Europa al borde del abismo: Estados Unidos se retira y Rusia prepara su ofensiva

La retirada de Estados Unidos deja a Europa vulnerable frente a Rusia. Descubre cómo la OTAN y la UE luchan contra la inacción, la fragmentación interna y la amenaza militar rusa que podría cambiar la seguridad global para siempre

28 de Diciembre de 2025
Actualizado el 29 de diciembre
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Europa seguridad
La primera ministra italiana Giorgia Meloni debate con, entre otros, Emmanuel Macron, Ursula von der Leyen y Mark Rutte | Foto: The White House

La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca ha cambiado radicalmente el mapa de seguridad europea. Los aliados de la OTAN se enfrentan a una realidad incómoda: la disuasión frente a Rusia, el apoyo a Ucrania y la defensa de Europa recaerán cada vez más sobre ellos mismos. Lejos de los alegatos históricos sobre la necesidad de desplazar el centro estratégico hacia Asia-Pacífico o sobre los bajos esfuerzos europeos en defensa, la administración Trump ha dejado claro su propósito de desentenderse de Ucrania y proteger sus relaciones con Moscú, relegando a sus aliados a asumir responsabilidades que, hasta hace poco, consideraban compartidas.

La estrategia estadounidense revela un distanciamiento transatlántico que convierte a la alianza en un mecanismo más transaccional que basado en valores compartidos. En este nuevo escenario, los europeos deben evaluar qué nivel de compromiso militar y presupuestario están dispuestos a asumir, ya sea dentro del pilar europeo de la OTAN o mediante iniciativas autónomas. La planificación del relevo estratégico es urgente: cuanto más tarde Europa en asumir responsabilidades, mayor será el riesgo de una retirada abrupta de Estados Unidos que deje al continente expuesto.

Rusia: una guerra híbrida en curso

El panorama se complica por la hostilidad rusa y su creciente capacidad militar. Desde 2014, Rusia ha desplegado una guerra híbrida contra Europa, combinando desinformación, ciberataques, sabotajes y amenazas directas, incluida la intimidación nuclear. Las Fuerzas Armadas rusas cuentan hoy con 1,5 millones de soldados experimentados y han incrementado su gasto en defensa del 2,8% al 6,7% del PIB, produciendo en un año armamento que a la OTAN le lleva tres. La guerra en Ucrania ha reforzado su maquinaria militar y, pese a las pérdidas y sanciones, el respaldo interno a Vladímir Putin permanece sólido, dejando abierta la posibilidad de nuevas aventuras militares.

Mientras tanto, la percepción europea de la amenaza es heterogénea. Algunos Estados subestiman los riesgos de Rusia, considerando los ataques híbridos como incidentes aislados. Otros, más sensibles a la guerra híbrida, temen que Moscú pueda pasar de la zona gris a la confrontación convencional, replicando escenarios como Crimea o Siria. Esta disparidad debilita la cohesión estratégica europea y retrasa la construcción de capacidades autónomas.

Preparación insuficiente

A pesar de los compromisos presupuestarios y militares, Europa aún carece del instinto predador necesario para enfrentar a Rusia. Las fuerzas desplegadas en el este (alrededor de 30.000 soldados europeos) duplican, solo sobre el papel, a las estadounidenses en la región, pero resultan insuficientes para garantizar la seguridad europea sin apoyo de Washington. La participación en operaciones conjuntas, como la fuerza de reserva para Ucrania, ha sido limitada y poco coordinada, reflejando la fragmentación de intereses nacionales frente a desafíos colectivos.

El retraso en la atribución de ataques híbridos y la cautela excesiva frente a posibles escaladas permiten a Rusia mantener una presión constante sin asumir riesgos directos. Las sanciones europeas afectan al bienestar ruso, pero la población local raramente relaciona estas medidas con la guerra en Ucrania. Mientras tanto, los europeos continúan dependiendo de la industria militar estadounidense, con un porcentaje de capacidades críticas que varía entre 52% y 80%, según distintas evaluaciones.

Autonomía estratégica sin hoja de ruta

El concepto de autonomía estratégica europea ha avanzado más en la teoría que en la práctica. Iniciativas como PESCO, CARD, EDF o la Brújula Estratégica carecen de un objetivo final claro y se limitan a codificar mínimos consensuados. Cada Estado miembro interpreta la autonomía según sus intereses, lo que dificulta la consolidación de un mercado europeo de defensa y mantiene la dependencia de Estados Unidos.

La ausencia de un plan de transición ordenado implica riesgos graves: reemplazar las capacidades estadounidenses requiere tiempo, recursos y coordinación industrial que Europa aún no posee. Un traspaso precipitado podría dejar al continente vulnerable frente a Rusia, reforzando la necesidad de una planificación estratégica que contemple tanto el apoyo a Ucrania como la defensa territorial europea.

Solución: coalición europea autónoma

La necesidad de asumir la seguridad europea sin depender de Washington es ineludible. Las alternativas pasan por construir un pilar europeo dentro de la OTAN o formar una coalición de potencias europeas fuera de la estructura institucional, capaces de garantizar capacidades militares, inteligencia y logística en caso de retirada estadounidense. La clave reside en planificar la transferencia de autoridad, sincronizar la producción y adquisición de capacidades, y consolidar el mercado europeo de defensa.

El momento es ahora: Europa debe decidir si tomará la iniciativa estratégica o seguirá postergando decisiones hasta que la retirada de Estados Unidos se convierta en un hecho irreversible. La seguridad del continente depende de una acción coordinada, consciente y decidida, antes de que el reloj juegue en contra de los europeos.

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