Feijóo ya negocia con Trump

El líder del PP compra toda la agenda trumpista que Vox le pone encima de la mesa para cerrar acuerdos de gobierno en Extremadura, Aragón y Castilla y León

17 de Marzo de 2026
Actualizado a las 11:59h
Guardar
Feijóo con Abascal en una imagen de archivo. El líder de Vox rechaza cada propuesta del gallego
Feijóo con Abascal en una imagen de archivo. El líder de Vox rechaza cada propuesta del gallego

Tras la victoria incuestionable del PP de Mañueco en Castilla y León, Feijóo se muestra dispuesto a negociar con los de Abascal para formar un gobierno. Vox es la sucursal del trumpismo en España, de modo que, a sabiendas o sin saberlo, el líder popular gallego está negociando y pactando con las tesis del magnate neoyorquino.

El PP se amolda y se adapta a un ecosistema internacional donde el trumpismo se impone como ideología hegemónica dentro de la derecha. Feijóo debería apartarse de MAGA, un movimiento creado por Trump para instaurar un nuevo fascismo imperialista y colonial en todo el mundo. Lejos de hacerlo, ha optado por negociar con el secretario de Trump en nuestro país, que no es otro que Santiago Abascal.

Desde su irrupción en 2016, el trumpismo ha dejado de ser un fenómeno estrictamente estadounidense para convertirse en un fenómeno político global. El mal se extiende por todo el planeta. Su combinación de xenofobia, elitismo, nacionalismo identitario, desconfianza hacia las instituciones democráticas, retorno al pasado colonialista, confrontación permanente y rupturista y uso intensivo de la comunicación emocional ha sido imitada y clonada por partidos de derecha radical en Europa y América Latina. Vox ha sido uno de los ejemplos más visibles de esta tendencia, con una estrategia que bebe directamente de los manuales de campaña republicanos: mensajes simples, apelación al agravio cultural, construcción de enemigos internos y externos, y una narrativa de “recuperar” un país supuestamente amenazado por élites progresistas. Trumpismo en estado puro.

Las conexiones de Vox con Trump están más que acreditadas. Aunque el gurú de MAGA Steve Bannon no participó en la fundación oficial de Vox, su influencia ideológica y estratégica aparece en numerosos análisis sobre el ascenso del partido. A partir de 2018, cuando Vox empezó a crecer, Bannon ofreció asesoramiento estratégico. Su influencia se notó en el estilo comunicativo, la narrativa antiestablishment y la idea de “guerra cultural”. Además, Vox fue uno de los partidos europeos de extrema derecha con los que Bannon mantuvo contacto directo, según informaron varios medios españoles y europeos. Bannon elogió públicamente a Vox, lo presentó como un ejemplo de “patriotismo europeo” y mantuvo reuniones con dirigentes del partido. Detrás, siempre estaba Donald Trump. “Qué gran tipo el líder del partido Vox de España, Santiago Abascal. Gracias, Santiago. Gran trabajo el que estás haciendo”. Así definía el presidente de Estados Unidos, en febrero de 2025, la labor del líder de Vox. Fue en la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC), encuentro al que acudieron varios líderes conservadores y ultraderechistas internacionales. “El líder del partido Vox en España, Santiago Obescal. Gracias, San Diego. Muchas gracias. Estás haciendo un gran trabajo”, dijo Trump. A pesar de la mala pronunciación del presidente republicano, el público ovacionó al dirigente ultra español, que saludaba sonriente y en actitud sumisa desde su asiento.

En aquella reunión para la historia, Abascal asumió todo el ideario trumpista y ahí empezaron a fraguarse las purgas de algunos cargos de Vox hoy expulsados, entre otras cosas, por sus desacuerdos con el sometimiento y vasallaje al hoy presidente norteamericano. Del otro lado del Atlántico, Abascal se trajo todo el pack trumpista: la retórica antiinmigración, las críticas al multiculturalismo, la lucha sin cuartel contra el aborto, el retorno a un pasado mítico y medieval con revisionismo y manipulación de la historia, el lenguaje guerracivilista contra la izquierda, el negacionismo científico, el no a la agenda verde para la transición ecológica, el rupturismo con la legalidad y el Derecho internacional, la abolición de las organizaciones supranacionales, el rechazo al feminismo y las políticas LGTBI, la exaltación de los símbolos nacionales y la religión como forma de hacer política. Todo eso es lo que compra Feijóo cuando se sienta a negociar con Vox la formación de gobiernos autonómicos en Extremadura, Aragón y Castilla y León.

Cuando el PP decidió abrir la puerta a pactos de gobierno con Vox en comunidades autónomas y ayuntamientos, asumió inevitablemente que el marco discursivo trumpista se filtraría hacia su propia estrategia. Aunque Feijóo ha intentado mantener una imagen de moderación, los acuerdos con Vox han obligado al PP a convivir con posiciones que, en otros tiempos, habrían sido consideradas ajenas a su tradición. Esta convivencia ha generado un desplazamiento del eje ideológico del PP hacia posiciones más cercanas a las que hoy dominan el Partido Republicano estadounidense.

El regreso de Donald Trump a la presidencia ha reactivado redes internacionales de afinidad ideológica. Líderes conservadores de distintos países han buscado alinearse con la nueva Casa Blanca, conscientes de que la influencia cultural y mediática de Estados Unidos sigue siendo determinante. En este contexto, algunos observadores interpretan que el PP, especialmente su sector más cercano a Isabel Díaz Ayuso, ha mostrado una creciente sintonía con el discurso trumpista: críticas a los medios de comunicación, cuestionamiento de instituciones independientes, énfasis en la “batalla cultural” y una retórica que presenta al adversario político como una amenaza existencial.

Feijóo, que llegó a la presidencia del PP con la promesa de recuperar el centro político, se encuentra ahora en una posición compleja. Por un lado, necesita mantener la cohesión interna de un partido donde conviven sensibilidades muy distintas. Por otro, debe gestionar la presión de Vox, que exige una agenda más dura en temas como inmigración, memoria democrática, igualdad o medio ambiente. Y, además, debe navegar un contexto internacional donde el trumpismo vuelve a marcar tendencia dentro de la derecha global.

Es evidente que Feijóo no “negocia” los pactos de Gobierno regionales con Abascal, ni siquiera con los barones de Vox que han obtenido buenos resultados en los comicios, sino con Trump. No porque Vox actúe como intermediario directo, sino porque su presencia en gobiernos autonómicos y municipales obliga al PP a asumir parte de la agenda ultra. Y esa agenda, en buena medida, está inspirada en el trumpismo. Abascal es Trump con perilla, fachaleco y unos cuantos kilos menos.

Lo + leído