europeos (incluida España) a reforzar su defensa y su autonomía estratégica. Pero además está el conflicto secular con Marruecos, un vecino clave con tensiones latentes. La relación con el reino alauita es estratégica para España, pero también compleja. Preocupan varios factores, como el rearme acelerado del ejército marroquí en los últimos años; las tensiones históricas sobre Ceuta, Melilla y las aguas canarias; la competencia por influencia en el norte de África; y la gestión de la migración, que a veces se usa como herramienta de presión política por parte del rey de Marruecos. Todo ello lleva a pensar en que, aunque no hay un conflicto abierto, sí existe un riesgo estructural derivado de intereses divergentes y de la creciente militarización en la región.

Sin duda, España se encuentra entre dos frentes sensibles: al este, la guerra en Ucrania obliga a reforzar la defensa colectiva de la OTAN; al sur, Marruecos y Argelia mantienen una rivalidad que afecta directamente a la estabilidad del Mediterráneo occidental. El terrorismo yihadista sigue activo en el Sahel. Las rutas migratorias están bajo presión. La competencia geopolítica entre grandes potencias (EE.UU., Rusia, China) se intensifica. Todo esto crea un entorno donde la seguridad ya no se da por sentada. El escenario internacional es cada vez más peligroso, conflictivo e inflamable. En ese contexto, no extraña que Pedro Sánchez haya dado la orden de abrir el grifo del gasto militar. "Sois la mejor inversión", le dijo a la oficialidad en una reciente reunión castrense. La tropa, desde el anuncio sanchista, respira aliviada. Nada mejor que una buena inyección de dinero para calmar las ansias guerreras de los soldados. Y más aún, en un país de tradición levantisca y conflictiva en los cuarteles como es España.

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